A cinco años de una tragedia  vial que cambió la historia

Cinco años pasaron desde la tragedia de Campo Quijano, cuando un conductor irrumpió con su vehículo en el camping Juanillo López, en la ruta 51, kilómetro 21, al mediodía, y mató a cuatro personas que estaban pasando el día allí. Ayer hubo una conmemoración en el lugar y familiares y amigos pintaron de nuevo las cuatro estrellas amarillas sobre el asfalto que recuerdan a las víctimas, como una forma de generar conciencia.

Según peritos que investigaron en la causa, el Fiat Uno color rojo conducido por Jorge Omar Barrientos alcanzó una velocidad de 135 kilómetros por hora cuando se incrustó en el interior del camping. Allí provocó las muertes de Ana Belén Jurado, Juan Cruz Jurado, Sergio Rodrigo Tapia y Mario Alejandro Liendro. Ámbar Valentina Vargas quedó con lesiones graves y Paola Aramayo, Ana Rivero Meza, Luis Orlando Aguirre, Martín Nicolás Romero y Fabián Alcócer, con lesiones leves. Los peritos indicaron que el conductor tenía 1,36 gramos de alcohol por litro de sangre y que en el auto iban él y cinco jóvenes más, uno de los cuales falleció, Mario Liendro.

Este hecho trágico marcó un antes y un después en Salta, ya que desde entonces hubo reglamentaciones, organismos nuevos y se sentaron precedentes judiciales clave. Las madres y los padres de las cuatro víctimas fatales estuvieron ayer en el homenaje y, aunque ningún logro aplaca el dolor ni calma las ausencias, se mostraron satisfechos por los cambios positivos que hubo en la provincia.

Apenas unos meses después, el 30 de octubre de 2014, se promulgó la Ley 7.846 de Tolerancia Cero para prohibir que los conductores de vehículos manejaran luego de haber consumido alcohol. Antes se permitía conducir con un nivel de 0,5 gramos por litro en sangre.

El 30 de julio de 2015 se creó, en el ámbito del Ministerio de Justicia, el Programa Asistir mediante un decreto de necesidad y urgencia, que meses después se convirtió en ley. Este programa brinda acompañamiento a víctimas y familiares de víctimas de delitos graves de recursos escasos y también representación en juicio. "La causa Jurado fue la primera en que fuimos a juicio desde el Estado como querellantes, acompañándolos", recordó Pamela Caletti, quien entonces era ministra de Justicia.

Además, el 10 de marzo de 2016, por primera vez la Justicia de Salta condenó un hecho de siniestro vial con la carátula de homicidio simple con dolo eventual. El conductor fue sancionado con ocho años de prisión. Hasta entonces las muertes por siniestros viales habían sido consideradas como homicidios culposos y no tenían prisión efectiva. Los familiares siguen esperando por la resolución del juicio civil.

Conciencia y prevención

Las madres y los padres de los cuatro jóvenes muertos en Campo Quijano manifestaron que falta más inversión estatal para prevenir siniestros viales y más conciencia de la sociedad, porque siguen muriendo personas inocentes. Advirtieron que deben respetarse más las normas de seguridad, los carteles en las rutas y las velocidades permitidas y que debe evitarse el consumo de bebidas alcohólicas y el uso del teléfono celular mientras se conduce.

Culpas y dolores que el tiempo no cura

Sergio Tapia, el padre de Rodrigo Tapia, reveló a El Tribuno una duda que lo desvela y que le estruja el alma.
Contó que su hijo estuvo internado siete días en el hospital San Bernardo “peléandola”: “A veces hecho la culpa al hospital. Él llegó a las 15.30 y lo metieron en la guardia. No nos permitían entrar a verlo. Creo que no fue bien atendido. Dudo de que le hayan dado la atención que él se merecía”.
Relató que él se quedó afuera durante toda la tarde, pensando que a Rodrigo solo le quedaría una secuela en el oído izquierdo, como le había dicho una enfermera. 
“A las 22 recién apareció el especialista en neurocirugía. A la noche me dijeron que estaba gravísimo. Por eso yo me pregunto si hubo negligencia...”, planteó.
“Yo me he quedado muy callado, por eso me echo la culpa. Uno tiene que ser atrevido para que lo escuchen y le presten atención. Si lo hubieran visto antes, creo que habría tenido un poco más de posibilidades”, señaló. 
Dijo que un abogado penalista privado le recomendó que no hiciera una denuncia por mala praxis porque esto le restaría responsabilidad al conductor, Jorge Barrientos, en el juicio penal.
Mario Omar Flores, padre de Mario Liendro, lamentó que ninguno de los amigos que iban con él en el auto de Barrientos se acercara para acompañar a los familiares: “Este es el gran dolor”.    

Los familiares 

 

Sergio Tapia. Padre de Rodrigo

“Estamos destrozados. No hay consuelo, todos los días son malísimos. Trato de seguir y de disimular un poco pero por dentro no se puede. Yo sigo por mis nietas y por mis hijas”.

Mario Omar Flores. Padre de Mario 

“A esto no se lo puede olvidar nunca. Es difícil. Espero que la gente tome conciencia. Más no puedo decir y tengo que seguir en la lucha, con mis hijos, seguir adelante”.

Alfredo Jurado. Padre de Ana y de Juan 

“Es tan fácil respetar las normas viales, ir a la máxima permitida, manejar sin haber tomado bebidas alcohólicas y sin hablar por celular... Lo difícil es llevar a un hijo al cementerio”.

Liliana Ríos. Madre de Ana y de Juan

“La gente tiene que tomar más conciencia porque los siniestros siguen pasando. Siempre mueren inocentes por gente prudente, irresponsable. Siempre el culpable es el ebrio”.
 

 

 

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