El juicio a Raúl Antonio Pérez, el hombre cuarentón que asesinó de manera salvaje a Jéssica González, pone de manifiesto hasta qué punto el ser humano es capaz de provocar una tragedia cuando no puede controlar su capacidad mental. La violenta reacción del femicida salteño tiene todas las características del "síndrome de Otelo". El nombre fue extraído de la famosa obra de Shakespeare, en la que el principal protagonista (Otelo) mata a Desdémona poseído por unos celos enfermizos.

El "síndrome de Otelo" es un delirio por el cual la persona que lo sufre está firmemente convencida de que su pareja le es infiel e inicia una persecución sistemática. Muchas veces los celos son alimentados por influencias de infidelidades, con el caso de Yago a Otelo, en la novela de Shakespeare. En otros se manifiestan por algún trastorno psiquiátrico.

Los testigos que declararon hasta ahora ante el Tribunal de Juicio confirmaron que en su delirio Pérez estaba obsesionado con la idea de que Jéssica le era infiel. Así lo demostró dos días antes de la tragedia cuando le hizo una escena de celos delante de los miembros de la comunidad evangélica a la que concurría. Jéssica le pidió a uno de los testigos que no interviniera, que ella se encargaría de arreglar la cuestión y así lo hizo.

Sin embargo, la conducta celosa que expresaba el femicida no se condecía con la realidad, ya que entre ambos no existía una relación amorosa. Según los testigos, Pérez manifestaba a través de los celos que estaba enamorado de Jéssica, pero ella jamás demostró interés por él. Se lo dijo a la prima del sujeto cuando esta le preguntó, y seguramente lo ratificó ante el propio Pérez luego del reclamo que este le hiciera cuando la vio conversar con otros hombres en el templo evangélico de Villa Lavalle, donde su madre era la pastora.

Todo indica que cuando Jéssica le aclaró que no tenía ningún interés en él, Pérez se sintió despechado y a partir de ese momento comenzó a elaborar su plan macabro. "Jessi ya fue", le dijo a su prima dos días antes de consumar del crimen, cuando le comentó que la víctima lo había eliminado del Whatsapp. Otro detalle que surgió evidente de que se habría tratado de un homicidio premeditado fue el hallazgo de la boleta de la casa comercial donde compró el cuchillo con el que atacó a la mujer.

Pérez no concurrió al templo los dos últimos días, con el argumento de que no soportaba ver a Jéssica conversando con el joven con el que la celaba. Así fue cómo en la tarde del 20 de septiembre del año pasado le hizo la guardia en una parada de colectivo en Villa Lavalle. No se sabe con qué argumento Pérez logró convencer a Jéssica para que subiera a su vehículo

Lo que se sospecha es que el individuo montó alguna escena y probablemente Jéssica se confió, porque se trataba de alguien conocido que no solo concurría como un feligrés más al templo evangélico, sino a la casa de su madre a compartir una taza de té con otros miembros de la comunidad religiosa. Quizás Jéssica pensó que luego de la última conversación las cosas se habían aclarado, que Pérez finalmente había asumido que jamás sería el hombre de su vida.

¿Qué pasó desde el momento que la mujer subió al auto?

Lo más probable es que Pérez haya insistido en mantener una relación amorosa. Seguramente ella le ratificó que no era el hombre de su vida. Y como respuesta a su negativa el hombre habría sacado a relucir un instinto asesino.

De la investigación surgió que Jéssica González fue asesinada en el interior del vehículo.

Armó una escena de un pacto suicida en el albergue

De la investigación surgió que a la mujer la llevó muerta al motel Mimo’s.

Jéssica González

Luego de asesinar a Jéssica en su vehículo, Raúl Pérez armó toda una escena para hacer aparecer como que lo que hizo fue un pacto suicida entre dos enamorados. Con esta idea macabra se trasladó hasta el hotel alojamiento Mimo’s, en la zona sur de la ciudad.

Aprovechando que su auto tenía los vidrios polarizados se las ingenió para sacar el cadáver ensangrentado del interior y lo introdujo en la habitación que le asignó el conserje a través del teléfono interno del local. Allí permaneció por espacio de más de cuatro horas. En ese lapso intentó destruir el teléfono celular de la mujer y el suyo. Al mismo tiempo mantuvo varios contactos con las mucamas, cada vez que se le vencía turno de permanecía. “Deme otro”, le dijo en tres oportunidades a la encargada.

Así fueron pasando las horas hasta que finalmente una de las empleadas golpeó en reiteradas oportunidades la puerta cuando el hombre dejó de responder al teléfono interno.

“No me puedo mover”, fue lo que alcanzó a escuchar la mucama. De inmediato llamaron a la policía, pero antes de que los efectivos llegaran el encargado del motel logró romper la puerta. Fue entonces cuando observó que Jéssica estaba tirada en el piso en medio de un charco de sangre, Lo propio ocurría con Pérez, quien estaba moribundo sobre la cama.

Lo que pasó fue que luego de tomar conciencia del feroz crimen que había cometido Pérez decidió quitarse la vida. Con el mismo cuchillo que asesinó a la mujer se cortó las venas de las manos y se produjo un profundo corte en el cuello.

El femicida fue conducido de urgencia al hospital San Bernardo, donde los médicos le salvaron la vida. En el hospital permaneció internado por espacio de dos meses, y cuando le dieron de alta lo condujeron al penal de Villa Las Rosas. Desde ese momento no dijo ni una palabra acerca de lo que sucedió. La expectativa esta centrada en que lo haga ahora, antes de que se conozca la sentencia. ¿Hablará?

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