"Aquí no vivimos y tampoco comemos basura"

General Güemes cuenta con un basural a cielo abierto que es de dominio departamental; hubo intentos por transformar el lugar en un relleno sanitario, pero por muchos motivos este proyecto no pudo concretarse. Se puede acceder al vertedero por la ruta provincial Nº 113 que parte desde la ciudad de General Güemes y atraviesa el basural hasta llegar al río Mojotoro. La distancia que lo separa con el último barrio por el lado sur de la ciudad es de aproximadamente un kilómetro. La ruta provincial está asfaltada hasta el cruce con el camino al Algarrobal, porque por allí se accede a la Cárcel Federal.
El basural de General Güemes cobró gran trascendencia durante esta última semana debido a un tremendo hecho de sangre que se cobró la vida de una persona. Como una consecuencia sobre la información del aberrante crimen, surgieron algunos datos sobre la forma de vida que llevan adelante personas que viven en el lugar. Para conocer la realidad de quienes a diario revisan la basura para ganarse el sustento, El Tribuno dialogó con algunos de ellos, aunque no fue fácil vulnerar la intimidad que por pudor guardan celosamente.
Al llegar se pueden observar moverse sobre una montaña de basura a unas cuatro personas, mientras otras preparan las botellas de plásticos para ser embolsadas. En forma inmediata al notar la presencia de alguien que no pertenece al lugar, la mayoría tomó distancia. Por suerte, Ester Vega se quedó a responder algunas consultas.
Ester Vega tiene 53 años, 7 hijos y un esposo que está desocupado. Al basural viene sola y lo que junta le sirve para mantener a su familia. 
Antes de responder alguna pregunta, Ester casi a modo de reclamo dijo: “Aquí nadie vive ni come de la basura”, una expresión contundente debido a que mucho sobre eso se dijo en distintos portales cuando se hizo referencia al asesinato cometido en una de las chozas. “Nosotros vivimos del basural y no en el basural. Este es nuestro trabajo, pero no nos quedamos a dormir y nos vamos a comer a nuestras casas”, aseguró Ester. Luego de dejado en claro ese punto, dio algunas precisiones. “En total en este lugar trabajamos unas 12 personas. Igual cantidad de mujeres que de varones, cada uno representa a una familia y trabajamos toda la semana menos el domingo. Juntamos solo botellas plásticas las cuales nos vienen a retirar los jueves y los sábados”. Las personas recolectoras juntan solo elementos plásticos y los embolsan en la forma más compactada posible. “Lo que hacemos para que pesen más es aplastar las botellas lo que más se pueda, así en una bolsa pueden ingresar hasta 50 kg. Este jueves no pude entregar y hoy sábado entregué 9 bolsas y recibí $ 4.750. Es mucho trabajo, pero se puede recibir una buena paga. Nos pagan 11 pesos el kg de plásticos”. Por tratarse de un trabajo donde se debe buscar entre la basura que otros descartan, las personas que se dedican a esto no quieren ser identificados, pero realizaron su aporte a la entrevista con Ester. “Solo juntamos el plástico, pero si conseguimos cobre o aluminio también los separamos. Vidrios no compra nadie, tampoco cartón, pero quiero remarcar que nadie vive en este lugar. Tenemos nuestra choza solo para resguardarnos un poco del calor, el frío o la lluvia pero nadie se queda a dormir”, aportó otra de las trabajadoras que seguía de cerca el diálogo.
 

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