“Se creía el dueño y jugó con mis ilusiones de ser cura”

Tomás (un exseminarista de identidad reservada) apenas pasa los 20 años. A pesar de su corta edad, sus palabras son tan duras como tajantes: “La palabra de un cura vale más. Aquí, si un cura viene y dice el cielo es rojo, en este lugar la palabra del cura pesa”, advirtió sentado en una heladería de su pueblo. El joven intentó cuatro veces cursar los estudios de sacerdocio.

Tomás fue seminarista del instituto que presidió el denunciado exobispo Gustavo Zanchetta, al que espera “no volver a verlo”. El joven tuvo un paso frustrado por el seminario diocesano Juan XXIII. Pero eso no es lo que más le pesa, sino la persecución que afirma sufrir por estos días y que no lo “deja dormir”.

“Hace días que no salía”, admitió Tomás cuando se encontró con este medio para la entrevista. “Me presionan, no puedo salir tranquilo a la calle”, denunció. 

En el 2015 ingresó al seminario, pero lo expulsaron. La decisión habría sido de Zanchetta. “Me echa diciendo que no estaba listo. Pero era por no obedecerlo”, cuenta. A fines del 2016 aceptó la invitación de ingresar nuevamente porque aún se “sentía llamado” y estuvo un mes y medio en Hipólito Yrigoyen ayudando en la parroquia, lo que le “aseguraba” el ingreso al año siguiente. Pero “dos semanas antes me dicen que no iba a entrar porque no estaba lo suficientemente maduro. Fue decisión de Zanchetta”, aseguró. 

Unas semanas después, durante el Domingo de Ramos, de nuevo le ofrecieron ingresar. Pero bajo circunstancias que le llamaron la atención. “Me dicen que iba a ser un seminarista, pero que iba a estar en mi casa. Era raro”, recordó. 

Tomás fue seminarista desde su casa hasta julio, hasta que fue “amenazado” por Zanchetta: “Me dijo que si yo no entraba el 17 de julio, se iba a asegurar que yo no entrara en ninguna otra orden”. El joven no estaba convencido de querer abandonar sus estudios religiosos, así que ingresó por “temor”. “Yo sabía que el tipo tenía poder. Lo consideraba peligroso y le tenía un miedo increíble”, confesó. 

“Masajes y abrazos”

“Vos, masajes”, contó Tomás simulando señalar a alguien y luego tocándose la espalda. “Había que ir a hacerle masajes, algo espantoso. Le hice masajes un par de veces, pero generalmente me escapaba, ponía excusas de ir a lavar los platos. Pensaba que tal vez había que hacerle porque estaba cansado. En ese momento yo era chico, tenía 18 años, hoy con cuatro años más me doy cuenta de que era un tipo guaso, quería que lo tocáramos. Si no te dejabas abrazar eras vos el extraño, era un tipo peligroso. Hasta lo llegué a odiar”, admitió avergonzado.
Los intentos de acercamiento, según Tomás, no eran con todos, sino que Zanchetta hacía una “selección”. “Al gordito no elegía”, resaltó. El seminarista considera que esos episodios son “mínimos” en comparación a “lo que han vivido otros”. Incluso, advierte, algunos “se fueron del seminario sin explicaciones. Ellos deberían hablar de eso”. 

El joven no participó de las denuncias contra Zanchetta porque se considera víctima de “abuso de poder”. Aunque, al igual que otros seminaristas, advirtió que “algunos curas dicen que nosotros estamos mintiendo, que estamos siendo manipulados para denunciar”. 

Luego de las “amenazas”, Tomás finalmente regresó al instituto, pero duró apenas una semana. “No aguanté, porque me trataba como si nada. Me abrazaba y una semana antes me había amenazado”, dijo. 

Esperó a que Zanchetta viajara a Buenos Aires y abandonó finalmente el seminario. “No lo vi más, y espero no volver a verlo”, aseguró molesto. “Hizo muchísimo daño. Para mí él se creyó el dueño de esto. Jugaron con mis ilusiones de ser cura”, agregó. 

Persecución

Desde que abandonó el seminario, Tomás asegura que algunos curas, en especial uno, lo persiguen. “Esto ya es maléfico. No sé qué buscan, qué quieren, mucha información yo no tengo”, lamentó.

El exseminarista asegura que sus días transcurren entre llanto, insomnio, temor e intentar mantener en calma a su mamá que también tiene miedo. “Yo soy de esas personas que siempre está poniendo música, haciendo chistes, pero por dentro es un calvario. Hay cosas que no le cuento a mi mamá para no escandalizarla más. Quiero solucionar este tema. Lo único que quiero es estar tranquilo, que nadie me señale. Yo sé que no hice nada malo”, dijo casi llorando.

El tema que quiere solucionar es la denuncia que le realizó una familia de su pueblo, según él, víctimas de la manipulación de un cura al que él consideraba su “guía espiritual. Yo lo consideré como mi guía espiritual y hasta soñé ordenarme cura y que él me esté vistiendo. Ha vendido mi vida, mi privacidad, y eso duele. No respetó mis emociones”, denunció. 

“La gente de la Iglesia sabe que es verdad, que me están persiguiendo. El obispo me dijo que ellos me van a solucionar el problema”, contó. Sin embargo, los días pasan y Tomás acusa que la solución no llega. “Me dicen: ya se va a solucionar. Rezá. Yo sé que tengo que rezar todos los días, pero no es magia”, señaló. 

“Son enfermos disfrazados de curas”, advirtió. Más allá de su enojo, asegura que sigue creyendo que “hay excelentes curas. No tengo resentimientos con la Iglesia en sí, sino con esta gente. Aunque sigue siendo doloroso porque viene de la Iglesia, de lo que uno quería ser”, concluyó.

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