Repensar la  reforma laboral

El resultado electoral de las PASO del último domingo hace descartar totalmente la posibilidad de avanzar sobre una reforma laboral de grandes alcances como la que pretendía, en sus inicios, el gobierno del presidente Macri. Por suerte, porque esa reforma obviamente no intentaba mejorar la situación de los trabajadores y tampoco iba dirigida a favorecer la situación de las pequeñas y medianas empresas. Claramente robustecía las ventajas competitivas de las grandes empresas. Tampoco encaraba los problemas reales y profundos de nuestro sistema de relaciones laborales que pasan por la ley sindical, el régimen de obras sociales, la cobertura de los riesgos de trabajo, el régimen de convenios colectivos y la regulación del derecho de huelga. Con mayor razón, un eventual triunfo del Frente para Todos hará que esos temas queden en el congelador por varios años.

Pero hay reformas posibles donde aplicando el sentido común y la buena voluntad, tanto empresarios como trabajadores podrían encontrar soluciones razonables a situaciones que enturbian la cotidiana relación. A modo de ejemplo señalamos el problema de las licencias por enfermedad, semillero de permanentes conflictos: se debería ir avanzando hacia la cobertura por un sistema de seguro social como existe en la mayoría de los países.

A favor del empleador

Aunque los empleadores creen que toda la legislación laboral les es adversa, lo cierto es que existen numerosas normas (y no de menor cuantía) que los favorecen, aun comparándolas con las situaciones comerciales comunes. Un caso palpable es el de la prescripción: mientras que en las relaciones civiles y comerciales los comerciantes están expuestos a reclamos de hasta 3 o 5 años, en materia laboral se liberan al transcurrir dos años desde que es debido el crédito. Casi se podría decir que la ley, en este caso, discrimina en contra del trabajador. Lo mismo ocurre con la actualización de los créditos: los trabajadores no tienen ningún mecanismo para mantener el valor del dinero que se les debe y al contrario,sufren una notable depreciación porque están sujetos a tasas que no lo compensan. También se benefician los empresarios cuando hacen que se trabajen las vacaciones o los descansos de sábado o domingo. En esos casos la ley prohíbe la compensación en dinero, otorgándole al trabajador un ilusorio derecho a exigir un descanso compensatorio.

A favor del trabajador

Pero hay situaciones en que los empleadores se ven injustamente perjudicados. Un ejemplo de ello es la situación del trabajador que va preso por un delito común (robo, homicidio, violación). En este caso el empleador obviamente queda exento de pagar las remuneraciones, pero deberá reintegrar al trabajador a su puesto habitual cuando salga en libertad. En una condena de cinco, diez o veinte años parece un disparate que el empleador deba guardar el puesto de trabajo, ante una situación en la que nada tuvo que ver. Otro caso más común, que perjudica al empleador, es la falta de entrega de certificados de trabajo, certificados que en definitiva no le sirven para nada al trabajador, pero que genera una gravosa multa de tres salarios ante la demora u omisión en su entrega.

En contra de todos

Las exorbitantes multas que se aplican por el trabajo no registrado, luego de veinte años de ser aplicadas, han demostrado su falta de eficacia. Hay que buscar otros mecanismos, otras soluciones. Todos son perjudicados: los empresarios (tanto los que cumplen como los que no), los sindicatos (que pierden cotizantes), el Estado (que deja de recaudar) y los trabajadores, que son víctimas de la situación. Es una vergenza que los argentinos continuemos impávidos e impasibles ante semejante escándalo que afecta a la mitad de los trabajadores. Esto debería ser una política de Estado y merece que nos explayemos sobre el tema en una próxima nota.

 

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