Indignación de vecinos por la poda  brutal de seis tarcos

Con motosierras y machetes. Así fue la poda brutal de los jacarandáes o tarcos que ordenó el lunes la Municipalidad de Cerrillos en el pasaje Berruezo y avenida San Martín (ruta provincial 23 a Rosario de Lerma). Fue un trámite a destiempo, ignorante de las más básicas técnicas de poda, despojada de cualquier conocimiento sobre árboles, indiferente con el latido de la naturaleza, con su sagrado compás. Algunos ejemplares, de 40 y 50 años, quedaron sin una rama, solo con el tronco desnudo sobre el que caerán las primeras heladas fatales de este otoño. No será gratis: los vecinos no verán este año las dos floraciones celestes que regalan los tarcos y que dejan la alfombra mágica de cielo entre la calle y la vereda. Por eso se alarmaron y se comunicaron con El Tribuno para poner las quejas, pidiendo que pare esta poda irracional en el pueblo.

"Nos comunicamos con el 911 y el 105 de Emergencias Ambientales pero no llegó nadie a salvar los tarcos. Finalmente, cuadrillas de la Municipalidad cortaron los enormes árboles. Si es que molestaban o interferían con el cableado pudieron podarlos más abajo de ese nivel, pero no cortarlos desde el tronco. Es una tragedia", señaló una docente cerrillana.

Se desconocen los motivos de la medida arbitraria e irracional adoptada por este municipio, cuyos podadores muestran carecer de capacitación para la tarea. La comunidad cerrillana no entiende la contradicción entre esta poda brutal y el fomento de la forestación urbana que se pregona. Lo que muestra esta mutilación es la falta de capacitación para la poda que requiere de ciertas técnicas. "Hay que tener cuidado con la poda del jacarandá. La misma debe ser muy ligera, eliminando algunos chupones, ramas muertas o enfermas, mal situadas, de forma que no perjudique la floración", explica el ingeniero agrónomo Carlos Anaya.

Sobre cuándo se debe podar, dice: "Las especies arbóreas tienen ciclos diferentes: algunas pierden las hojas desde principios del otoño hasta el invierno (fresno americano, robles, tilos, liquidámbar), muchas a principios de primavera (tipa, lapacho, jacarandá), otras son de follaje persistente (eucaliptus, ligustro, magnolia, casuarina, coníferos en general). Nunca debe podarse un árbol desde que comienza a amarillar su follaje hasta su caída total y nunca desde que comienza a brotar hasta que la hoja esté totalmente expandida. Árboles de floración llamativa como el lapacho, el jacarandá y la pezuña de vaca, por ejemplo, se deberían podar luego de la misma, prácticamente en el verano".

 

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