El Fondo de Desarrollo Cultural fue para dos jóvenes guaraníes

Estudiaron y quizás esa capacitación que las transformó en chefs profesionales, sumada al empuje y el aliento que recibieron de parte de los suyos, las hizo entender que ese sueño podría transformarse en una idea de negocio sin tener que dejar ese pequeño paraje donde nacieron ellas, sus padres y sus abuelos.

Marcia y Daniela Fernández son dos chicas de la comunidad Yariguarenda más conocida como Virgen de la Peña porque es el paraje donde las festividades religiosas tienen su epicentro del norte de la provincia.

En ese pintoresco lugar ubicado al pie de las serranías del oeste donde residen en su mayoría familias guaraníes, bordeado por un arroyo que todo el año hace escuchar el sonido apasible y relajante de su correntada y a metros del bellísimo santuario en honor a Virgen de la Peña, las chicas vivieron toda su niñez y su actual adolescencia abrevando en la cultura de sus ancestros.

La capacitación, fundamental

Para capacitarse debieron dejar su lugar pero sus raíces estaban tan afianzadas en Yariguarenda que decidieron volver y hacer realidad su proyecto en ese, su lugar en el mundo, porque nunca pensaron en trasladarse a una ciudad donde seguramente las posibilidades laborales son un poco más fáciles de alcanzar y desarrollar.

"Mi papá y mis hermanos nos ayudaron a levantar el quincho de paja y allí ya estamos brindando nuestro servicio, haciendo foco en los productos que son propios de la comunidad y que nuestros clientes valoran mucho", expresó Marcia, que no cabe en sí por su alegría y satisfacción.

Y es que la semana anterior el Fondo Ciudadano de Desarrollo Cultural edición 2019 les entregó un monto de dinero importante, no reintegrable, que volcarán en mejorar su emprendimiento, que llamaron "Comedor doña Florencia", en honor a su mamá, por su apoyo incondicional en este proyecto en el que están embarcadas.

"Siempre nos gustó cocinar, aprendimos con mi mamá pero nos capacitamos profesionalmente y ahora queremos brindar ese servicio pero en nuestra comunidad porque siempre quisimos volver", dijo la joven aborigen.

Platos típicos y sustanciosos

"Nuestros platos son típicos, pero si hacemos tallarines, por ejemplo, lo acompañamos con gallinas caseras porque la gente de Virgen de la Peña las producen desde siempre", agregó.

"Lo que la gente nos pide son humitas y tamales pero les explicamos que ahora no es tiempo de choclos, así que van a tener que esperar un poquito; de todos modos hay otros productos de la tierra, que nuestros vecinos producen aquí mismo, que van a poder disfrutar", prosiguió su relato Marcia.

La sopa de maní para ésta época del año es infaltable y los lechones son producidos en la propia comunidad por lo que el emprendimiento de las hermanas Fernández replicará positivamente en toda la comunidad. De hecho las sillas y mesas -para mantener esa línea ancestral que en su estructura tiene el comedor- serán hechos por carpinteros del lugar. Los jugos frutales recién hechos de naranja, pomelo, lima y tantos otras frutas tropicales, acompañan el menú diario, aunque por lógica disponen de vinos, cerveza, gaseosas o lo que los clientes prefieran.

Comida natural y sin conservantes

Usan los insumos que producen sus paisanos, sin conservantes ni agroquímicos.

Posiblemente hoy en día todavía no se valore en toda su dimensión la propuesta de las hermanas Fernández, pero disfrutar de la carne de animales criados por los propios pobladores de Yariguarenda y de parajes vecinos y de frutas, hortalizas y verduras para cuya producción no se utiliza ningún agroquímico y donde los conservantes artificiales prácticamente ni se conocen, tienen grandes ventajas para la salud.

Pero almorzar en un lugar como el paraje Yariguarenda rodeado de naturaleza plena hace que una comida se extienda hasta bien entrada la tarde.

“La gente que viene a almorzar no viene solo a comer, se queda horas porque disfruta del hecho de estar en este lugar. Por nuestra parte, lo que queremos es brindarles más comodidades a nuestros clientes. Mi papá nos ayudó a levantar el quincho y ahora queremos comprar anafes, exhibidoras, las mesas y las sillas de madera porque por ahora las que tenemos son de plástico”, dijo Marcia.

Por ahora, las chicas y su madre atienden al público los días sábados, domingos y feriados o cuando alguna familia o grupo de comensales las llama previamente.

Pero con la voluntad de trabajo y la calidad del servicio que brindan en esa suerte de propuesta de arte culinario que combina cultura nativa, alimentos orgánicos y todo ese entorno tan particular, seguramente con el tiempo necesitarán de otras manos que ayuden y que serán de la propia comunidad Yariguarenda.

“Por ahora no tenemos página en internet, pero por teléfono la gente nos llama, nos pregunta qué vamos a preparar el fin de semana y algunos nos avisan que van a llegar más tarde. No tenemos problemas en esperarlos porque el comedor está en nuestra propia casa, así que para nosotros es un placer recibirlos y atenderlos como se merecen”, explicó Marcia.

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