Se concretó la tercera fiesta de los fogones de San Juan

Los fogones por San Juan fueron una tradición que prácticamente han quedado en el olvido, ya no se ven aquellos grandes fogones que hasta los años 70 se solían encender en los barrios.
Muchos vecinos se reunían alrededor de la fogata, simplemente para ver consumirse todo el yuyo o churqui que se usaba como combustible.
Con las brasas encendidas se cocinaban las batatas ensartadas en un palito, algunos tiraban al interior del fuego los famosos pocotos que explotaban cuando se calentaban, finalmente los más osados disfrutaban de saltar sobre el fogón antes de que se apague.
De todo aquello solo quedan algunas reminiscencias en las personas que hoy peinan canas. Gral. Güemes también vivió esos tiempos de fogones, una costumbre que llegó a la ciudad por medio de los inmigrantes, muchas familias chaqueñas se asentaron en esta zona del Valle de Sianca, se cree que estas familias fueron las primeras en realizar los fogones por San Juan.

Revivir las tradiciones

Desde hace tres años la familia Burgos, con Ariel Burgos a la cabeza, tomaron la iniciativa de revivir aquellos tradicionales fogones por San Juan. En esta tercera edición la convocatoria fue masiva, como todos los años la actividad se centro en la plaza Martín Fierro del barrio Los Olivos.
Todo comenzó muy temprano con la instalación de artesanos, la venta de tortillas a la parrilla y la degustación de ricos mates entregados por miembros de la Academia Tierra Gaucha, quienes trasladaron sus Tardecitas Criollas desde la plaza central hasta el barrio Los Olivos.
De a poco se fueron sumando artistas locales para compartir su canto con las personas presentes, mientras se preparaba todo para encender el fogón. Alrededor de las 21.30 fue quemado el Judas, un muñeco hecho de trapo que simboliza a Judas Iscariote y es una forma de eliminar todas las acciones de traición y envidia. 

Una gran fogata

Instalado sobre una gran fogata, no tardó en arder iluminando toda la plaza. Cumplido con este primer acto simbólico, se procedió a desparramar las brasas en un sector seguro, para cumplir con el ritual de la caminata sobre ellas. Los voluntarios no fueron muchos, pero para aquellos que se animaron a caminar sobre el colchón de brasas, hubo un gran apoyo y admiración por parte de los presentes. “Es algo muy lindo, me alegra haber podio realizar un año más esta hermosa fiesta que solía vivir cuando era niño, cada año viene más gente, algunos para recordar esos viejos tiempos y otros para vivirlos por primera vez, los chicos se sorprenden cuando ven caminar por las brasas y preguntan si me queman; les digo que no, que es cuestión de tener fe, y es así porque si uno cruza por las brasas inseguro lo más probables es que se quema, por suerte eso no pasó”, contó Ariel Burgos, quien fue el primero en cruzar por ese camino ardiente.
 

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