Un acto sin bombos en un año electoral que exigirá equilibrios

El lanzamiento de Alternativa Federal en Salta se desarrolló con una liturgia acorde al mensaje que se quería ofrecer. Hablaron cuatro personas ajenas a la vida política y, muy brevemente, Juan Manuel Urtubey.

No hubo bombos ni cotillón del peronismo clásico. Fue perceptible el apoyo de muchos intendentes y de una parte importante del conglomerado original que dio origen al urtubeicismo. Se concretó una reafirmación de la precandidatura presidencial de Urtubey para unas PASO que en agosto supondrán una definición decisiva. Hasta ahora, en Alternativa Federal compiten Sergio Massa y el gobernador salteño. Miguel Pichetto y Roberto Lavagna se insinúan como probables candidatos. Si en las generales este espacio logra superar a Mauricio Macri o a Cristina Fernández de Kirchner (dando por descontado que habrá balotaje) el camino hacia la Casa Rosada se allanará para el candidato federal.

Entre la dirigencia asistente existe la certeza de que hay un número muy importante de argentinos que no quiere seguir con lo actual ni quieren volver al pasado. "Alternativa Federal propone superar esa antinomia polarizada, esa grieta, y avanzar en un gobierno semiparlamentario, basado en el consenso y con participación de todos los sectores", reseñó el ministro de Gobierno, Marcelo López Arias.

La dramática situación económica, en un país donde las empresas que emplean a los siete millones de trabajadores en blanco deben soportar una presión impositiva insostenible para financiar a veinte millones de argentinos que dependen del Estado, es el gran desafío.

Este sector, de fuerte impronta peronista, quiere consolidar acuerdos internos y da por definido que el kirchnerismo no estará con ellos en las PASO. Mientras que algunos de ellos sospechan que Cristina no competirá, otros creen que sí, e intentan seducir a un electorado no militante y proclive a volcarse hacia cualquiera de las dos vertientes de genética peronista.

Tanto Urtubey como Massa y Pichetto mandaron señales de distanciamiento, mientras que el bloque del Frente para la Victoria se solidarizaba con Nicolás Maduro, todos ellos reconocieron al presidente de la Asamblea Nacional Juan Guaidó como presidente de Venezuela. Asimismo, aunque pusieron en duda la constitucionalidad de un decreto para establecer la Extinción de Dominio, al mismo tiempo ratificaron que los bienes adquiridos con la corrupción y el narcotráfico deben volver al Estado.

En febrero, los bloques del Frente Renovador y del Peronismo Federal se unificarán en la Cámara de Diputados y deberán afrontar la responsabilidad de discutir el tema.

En la agenda quedan varios temas. El próximo presidente deberá gobernar dentro de un continente hegemonizado por un nuevo conservadorismo, tras la resolución de la crisis venezolana, que será traumática. En esa tensión no estarán ausentes los tres actores externos y decisivos: China, en expansión económica y militar; la Rusia de Putin que quiere instalarse en el continente, y el Estados Unidos de Trump que tiene otras intenciones.

A eso, la Argentina deberá sumar la administración de una deuda externa que acumula déficit, inflación y recesión y un proceso de destrucción del empleo que data de tres décadas. La incógnita para quienes esperan una alternativa es cómo se elaborarán las respuestas a estos interrogantes.

 

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