El histórico bar Manolo presenta una muestra fotográfica de primer nivel

El bar Manolo tiene la bohemia del haber albergado por más de 100 años a toda la añoranza del Valle de Lerma. Se reconvierte, se reconstruye y se recicla en una revolución constante sin perder la magia de sus paredes con botellas y anuncios publicitarios de otros tiempos.
“Sólo hay pizzas y empanadas”, dijeron a dúo Fresia y Ana, las hermanas que ahora se encargan de llevar adelante el mítico bar, ubicado en la avenida Güemes 395 (tramo urbano de la ruta 68), de la ciudad de Cerrillos.
Está abierto desde la media mañana hasta la noche bien tarde, depende del día. Durante toda la jornada se apostan parroquianos con pingüinos de medio y un cuarto, un sifón de soda y toda la nostalgia de la mirada hacia la calle principal de Cerrillos.
Para el sábado 20, a partir de las 20, tienen programada la llegada de la muestra itinerante de fotografías que tomó el incansable Isidoro Zang. La muestra se denomina “Un cruce de miradas”.
“Las fotos son la mirada sobre el bar Manolo y el Centro Cultural Tanque de Ideas, de Horacio Biassi, ubicado en el barrio Congreso Nacional (Cerrillos) desde hace más de 4 años”, dijo Ana.
Será una noche completa con amigos y música. La misma estará a cargo del “Kinsa Trío”.
“Es itinerante la muestra porque luego nos vamos al bar La Tacita, en Salta. Básicamente se muestra ese lugar sagrado que es el bar y las actividades de un centro cultural que viene desarrollando sus actividades desde hace 4 años”, dijo Zang. 
La invitación es libre y abierta para todos aquellos que quieran compartir un buen momento con amigos.

Historia

El bar comenzó llamándose “La Fonda de López”, hace más de 100 años. Comenzó con Balvino López, que fue el tatarabuelo de las hermanas, y con Juana Puca que preparaba los picantes y las comidas. Luego de 50 años se hizo cargo Manuel Gutiérrez que fue el nieto de Balvino y abuelo de las hermanas. Con él cambió el nombre a “Manolo”, pero siguió la magia de la ginebra Llave, los Ocho Hermanos, las Hesperidina en los estantes y las botellas de Parral blanco entre las bebidas más pedidas. Jamás un espumante.
Manuel siguió hasta que no pudo estar más de pie. Eso fue en noviembre del año pasado cuando su enfermedad lo separó del bar y luego falleció.
Ahí se encargaron las hermanas del negocio y comenzaron con la dura tarea de remontar un negocio en los tiempos de crisis. Ahora viene Zang, luego aseguran que habrá algo más que empanadas y pizzas, y más propuestas culturales que conjugarán la zamba carpera y el rock barrial.

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