Un viaje a las islas que llevó tranquilidad a la familia Sevilla

Detrás de cada cruz del cementerio militar Darwin se esconde la historia de cientos de familiares que quedaron con una parte de su corazón enterrado en las islas Malvinas. Padres, madres, hijos, nietos, se arrodillan para llorar a sus seres queridos que descansan en sus tumbas. Llantos que rompen el silencio de la inmensidad del Atlántico Sur.

A 37 años de la guerra, por primera vez Cristina Lera (83) y su hija Mirian pisaron el cementerio de Darwin con la seguridad de saber dónde se encontraba Luis Guillermo Sevilla. "Su cuerpito esta ahí, ya puedo quedarme tranquila", dice la mamá del héroe salteño. Y agrega: "Antes teníamos que andar buscándolo, corriendo para un lado al otro, sin saber dónde estaba. Gritando, llorando, o viendo las tumbas de otros".

Cristina Lera agradece a Dios y al Equipo Argentino de Antropología Forense por haberse preocupado para buscar los cuerpos. "Él no estaba donde me decían, estaba en otro lado, solo", remarcó la mamá de Guillermo, quien regresó el jueves después de haber estado varias horas en Malvinas.

Sabía que el viaje iba a ser agotador, sin embargo su estado de salud o la prohibición de su médico para viajar no la detuvieron. Tenía que estar ahí para poder darle un regalo, una foto de ella, que escondió debajo de las piedras de la tumba.

"Al último pensé, si no vuelvo... si me pasa algo, me voy a quedar allá y que me tiren por ahí, en un pozo; pero yo voy a estar donde esta mi hijito. Agarré la cruz y hacía de cuenta que lo estaba abrazando, dándole un beso. Le hemos dejado cositas enterradas, porque no te dejan traer nada. Dios quiera que no la encuentren", detalló.

El viaje a las islas fue sanador, porque el recuerdo de su hijo estuvo más vivo que nunca. Tuvo sentimientos encontrados pero no lloró -solo un poquito-; tenía ganas de hacerlo, pero se contuvo.

"Yo tenía un presentimiento de que él estaba ahí vivo y yo estaba hablando con él, por eso no lloraba. Le hablaba, le contaba cosas, que estaba su familia ahí, que estoy enferma, que tiene un sobrino grande y que ahora estaba contenta por estar con él. Me he venido tranquila, yo pensaba que iba a venir mal, que iba llorar, pero eso no pasó", contó Cristina Lera.

La mamá de Guillermo reconoce que esta experiencia la ayudó bastante para estar más tranquila. Cuenta que cuando se fue del cementerio no lloró, solo se puso un poco triste. "Nos despedimos, pero no era como antes, fue distinto, como si hubiese ido a ir a visitar a alguien", explicó.

Estar en paz

Mirian Sevilla es la hermana de Guillermo, lo despidió cuando era una adolescente y tres décadas después lo sigue extrañando como el primer día. Para ella también este viaje a las Malvinas representaba un cambio en su vida, también tenía heridas que cerrar.

"Yo le había hablado mucho a mi mamá antes de viajar, que esté con mucha calma, que no se vaya a poner mal porque tenía que ver su salud. Yo le dije: él debe estar contento, esperándonos y si nosotros vamos a ponernos mal, el también se va a poner así. Ahora estamos con más paz, sobre todo porque ya no tuvimos que andar de un lado al otro, meta llamarlo, meta buscarlo preguntando ¿dónde estás? ¿dónde estás?", relató la hermana del soldado salteño.

Este es un viaje que no se hace seguido, entonces la familia Sevilla aprovecho para estar todo el tiempo con Guillermo. "No me movía para nada, así que no salí a caminar o sacar fotos. Estuvo en su cruz todo el tiempo, en el único momento que nos movimos con mi madre fue para escuchar la misa", comentó Mirian.

El recibimiento en las islas fue más tranquilo que las otras veces que había estado, Mirian expresó que esta vez tenían más libertad. "Cuándo fui la primera vez al cementerio no podíamos salir, nos tuvimos que quedar dentro del cementerio. Ahora vi que muchos salieron a caminar, a sacar fotos, sin embargo nosotros nos quedamos ahí. Estuvimos casi tres horas", expresó Mirian.

Antes de partir, en el aeropuerto de Ezeiza les avisaron que la placa donde estaba enterrado Guillermo estaba partida. Esa noticia cayó como un balde de agua y los "bajoneo" un poco. "Nos avisaron que estaba partida por el medio para que no me lleve una sorpresa", explicó Mirian. Sin embargo, desde la Gobierno nacional le comentaron que ya están preparando una nueva. "Me prometieron que la van a arreglar y me van a mandar fotos cuando esté bien", agregó.

Análisis

Cuando personal del Equipo de Antropología Forense de Argentina se les acercó para contarle del proyecto, la familia Sevilla se llenó de dudas. No sabían que hacer. Sin embargo, fue Mirian la que siguió el deseo de su madre y le pidió que se hagan las pruebas para determinar dónde estaba Guillermo.

"La primera vez que fui ahí me vine con esa duda, si realmente esta ahí, así que le dije a mi mamá que hagamos el test. Pero fue algo duro porque si nos decían que no estaba iba a ser muy doloroso, peor porque nos íbamos a preguntar dónde estará, en que campo estará tirado, muchas cosas se nos cruzaban por la cabeza. Cuando nos confirmaron fue una alegría, vino la paz a nosotros. Para mi es muy triste", finalizó Mirian.

Murió por la Patria

Con 18 años, Luis Guillermo Sevilla fue destinado a la Base Aérea Militar Cóndor, donde cumplió funciones de seguridad y defensa en la guerra de Malvinas. El 8 de enero de 1982 había ingresado al servicio militar en la Escuela de Aviación Civil de Córdoba y tres meses después ocupaba un puesto en Pradera del Ganso (Goose Green), donde murió defendiendo el punto donde operaban los aviones Pucará. Fue el 28 de mayo de 1982.

Tres días antes le había escrito una carta a su mamá, Cristina Lera, que llegó tiempo después de su fallecimiento. En la misiva le pedía que le envíe una encomienda con tortillas fritas, alfajores, mantecol, salamines y galletitas dulces y saladas, lo que dejaba al descubierto el abandono que sufrieron los conscriptos argentinos.

El día que Guillermo falleció en la batalla Pradera del Ganso, Cristina y su hija Mirian (hermana del soldado salteño) le preparan el locro que tanto le gustaba.

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