El cuerpo de la trans que murió en Buenos Aires ya está en Orán

La pobreza, la exclusión, la falta de oportunidades y las dificultades de acceso al sistema de salud se cobraron otra víctima del colectivo transgénero. Analía Elizabeth Coimbra, tal como figuraba en su documento de identidad, tenía 36 años e hizo su último posteo en Facebook el 4 de mayo a las 15.48: “No importa cuánto demores... cumple tus sueños”; quizás porque estaba estudiando periodismo con una beca del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y veía en esta carrera la herramienta que le permitiría dejar “la calle”.
Como tantas mujeres trans salteñas, hace 12 años partió desde su Orán natal hacia Buenos Aires, donde el trabajo sexual al que son arrastradas por falta de otras oportunidades es menos violento que en el norte del país, donde la policía ejecuta a palos y patadas algunos artículos contravencionales retrógrados y medievales. 

Coy, como la llamaban sus amigas, fue a parar como NN el 8 de mayo al hospital Fernández de la Capital Federal con un cuadro de neumonía que se complicó por sus bajas defensas y derivó en un shock séptico que acabó con su vida el jueves 16, de acuerdo al certificado de defunción firmado por el médico Ezequiel Martínez. 

Coy estuvo internada sola e inconsciente con respiración asistida. Desde el hospital informaron que después de buscar sin éxito a sus familiares, la desconectaron del respirador a las 8 del jueves 16. 

Posteriormente, tras un contacto del celular, pudo ser identificada como Analía Coimbra, quien en sus redes sociales figuraba como Valentina Mantovani. 

Su mejor amiga, la cafayateña Pamela Cutipa, con quien almorzaba “en familia” todos los días (quizás porque esa mesa tenía calor provinciano), había comenzado a buscarla el 10 de mayo a través las redes sociales. Fue a ella a quien llamaron desde el Hospital Fernández. 

“Coy es mi amiga, comíamos juntas todos los días y de repende me dejó de atender el teléfono, de mandar mensajes y empecé a buscarla. Ella venía mal de salud, pero nunca pensé que moriría. Me llamó una doctora del Hospital Fernández para decirme que la iban a desconectar en 6 horas y que necesitaban a la familia, entonces me contacté con colegas de Orán para que busquen a alguien urgente. Ella era muy solitaria en el sentido familiar. Igualmente, una hermana viajó a reconocer el cuerpo y a llevarse sus restos a Orán, para que estén cerca de la mamá”, le contó a El Tribuno Pamela Cutipa. Y fue enfática al decir: “Repudio al Hospital Fernández por haberla desconectado sin la presencia de la familia ni de una amiga siquiera. Nosotras nos fuimos con Margarita volando a verla al hospital antes de esas seis horas que dijo la médica y ya estaba muerta, desconectada y nos dijeron que había hecho un paro cardiorrespiratorio. No entendemos nada. Estamos viendo qué hacer para que nos expliquen qué pasó. Pero yo no pertenezco a ninguna organización trans ni de derechos humanos, así que estoy esperando al lunes para contactarme con ellos y ver qué hacemos porque es un atropello más al colectivo trans”.

Pamela Cutipa, oriunda de Cafayate, amiga de Coy

Llamado a la solidaridad

Castigadas, solitarias, marginadas, pero muy unidas en la tragedia, gracias a una iniciativa de Pamela lograron reunir entre las chicas trans que trabajan en Buenos Aires casi 70 mil pesos que necesitaba la hermana de Coy para llevar sus restos hasta Orán. “No se acercó ninguna organización ni ninguna fundación de DDHH para ayudar con el traslado del cuerpo. Se juntó la plata por un grupo de WathsApp que formé y me ayudaron especialmente Faustina Arroyo, también de Orán, y Cintia “la Bombillera” de Tucumán”; estoy muy agradecida con la solidaridad de las compañeras”, resaltó Pamela.

Pero las necesidades no se terminan. “La familia de Coy es muy chiquita y son muy humildes. Por eso le pedimos a la Municipalidad de Orán y a la comunidad que colaboren con ellos para poder velarla y darle sepultura. Es muy triste lo que pasamos, Coy era trabajadora sexual pero estaba estudiando periodismo, se sentía contentísima porque iba a dejar la calle cuando tuviera el título. En realidad, a todas nos gustaría vivir de otra cosa, pero no hay oportunidades”, agregó. 

Siempre la violencia

Pamela Cutipa contó que estuvo en Salta trabajando, pero la brutal escalada de violencia y el hostigamiento policial la obligaron a emigrar. “Me tuve que venir a Buenos Aires donde no joroba la Policía, pero no hay mucha demanda, quizás por la situación económica”, contó. Además, dijo: “A raíz de lo que le ocurrió a Coy, me llamaron familiares de trans desaparecidas para que los ayude a encontrarlas, me llamaron chicas internadas en hospitales que piden que no las dejen morir. Es que nuestro colectivo sufre mucha soledad y exclusión. No es mi caso, porque mi familia me quiere y tengo en Buenos Aires a Margarita, mi segunda madre, pero la soledad es lo más común”. 

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