Dos mitos y tres desafíos

Tal como defiende Daniel Innerarity, las democracias se volvieron más complejas y demos gracias a eso ya que así podrán representar mejor la diversidad y los cambios constantes de nuestra sociedad. Lo lindo de la democracia es que tiene ese poder de adaptarse a los cambios que creíamos terminales y brindar oportunidades para explorar nuevas realidades. Algo de eso se vivió en España en estas semanas. Mitos caídos y desafíos que se abren. Hablemos de ellos. Uno de los mitos a desterrar es el relato apocalíptico contra las coaliciones. Es cierto: este será el primer gobierno de coalición desde la Segunda República. Es nuevo para España, pero cuando levantamos la mirada descubrimos que de los 28 países que conforman la Unión Europea, 19 son gobernados en coalición, entre ellos la admirada Alemania (que lo hace desde el final de la II Guerra Mundial), Suecia, Austria, Holanda, Italia, Portugal, Bélgica y un largo etcétera. Lo extraño en Europa es gobernar con mayorías.

Otro mito a desterrar es la bicefalia al poder. Muchos auguraron que Pablo Iglesias con mano bolivariana iba a cogobernar desde la vicepresidencia. Pero quienes conocen de poder con mayúscula saben que no hay lugar para un gobierno de dos cabezas. Siempre uno se termina comiendo al otro. Pedro Sánchez, que en el PSOE hizo un máster en supervivencia, se ocupó de desactivar cualquier asalto al sillón de La Moncloa designando tres vicepresidencias más que opacarían a Iglesias: tres de sus alfiles dedicados a restarle poder e influencia al líder de Podemos.

Por otro lado, uno de los desafíos centrales que tendrá el flamante presidente será abandonar el discurso de campaña y retornar rápidamente al relato conciliador que se espera de un mandatario progresista. Este cambio de postura no se les da bien a los políticos -que se sienten cómodos en el discurso combativo de campaña-, pero sería un error para Sánchez enredarse en la telaraña dialéctica que fomenta el maniqueísmo y que pretende arrastrarlo la oposición. Los números le favorecen. Según una reciente encuesta de 40dB publicada en un medio español, el Gobierno cuenta con el apoyo mayoritario de los españoles y las medidas que se propusieron hasta ahora (como la subida del impuesto a las rentas más altas, la implementación de un ingreso mínimo vital, la regulación de la eutanasia o el limitar la subida de los precios de alquileres) son apoyadas por más del 60% de la población, lo que obviamente incluye a votantes opositores. Sánchez tendrá el desafío de superar la tentación de mostrar un gobierno superador ante los gritos y frases altisonantes de la oposición. Esa será la mejor forma de desarticularla. Según el estudio citado, casi seis de cada diez españoles cree que este será un gobierno breve, dividido y crispado. Es entendible que piensen eso luego del espectáculo fueron sometidos. Y es que hay una distinción entre "ser" y "parecer", y en política la segunda es más importante. Superar esa percepción -en primera instancia en la interna del Gobierno y luego proyectarlo hacia la población- será un desafío vertebral del gobierno de Sánchez que marcará su administración. Otro desafío inmediato al que se enfrenta Sánchez es al de mostrar resultados sin "luna de miel" posible. La moción de censura contra Rajoy, las dos campañas electorales, el período de gobierno en funciones, le gastó los cartuchos de expectativas que podría generar un nuevo gobierno. España y Europa esperan resultados. Aunque no sepan muy bien cuáles. Deberá ser el propio gobierno quien venda las pequeñas victorias como grandes batallas. No hay lugar para fallos, errores no forzados o especulaciones esperando un próximo mandato. Si falla, puede que no haya un siguiente oportunidad.

 

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