Agosto, mes de la Pachamama con una vuelta a lo originario y natural

“Pachamama, santa tierra/ hoy yo te vengo a cantar/ porque quiero agradecerte/ por todo lo que nos das”. Suena desde lo profundo y para destacarse un bagualero, acompañado por el ritmo ternario de su caja. Al oírlo deben de ceder lentamente, hasta formar una sonrisa, las facciones arcillosas de la Pacha. La Pachamama tiene esa energía que le asigna cada ser desde su cultura y su visión. Hoy se inaugura el mes de las coplas resonando en su propia esencia; la entrega de maní, poroto, maíz, agua, frutas y chicha; el baile de las cintas, el carnavalito y el gato, expresados en localidades como San Carlos, Cafayate, Cachi, Iruya, el Chaco salteño, San Antonio de los Cobres, Tolar Grande, Campo Quijano, San Lorenzo y barrios de la ciudad. La gente de campo agradece lo que la Madre Tierra da: el trabajo, la salud, los animales y las cosechas. “De mis pagos he venido,/ con mi cajita cantando,/ Pachamama, Madre Tierra,/ solo Dios me está mirando”. Y Dios mira por igual a quienes abren los mojones honrando una herencia de sus antepasados y a quienes se inician en el rito por egregor cultural. 
Katia Gibaja, presidenta de la Fundación Ecos de la Patria Grande y fundadora de la Academia de Quechua Qollasuyo Salta, refirió que la preparación comienza durante los últimos días de julio con la limpieza de las casas. Luego el 1 se sahúma y hasta el 15 se puede abrir el mojón. “Los ancestros tenían una observación natural, que es el primer paso del método científico, que les dictaba que en agosto se producían muchas muertes, especialmente de ancianos y bebés. Ellos se daban cuenta de que venían vientos de otros climas y regiones como el Zonda, que podía traer virus y bacterias. Los últimos días de julio limpiaban todo para que no quedara ningún foco infeccioso. La intención de sahumar es propiciar la salud física y no ahuyentar malos espíritus como se incorporó después, lo que fue distorsionando el concepto”, aclaró. 

Katia Gibaja lleva una labor de difusión de la cultura andina. 

Asimismo destacó que se deben transmitir las intenciones y métodos de los pueblos indígenas quechua y aymara que habitaron Ecuador, Colombia, Perú, Bolivia, Chile y Argentina. “Las plantas para sahumar, por ejemplo, eran generalmente las de un aroma agradable y se las tenía en los jardines. Ahora según propuestas cuyo inicio ubico a mediados del siglo pasado hay mezclas hasta pestilentes”, advirtió. 
La corpachada, un rito a través del cual se depositan ofrendas en un hoyo cavado en la tierra, para dar de comer y beber a la Madre Tierra corresponde a “una visión de agradecimiento. Ellos tenían una visión como el ayni, que significa reciprocidad, trabajo compartido, hermandad y solidaridad. El ayni lo realizan en esta ofrenda que se le entrega una vez al año a esa Madre Tierra que nos entrega tanto para nutrir nuestro cuerpo con sus ingredientes y también nuestro espíritu”, definió Katia. 
Agregó que esta percepción sensible se aleja de aquella costumbre, cada vez más extendida, de que el mojón debe hacerse hondo y colmarse de ofrendas para lograr una mayor abundancia. “Cada año abrimos una boquita de la Madre Tierra y ella es nuestra invitada, por eso no se le entrega todo, sino un plato y los demás comparten lo que se le va a dar a ella. No es un cráter donde se tira toda la comida”, expresó. 
Entre los pasos a seguir en la ofrenda a la Pachamama enunció que no pueden faltar las hojas de coca, “porque es la transmisora de nuestros deseos y solicitudes”. “Se la entrega en todas las ceremonias porque para nosotros es una planta sagrada y de muchas propiedades. Nos ayuda a vivir, nos cura y alimenta”, acotó. Tampoco puede soslayarse la chicha, “un zumo de maíz muy laborioso de preparar, y por ello ahora se elige un buen vino, el mejor que se tenga para compartir con la Madre Tierra, para brindar con ella”. Y entre la lista de sincretismos que podrían evitarse mencionó el cigarrillo. “No ha faltado algún adolescente que diga que empezó a fumar o a tomar vino o cerveza por la Pachamama cuando la idea es opuesta: se le entrega lo natural”, manifestó. Como es una tradición que se ha buscado recuperar entre las infancias desde agrupaciones y también legitimada en las aulas, Katia comentó: “Los niños cuando participan dicen ‘voy a tirar mi caramelo’ y lo dicen con esa palabra ‘tirar’ y no ‘convidar’ ni ‘entregar’, y lo arrojan con papel. Por eso debemos hacer una escuela de que todo lo que le damos a la Pachamama es de lo que nosotros debemos alimentarnos. Así debemos separar lo químico de lo natural. Lamentablemente, entramos en una lucha de químicos y tal vez esta ofrenda de la Pachamama nos ayude a un nivel físico y mental para volver a lo natural”. 
Además, recomendó que cuando se eligen los mejores frutos hay que entregar un par de cada elemento para significar la dualidad mujer y hombre como un complemento. “En nuestras comunidades hay una sobrevaloración del estar en pareja, es un ser millonario porque se cree que en soledad se acorta la vida. Somos el producto de días y noches. ‘Himentim kanka haman pactia, kikim kanka kay pacha’ (‘El mismo orden que hay en el cosmos es el mismo orden que hay en la tierra’)”, instruyó. 
Cuando se ha terminado de hacer la ofrenda “de corazón y de cuclillas, se tapa el mojón con amor y hay cantos y oraciones en quechua, aunque muchos usan las que conocemos para la Virgen y no está mal, porque la Madre Tierra es una deidad femenina”, definió. Por último, a cada uno de los presentes se les coloca una pulsera, el kayto lloqe, una lana tejida hacia la izquierda, de dos colores y que tiene una singular explicación. “Vamos a comenzar un año con la Madre Tierra, los oscuros son los desaciertos y los claros los aciertos. Es una muestra de que uno participó de una corpachada y un símbolo para recordar no tener tantos desaciertos. En este caso se han inventado aquello de que si se cae o no se cae, cuánto tiempo hay que tenerlo, por la necesidad de que todo tiene que estar regulado, pero sin un sentido”, afirmó Katia. 
Por último, aclaró que a través de una lente foránea pueden surgir críticas por la abundancia de bebida y comida que corre durante el ritual. “En las comunidades no festejamos el cumpleaños individual, sino que es este el día que festejamos todos. La edad cronológica no es tan importante como la madurativa. Están recordando su vida junto a ella. Pacha Mama significa Madre Tiempo, Madre Espacio y Madre Gea. Es más profundo de lo que uno considera. Y Kant al postular las categorías apriorísticas hablaba de eso mismo: espacio, tiempo y tierra”, ponderó. 

Cubierta de humo

Vista panorámica de la ciudad de Salta un 1 de agosto, cubierta por densas nubes de miles de sahúmos. Jan Touzeau 

Hoy Salta ofrece el aspecto de una ciudad extremadamente contaminada. Pero esa concentración de partículas pequeñas y suspendidas en el aire no proviene de usinas fabriles, sino de sahúmos. En un nivel sutil estos son constelaciones vegetales que regulan los campos electromagnéticos de los espacios físicos, por ello resultan ideales para realizar limpiezas, armonizaciones y activaciones. Adriana Pequeño, propietaria del comercio Ángelus, señaló a El Tribuno que “agosto es vivido como una mitad de año, el inicio de otro ciclo, porque reza el dicho que hay que pasarlo para llegar a fin de año. En realidad, hay que purificarse y armonizarse para tratar de ser una mejor persona porque todo es un ida y vuelta”. De hecho, cualquier cliente antes de pagar puede descansar la vista sobre un mostrador que difunde un adagio: “Ama a todos, sirve a todos, ayuda siempre y no hieras nunca”. “Es el ciclo de la vida en constante movimiento: un entregar para recibir, como en el rito de abrir el mojón para la Pachamama”, sintetizó Adriana. Para sahumar se utilizan gomorresinas como el incienso y la mirra, plantas como el sándalo, flores como la lavanda y bálsamos aromáticos como el benjuí, que se van mezclando para quemarlos. “Son todos aromáticos y causan una buena impresión al igual que cuando entrás a un lugar limpio, ordenado y perfumado te cambia el estado psicológico”, señaló Adriana. 

Muestra de la variedad de productos que se pueden adquirir para sahumar. Matías Maiztegui

Las presentaciones son diversas, van desde las bolsitas con ingredientes separados para que el usuario las prepare y las haga arder con carbón vegetal hasta los conjuntos que se adquieren según la intención buscada y que incluyen entre sus compuestos el carbón y por ello se prenden en una hornalla de cocina. También se clasifican por intencionalidad. Una defumación completa incluye estoraque, ruda, romero, incienso, mirra, benjuí y alcanfor; un destrabe: almizcle, benjuí, incienso, mirra, romero y ruda; y una limpieza energética: incienso, mirra, romero, ruda y lavanda. El “lava casa” insume once elementos: mirra, lavanda, romero, palo santo, incienso, sándalo, sangre dragón, benjuí, almizcle, amarillo y ruda. La profesora de yoga Aideé Aguilar, que colabora con Adriana cuando el ingreso de clientes es incesante, refirió que “las personas católicas buscan el incienso, la mirra y el sándalo, mientras que los de cuño chamánico piden la combinación de los siete poderes porque están acostumbrados a manejar los cinco elementos: agua, tierra, fuego, aire y éter”. Añadió que muchos incursionan en la gemoterapia y por ello llevan en esta fecha pirita y citrino para la abundancia, y amatista para la transmutación de las energías. 
“Las piedras vienen de las grutas de Brasil y Perú, luego pasan por los negocios y quien las compra debe limpiarlas para personalizarlas. Algunas tienen energías ying y otras yang, y reciben baños de agua, sol y luna”, especificó. Agregó que “la buena sahumada se hace de acuerdo con lo que necesita cada persona. El olfato mismo los ayuda. Aspiran un elemento y sienten que se oxigenan”.
Para los ambientes de trabajo, donde se generan conflictos internos y externos, ambas recomendaron las varitas, porque les basta una hora para disiparse y todos las toleran más. 

Adónde ir para celebrar

Hoy, a las 12, en José Echenique 1074 de Villa Primavera los Báez y el Centro de Residentes realizarán diversas actividades con mojón y patio criollo. 

A las 13, en el parque San Martín convite a la Pachamama, ceremonia de la que participan artesanos y chamanes. Tocarán los músicos Pan Dulce y Betty. 

A las 19, habrá un convite a la Pachamama con la Comunidad Coyas Unidos de San Antonio de los Cobres, en el Museo de Bellas Artes Salta.

Mañana, a las 11, Katia Gibaja dará la disertación “Cómo ofrendar a la Pachamama" en el MAAM (Mitre 77), acompañada de los músicos Pablo Maraglia y Aldo Catalano. La entrada es gratuita. 
A las 20, homenaje Urbano a la Madre Tierra en el Centro Cultural de la UNSa (Alvarado 551) con exposición y cantores. La entrada es libre y gratuita.

 

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