El cura Aramayo cumplió la  pena que le impusieron

Hace dos años el Tribunal Eclesiástico, conjuntamente a la decisión de la Congregación para la Doctrina de la Fe desde la Santa Sede, sentenció al sacerdote Néstor Aramayo a la pena de dos años de suspensión del ministerio del sacerdocio y la docencia por una denuncia de abuso sexual. La medida quedó firme hasta marzo pasado, por lo que el cura quedó habilitado para volver a la actividad religiosa.

Aramayo se hizo reconocido por su obra en la parroquia María Reina del barrio El Tribuno, que incluyó, entre otras cosas, festivales a beneficio de la construcción de la escuela. Luego de la pena impuesta, el religioso continuó colaborando con la parroquia pero no de manera oficial, ya que la pena eclesiástica le prohibía ejercer la docencia. Actualmente da clases una vez a la semana en el seminario mayor Pedro Ortiz de Zarate de Jujuy y continúa residiendo en Salta.

El juez vicario del Tribunal Eclesiástico, el sacerdote Loyola Pinto y de Sancristóval, indicó que Aramayo aún no regresó a la actividad y que las clases que da hace un tiempo Aramayo en el seminario jujeño no rompen con la pena impuesta porque solo "tenía prohibido el ejercicio público de los sacramentos". Consultado sobre el destino que se la dará a Aramayo con la pena cumplida, el juez indicó que es el arzobispo Mario Cargnello quien deberá tomar esa decisión.

"Como católica que soy, pido que la Iglesia tenga el criterio y la lucidez de preservar a los niños y adolescentes de sacerdotes como Aramayo, que ensucian la labor sacerdotal de un cura", indicó la víctima del sacerdote, que lo denunció ante la Iglesia por tocamientos y abusos que habría sufrido durante su adolescencia.

Si se tiene en cuenta lo afirmado por la cabeza de la Iglesia local, quien en una entrevista con este medio admitió que el juicio "pudo haber sido benévolo", Aramayo sería destinado a tareas que eviten el contacto con adolescentes y niños. "A él no se le suspendió el ejercicio, pero no significa que pasados los dos años yo le voy a volver a dar la parroquia y el colegio. Con las denuncias que tiene no puedo, sería suicida", afirmó Cargnello en diciembre. El Tri buno intentó sin éxito comunicarse con el Arzobispado local.

El juicio eclesiástico contra el sacerdote se inició en 2014, luego de varias dilataciones y apelaciones. En marzo de 2017, finalmente, la pena quedó firme, avalada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, órgano radicado en el Vaticano.

La denuncia que desencadenó en la suspensión del ministerio del reconocido sacerdote de zona sur lo acusó de tocamientos y acoso que se habrían mantenido durante 4 años hacia una entonces adolescente. La mujer, que prefirió mantener su identidad bajo reserva, relató que los hechos denunciados sucedieron desde que tenía 14 años y se mantuvieron hasta los 18, cuando terminó de cursar el secundario.

Aramayo era docente del colegio privado al que ella asistía, y fue su confesor. "En una confesión me largué a llorar, él me agarró la mano y yo lo dejé. Por mucho tiempo pensé que haberlo dejado que me toque fue haberlo provocado", recordó la denunciante sobre el primer episodio al que luego le siguieron otros más graves durante sus años en aquel colegio.

"Se hacía el que me estaba retando en la formación, pero no me retaba, me decía cosas obscenas. Cuando estaba a lo lejos me hacía gestos con la boca", contó. La joven comenzó a temerle a su confesor y trataba de evitarlo, pero las situaciones llegaron hasta un empujón a una cama. "No quería quedarme sola con él, mis amigas que ya sabían me acompañaban al baño", señaló.

Dramático relato

La mujer que denunció al cura Aramayo hizo un dramático relató de lo sucedido. Asustada pero también enojada, le pidió explicaciones a su confesor sobre sus tratos, las respuestas, contó, transitaban en tonos agresivos: “Porque sos puta”, le respondió luego de admitirle que estaba “enamorado” de ella, pero en seguida le pedía perdón. “Después volvía a hacer las mismas cosas”, recordó.
Luego de graduarse la mujer se trasladó a otra provincia para cursar sus estudios universitarios. Pero al regresar a Salta se cruzó con el sacerdote en la calle y fue entonces que se enteró que estaba al frente de una parroquia y un colegio, por lo que decidió denunciarlo, para “evitar que hiciera lo mismo con otras personas”. 
 

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