El retrato del general José de San Martín

El 13 noviembre de 1950, "Año del Libertador General San Martín", don Julian Vilardi publicó en la revista "El Hogar", una nota que decía así:

"En el año 1828, el general José de San Martín residía en Bruselas, Bélgica. Allí recibió una carta de Guillermo Miller, general inglés que había estado al servicio de las armas del Perú, durante la Guerra de la Independencia. Miller estaba en ese tiempo viviendo en Londres, ocupado en escribir sus "Memorias" y, a los efectos de insertarlo en esa obra, le escribió al general San Martín, para pedirle "el retrato de usted, y escribo ésta con el solo objeto de suplicarle que tenga la bondad de mandármelo".

San Martín, le contestó el 24 de octubre siguiente, enviándole su retrato y diciéndole: "Los que lo han visto dicen que, aunque se parece bastante, me ha hecho más viejo y los ojos se encuentran defectuosos. Ello es lo mejor que se ha podido encontrar para su ejecución".

Ese retrato de San Martín en cuestión, reproducido en litografía, fue realizado por el artista belga Juan Bautista Madou, quien en seguida hizo otro retrato de San Martín, de traje de civil.

Por entonces, el Libertador había determinado no hacerse otro retrato, pero el amor paternal pudo más y posó para su hija. La intención de Mercedita de pintar el retrato de su padre, tiene origen en la referida carta de San Martín a Miller, al observarle "... me han hecho más viejo y los ojos se encuentran defectuosos". Y así surgió el "San Martín de la Bandera". Este nuevo retrato tiene un notable parecido con el retrato hecho por Madou.

Carta a Mitre

Años después, contestando a una carta del general Bartolomé Mitre, la nieta del general San Martín, doña María Josefa Balcarce y San Martín de Gutiérrez Estrada, le escribe en una carta del 4 de septiembre de 1886:

"Conforme al deseo que se sirve expresarme en su precitada carta, y así que mi salud bastante mala, últimamente me lo permitió, fui a París a buscar la fotografía del retrato de mi abuelito, hecho en Bruselas. Ciertamente es el mejor de todos y que mi padre prefería por su semejanza, la energía y la viveza característica de su mirada, así como su mérito artístico".

Esta fotografía es del retrato del "San Martín de la Bandera". El Libertador tuvo siempre este retrato frente a su escritorio. Y así, cuando se reconstruyó el dormitorio de San Martín en el Museo Histórico Nacional, siguió ocupando el mismo lugar, tal cual estaba en vida del prócer, conforme al croquis enviado por la nieta de San Martín, al entonces director y fundador del museo, Dr. Adolfo P. Carranza.

Otros retratos

Durante los años 1817 y 1820, el pintor peruano don José Gil de Castro, hizo varios retratos de San Martín en Chile, donde residía. De ellos se conocen ocho, aunque probablemente hizo una decena. De los conocidos, todos son inaceptables. "José Gil de Castro, sería un buen pintor -dice Vilardi en su nota- pero era un pésimo retratista. Los retratos hechos por José Gil Castro falsean la verdad fisonómica. No es esa la nariz del General San Martín, y tampoco es ese el óvalo de su rostro.

Cuando el general Guillermo Miller pidió el retrato, San Martín no le envió uno de los hechos por José Gil Castro; le envió el retrato hecho por Madou porque "es lo mejor que se ha podido encontrar para su ejecución", le decía el mismo San Martín a Miller.

San Martín consideró al de Madou, hasta ese momento, el mejor de sus retratos.

El daguerrotipo

El primer registro fotográfico de San Martín es el daguerrotipo del año 1848. Confrontado ese daguerrotipo con los retratos de San Martín por Madou y de Mercedes Tomasa, se podrá dar cuenta inmediatamente de la similitud de los rasgos entre ambos".

Finalmente, Julian A.Vilardi, en su nota de la revista "El Hogar", sugería a las autoridades del Instituto Nacional Sanmartiniano "volver al primitivo distintivo de este Instituto, el "San Martín de la Bandera", verdadero retrato del general José de San Martín".

El medallista

Cuando en 1824 el General San Martín ya había dado por concluida su carrera militar en América del Sur, optó por residir en Bruselas, donde posó para varios retratos.

Primero fue para la escultura que hizo el famoso medallista Jean Henri Simon quien tomó en su único retrato de perfil, tomado del natural, y es considerado por los artistas más calificados, como el más fiel, dada la calidad del autor de la obra.

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