El tiempo es oro: nuevo paradigma en el tratamiento de las leucemias

Cuando dicen que “Dios está en todos lados pero atiende en Buenos Aires”, no se equivocan si se trata de enfermedades complejas como el cáncer. La mala noticia es que el diagnóstico y el tratamiento de las leucemias y los linfomas es muy complicado y lento en Salta, quizás por la falta de equipos de trabajo conformados por especialistas en estas patologías muchas veces mortales, en las que el tiempo juega un rol protagónico en el desenlace. 

Puede haber hematólogos y oncólogos muy preparados, pero no hay equipos. La buena noticia es que solo se necesita un pasaje para acceder desde el interior del país, en tiempo récord, a un diagnóstico certero. Es la posibilidad que abre junto con sus puertas Fundaleu para pacientes adultos sospechados o diagnosticados de leucemia o linfomas, tengan o no obra social. En la búsqueda del diagnóstico certero y luego del tratamiento correcto, el paciente debe centrar su energía y su tiempo, aferrarse a esa causa como la última tabla en medio del mar. 

Cada día se detectan en nuestro país 8 casos de leucemia, una palabra hiriente que gracias a los avances de la medicina va perdiendo el filo mortal de algunas décadas atrás. Actualmente, varios tipos de esta enfermedad pueden controlarse, frenarse y, en ocasiones, curarse. Para otros casos, su abordaje todavía es un desafío inmenso, aunque la ciencia no cesa de dar “pequeños grandes pasos” y la revolución terapéutica que se experimenta en el mundo está dándose también en nuestro país.

En una reciente academia de carácter científico sobre leucemia que brindó Fundaleu para periodistas, Daniela Mandriotti, historiadora y gestora cultural, contó cómo pudo sobrevivir a la leucemia que la afectó hace ya una década. Tiene 44 años y es mamá de Mora y Dante. No se define como expaciente de leucemia mieloide aguda, sino como “sobreviviente”. Quiere que su testimonio contribuya a salvar vidas, concientizando sobre la importancia del diagnóstico precoz y sobre la donación de médula ósea, para que más personas tengan la oportunidad que tuvo ella de curarse. “Muchos como yo tuvieron leucemia y luego estudiaron, viajaron, llenaron su vida de proyectos, tuvieron hijos y su vida siguió adelante. Ojalá quienes están pasando por una enfermedad así vean que se puede. Mi diagnóstico parecía una sentencia de muerte, pero se convirtió en una gran puerta hacia una vida mejor”, reconoció Daniela. 

Llegó a Fundaleu una noche calurosa de febrero de 2009, tras meses de fiebre, infecciones, médicos y guardias. “Sentía miedo, pero puse lo mejor de mí y pregunté: ‘¿Qué tenemos que hacer?’, convencida de que hacer es movimiento, lo contrario a la quietud de la muerte. Ustedes hagan todo lo bueno que saben hacer y yo pongo la voluntad para que funcione’”, contó.

Daniela remarcó que no hubiese podido dejar atrás la leucemia sin el equipo de médicos, enfermeros, psicólogos, nutricionistas, laboratoristas y todo el equipo que logró que el servicio que brindan funcione, por lo que estará profundamente agradecida siempre.

“Yo no le temía a la muerte mientras estaba internada, lo que me angustiaba era no estar con mis hijos, haber dejado de darle de mamar a Dante o haberme perdido el inicio de segundo grado de Mora. Entonces, la psicóloga del equipo, Lourdes, me sugirió focalizar mis energías, justamente, en verlos a ellos. Entonces, pedí una computadora, prometí no googlear nada referido a mi enfermedad y me puse a organizar un viaje en familia para cuando me curara”. Luego de tres internaciones con quimioterapia, manejo de infecciones y muchas situaciones complejas, logró salir adelante luego de que le realizaran un autotrasplante de médula ósea.

“Mi vida se convirtió en un gran proyecto, un gran viaje a partir de la convicción de dejarles a mis hijos un legado grande, enseñándoles el mundo, otras culturas, formas de vivir, pero -sobre todo- compartiendo mucho tiempo juntos”, concluyó Daniela.

Trasplante de médula

Afortunadamente, enfermarse hoy de leucemia ofrece un panorama que no puede compararse con el de un par de décadas atrás, en términos de pronóstico de sobrevida y calidad de vida. “Gracias a los avances científicos y al mejor conocimiento sobre estas enfermedades, hoy contamos con tratamientos altamente efectivos tanto para las leucemias crónicas como para las agudas. Estamos ante un verdadero cambio de paradigma que comenzó hace unos 20 años, que consiste en reemplazar la quimioterapia por terapias dirigidas, que brindan mejores resultados y permiten que los pacientes vivan más y mejor”, sostuvo el Dr. Miguel A. Pavlovsky, director médico y científico de Fundaleu.

En líneas generales, la quimioterapia ha sido la principal aliada en el tratamiento de estas enfermedades oncohematológicas, siempre con el trasplante de médula ósea como opción curativa más concreta para las leucemias agudas, pero -por distintos motivos- no todos los pacientes tienen indicación de trasplante. De todos modos, hoy el abanico de tratamientos incluye también terapias dirigidas (que atacan determinadas alteraciones genéticas o proteínas, con mucha menor toxicidad) y empieza a haber además otras líneas de tratamiento en investigación muy prometedoras.

Tratamientos

La producción descontrolada de células sanguíneas anormales en la médula ósea impide que células sanas se desarrollen y cumplan su función y eso comienza a impactar en el organismo de distintas maneras. Según el tipo de célula sanguínea que se desarrolla en forma anómala y según la progresión de la enfermedad, se clasifican los diferentes tipos de leucemia.

La leucemia mieloide aguda es la más común de las leucemias (36% de los casos) y la linfoblástica aguda es la más frecuente en menores de 8 años (11% del total). La linfocítica crónica representa el 30% de los casos de leucemia y la mieloide crónica, un 11,5%. Para seleccionar el tratamiento para cada paciente se consideran aspectos como edad, condición física, comorbilidades y el subtipo específico de enfermedad, entre otros factores.

En el caso de la leucemia mieloide aguda, “el tratamiento estándar es quimioterapia intensiva. Para personas mayores o que por distintos motivos puedan tener contraindicada la quimioterapia, existen nuevos tratamientos que ya muestran resultados esperanzadores”, dijo la Dra. Isolda Fernández, jefa del Servicio de Hematología de Fundaleu e integrante de la Subcomisión de Leucemias Agudas de la Sociedad Argentina de Hematología.

Como en estos casos la enfermedad avanza súbitamente, el inicio inmediato del tratamiento representa un gran desafío para los sistemas de salud. Cada día que pasa hasta el inicio del tratamiento cuenta y, en algunos casos, la urgencia no da margen.

Un mal de causas desconocidas

Como se desconocen aún las causas que originan las leucemias, se ignora si existen maneras de prevenirlas. 

Sin embargo, se puede prestar atención a determinados signos y síntomas para realizar a tiempo la consulta médica para descartar que se esté ante un cuadro de este tipo o que permita saberlo a tiempo y se pueda iniciar tempranamente un tratamiento. 

Posibles síntomas

Los síntomas, que no son exclusivos de las leucemias, varían según el tipo y estadio de la enfermedad, pero pueden incluir: fiebre, escalofríos, sudoración nocturna, debilidad y fatiga, aparición de hematomas, sangrado o inflamación de encías, agrandamiento del hígado y/ o del bazo, dolor óseo, palidez, pérdida involuntaria de peso.

Es posible detectar una leucemia con un análisis de sangre de rutina, ya que un hemograma completo evidencia rápidamente niveles anormales de glóbulos blancos, rojos y plaquetas. Luego, analizando las células de la médula ósea se determinará específicamente el tipo de leucemia y mediante estudios moleculares, el subtipo específico.

Control definitivo

El abordaje de las leucemias se dirige cada vez más hacia la posibilidad de su control definitivo, logrando inclusive la suspensión del tratamiento, como está sucediendo con determinadas leucemias crónicas con medicaciones que están disponibles en nuestro país. No obstante, algunos casos siguen siendo de difícil abordaje y plantean desafíos, por lo que es muy pertinente que la ciencia profundice sus investigaciones.
 

“El clínico me recetó un pasaje de avión al hospital de Córdoba”

Mabel perdió dos meses buscando un diagnóstico en Salta.

Mabel César en Córdoba, recibiendo quimioterapia. 

Si bien las leucemias y los linfomas son condiciones que no pueden prevenirse, su detección a tiempo y, en determinados casos, el inicio inmediato del abordaje terapéutico más indicado pueden marcar la diferencia en el pronóstico de vida de los pacientes.

Esta es la historia de Mabel César, una mujer extraordinaria en lo personal, cuya vida es digna de una serie de varias temporadas. Apenas cumplió los 60 años algo en ella comenzó a fallar, no reconocía su propio cuerpo, que estaba cada vez más débil. Comenzó a peregrinar por los consultorios y laboratorios hasta que un médico clínico que vio sus análisis le dijo: “Usted tiene linfoma. Vaya urgente a que la vea una especialista en sangre”. 

Fue así como concurrió a la consulta con la médica hematóloga Rosana Quinteros, quien con gran certeza le confirmó el diagnóstico y le pidió una biopsia de los ganglios. Le tomaron la muestra en una cirugía, la misma fue al anatomopatólogo. Fue en esta primera internación cuando a Mabel la visitó el médico clínico Octavio Guanca, quien le dijo: “No pierda el tiempo, vaya al hospital universitario de Córdoba, ahí están los especialistas en su problema”. 

El anatomopatólogo, tras decir que se necesitaban de dos a tres semanas para obtener los resultados sobre qué tipo de linfoma tenía para determinar luego la terapia, informó que la muestra no servía, que se había necrosado (muerto). 

“Ya había perdido un montón de tiempo. Los dolores me llevaron de nuevo a la clínica. La doctora Quinteros, ante la falta de certezas del laboratorio me hizo la derivación a Córdoba, respaldada por el doctor Octavio Guanca, un gran clínico que cuando me volvió a ver en el sanatorio internada me dijo: “No puedo creer que todavía estés aquí, en Salta, estás perdiendo un tiempo precioso para tu salud. De acá te vas en avión a Córdoba, eso te prescribo, que vueles”, contó Mabel. 

Llegó a Córdoba a través de su obra social y ya en el Hospital Universitario Privado le tomaron todas las muestras para lograr el diagnóstico en dos días. 

El resumen de su historia clínica dice que llegó derivada desde Salta “por un síndrome linfoproliferativo de dos meses de evolución”, el tiempo que había perdido. 

El diagnóstico: linfoma no Hodgkin T. Inmediatamente le aplicaron quimioterapia y aunque perdió muchos kilos por las náuseas y vómitos que le provoca el tratamiento, mira con fe el futuro y confía en lo que será. 

“Mi única oportunidad de vida me la dio el traslado a este centro de Córdoba de mayor complejidad, como es el hospital privado, donde me dan una excelente atención, me siento como en esos hospitales que se ven en las series de los Estados Unidos; es como de película. Estoy atendida por especialistas, sin moverme del mismo hospital. Me hacen todo en tiempo record. Le doy gracias a Dios por esta oportunidad”.

Mabel quiso reconocer especialmente a la doctora Quinteros y al doctor Guanca, quienes no dudaron en buscar lo mejor para su salud, advirtiendo la gravedad del caso. “La doctora Quinteros es increíble en su carácter, me defendió y me protegió de la desidia de otros médicos. El doctor Guanca, un sabio que desde el principio me dijo lo que debía hacer. Me demoré en obedecerle, no creí que fuera tan grave lo mío”.

Finalmente expresó: “Cuento mi caso con el único deseo de que les sirva a otros pacientes que están como yo, para no perder el tiempo que es oro”.

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