Las primeras heroínas del Plata

Uno de los aspectos poco transitado del poblamiento hispánico en América, es la presencia de las esposas, hermanas e hijas de los conquistadores. Las noticias de las primeras mujeres que arribaron al actual territorio argentino son escasas. Un trabajo del padre Guillermo Furlong, "La cultura femenina en la época colonial", nos aproxima a sorprendentes revelaciones. No se conoce el número exacto de mujeres españolas llegadas con las primeras expediciones, pero cabe destacar el relevante accionar desplegado por ellas.

El poeta Mateo Rozas de Oquendo en su poema "La Famatina", dejó plasmada la labor de estas primeras mujeres: "Unas hilan plata y oro, otras hay que adoban guantes, otras que viven de costura, otras de punta de encajes, otras de pegar botones y otras de hacer ojales. Otras hay que hacen pastillas, pavetillos y ciriales.

Otras ensalman criaturas, otras curan mal de madre, otras hay que toman puntos, otras labran solimanes, otras hay que hacen turrón, para vender por las calles. Otras hay que hacen vainillas, otras pespuntes e hilvanes. Otras hay que hacen cadeneta, puntos llanos y reales.

Otras hay que hacen rosquillas, conservas y mazapanes, otras hacen clavellinas, espigas de oro y plumaje. Otras, chicha de maíz, otras que venden tamales, otras polvos para dientes, otras que ponen lunares, otras que zurcen costuras, descosidas por mil partes".

La expedición de Mendoza

Con don Pedro de Mendoza, en su arribo al Plata, venían ocho "nobles consortes" de ciertos capitanes. Paul Groussac, puso en duda que se trataran de "esposas de buena ley". En un ensayo titulado "Las primeras mujeres", expresa que nobles o plebeyas, el hecho es que estas féminas audaces y heroicas, estas mujeres del Adelantado fueron las primeras que llegaron al Río de la Plata. Poco se sabe de ellas, la primera conocida es María de Angulo, hija legítima de Juan Manrique, que casó con Francisco de Mendoza, quien vino en la expedición. Pereció en una emboscada tendida por los indios.

De las llegadas con Mendoza, Isabel de Guevara; era la esposa de un caballero sevillano llamado Pedro de Esquivel; es la que más noticias dejó de su existencia. En 2 de julio de 1556 escribió a la princesa Isabel refiriendo sus aventuras. Recordando el grupo de mujeres en que venía, dice: "Fue tanta la solicitud que tuvieron, que si no fuera por ellas todos los hombres fueran acabados". La historia se detiene en las acciones brillantes de los militares, en las intrigas políticas y en las cuestiones de economía. Pero una empresa como la de conquistar y poblar estas tierras requería, además la labor oscura y modesta de las mujeres. Isabel de Guevara relata que habiendo partido mil quinientos hombres con Don Pedro de Mendoza "al cabo de tres meses murieron mil" por falta de provisiones y por el hambre.

Llegados a la Asunción los restos de la magnífica expedición, fueron las mujeres quienes cavando la tierra con las manos, hicieron las primeras siembras, "hasta tanto que los soldados guarecieron de sus flaquezas y comenzaron a señorear la tierra y adquirir indios e indias de su servicio, hasta ponerse en el estado en que ahora está la tierra". Otras mujeres vinieron con Mendoza, pero que luego regresaron con éste. Fueron María de Dávila, que ofició de enfermera del Adelantado y Elvira Pineda, "criada" de don Juan de Osorio.

Las nuevas expedicionarias

En 1538 se mencionan con Alonso de Cabrera, lugarteniente de Mendoza, a dos mujeres: Luisa de Ayala y Francisca Huares. Con Alvar Núñez Cabeza de Vaca son cuatro: Juana Méndez, Juana Núñez, Ana de Salazar y Luisa de Torres. En la armada de Juan de Sanabria, en 1550 se citan seis mujeres: Mencía Calderón y sus hijas María y Mencía de Sanabria, Isabel de Becerra, Elvira Carbajal e Isabel de Contreras. Isabel de Becerra llegó con sus padres y casó en Asunción con Juan de Garay. En la flota de Martín de Orúe, en 1555 Juana y Leonor de la Torre y cuatro hijas del portugués Acosta. Juana de la Torre casó con Diego de Mendoza; Leonor con el capitán Juan de Ortega y una de las hijas de Acosta, con Felipe de Cáceres. El mayor contingente de mujeres llegó al Río de la Plata en 1573 con el infortunado Juan Ortiz de Zárate. Se encontraban en ese grupo: María Alonso, acompañada de su esposo Antonio Flores y de sus hijos; Beatriz de Aranda, con su esposo Diego de Ribas; en segundas nupcias casó con el tesorero Hernando de Montalvo. Esposas y madres fueron Leonor Blázquez, Isabel Domínguez, María de Heredia, María de O, Inés de Pineda, Francisca Quirós, María de Salcedo, María de Sepúlveda, Juana de Valverde, María Dávalos Altamirano, Antonia Moreno, a quien acompañó además de su esposo, el capitán Melchor Núñez Vaca, sus hijas Isabel, María, Ana y Catalina.

El padre Furlong relata: "Mujeres valientes y denodadas eran aquellas del siglo XVI, que no se arredraban de cruzar el Mare Tenebrosum en frágiles navecillas, dejando a las espaldas el solar familiar, con la descansada vida andaluza, o con las maravillas sevillanas, afrontando un mundo desconocido que forzosamente había de ser para ellas un mundo de privaciones y de penalidades. Unas frisaban los sesenta años, otras, como María Blázquez, solo contaba catorce años y venía con su padre, mientras Constanza de los Ángeles solo tenía once años de edad”. En 1581 llegaron veinte mujeres con don Alonso de Vera “El Tupí”, de las que no quedan demasiadas noticias. En el Tucumán y en Cuyo se destacan algunos nombres patricios: Catalina Abrego, Sabina Albornoz, Dominga Alba de Torres, Francisca Astudillo, María Bejarano, Lorenza Vázquez de Díaz Cabrera, Juana Chavero, Ana Lozano, Isidora Gallegos. En Mendoza, Ana de Mercado y Real. En Córdoba destaca Leonor de Tejeda, mujer de tan alta cultura que entre sus libros tenía uno de Luis Vives y las obras de Santa Teresa, cuyas reglas adoptó al crear el Monasterio de Santa Catalina de Siena, el primero de mujeres fundado en el país en 1617.

Maternidad y magisterio

No se puede afirmar que todas las llegadas durante el siglo XVI tuvieran una cultura notable, pero es evidente que la mayoría sabía leer y escribir y, por cierto, con corrección. Algunas fueron las primeras docentes. En 1575 Francisca Josefa de Bocanegra abrió una escuela para niñas en la Asunción. Tenía aquella primera educadora ochenta años de edad y el padre Pedro de Oñate relataba que con su caridad y prudencia ha sustentado durante cuarenta años de setenta a ochenta doncellas pobrísimas. Hernandarias de Saavedra prestó su más franco apoyo a la obra de la ilustre matrona recomendándola a Felipe III, en carta de 5 de abril de 1604 en la que expresa que las educadoras eran de mucha calidad y todas hijas de conquistadores. El monarca ordenó que la obra fuese apoyada. En la “Historia del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán” el padre José Guevara expresaba: “por lo que toca a la educación femenina, durante el decurso del siglo XVII puede decirse que, a la par de los hombres, todas ellas sabían leer y escribir”. En el siglo XVIII en pocas regiones de América fue tan insignificante el analfabetismo como en el Río de la Plata. Si nos circunscribimos al siglo XVI, en materia educacional nos encontramos con un factor singular: las mujeres, madres o hermanas ejercen el rol de maestras. La ausencia de otros elementos de enseñanza, nos lleva a la conclusión de que la gran escuela fue el hogar.

La instrucción de un Hernandarias de Saavedra, la primaria de un obispo como Trejo y Sanabria, la de un Hernando de Mendoza, un Padre González de Santa Cruz, un Jerónimo Luis de Cabrera, un Ruy Díaz de Guzmán (primer historiador argentino), un Antonio de León Pinelo (figura cumbre de las letras) y de otras figuras señeras de los primeros años del país, reposaron sobre estas madres y maestras, figura central en las jornadas épicas del poblamiento rioplatense.

María de Sanabria

Especial referencia merece María de Sanabria, prototipo de madre rioplatense en los primeros días del poblamiento hispánico en América que dio a las tierras del Plata a hijos ilustres. Hija de Juan de Sanabria y Mencía Calderón. A la muerte del padre, fue Mencía quien tomó a su cargo la expedición. Compartió con su madre innumerables peripecias viajando 400 leguas a pie, arribando a la colonia el 22 de diciembre de 1555 junto con cuarenta mujeres y doscientos soldados. María contrajo nupcias con el capitán Hernando Trejo, de esta unión nació Fernando de Trejo y Sanabria, el primer provincial criollo de la orden franciscana en ocupar la silla episcopal tucumanense, fundador del primer Seminario en Santiago del Estero y de la Universidad de Córdoba.

Habiendo quedado viuda, contrajo matrimonio en segundas nupcias con Martín Suárez de Toledo, con quien tuvo ocho hijos. De ellos merece destacarse, Hernando Arias de Saavedra, el primer gobernante criollo en Asunción y posteriormente, en el Río de la Plata. La primera generación de criollos no estuvo formada por analfabetos, sino por hombres que sabían leer y escribir. Los primeros hijos de la tierra fueron formados por el hogar y la madre. Cupo a estas primeras mujeres generosas dar hijos a la nueva patria e infiltrar en ellas virtudes, conocimiento, fe y saber. A la par de esta tarea docente, era menester conciliar la labor doméstica que abarcaba múltiples aspectos en la austera y mísera vida rioplatense.

Un histórico sacrificio

Sin la valentía de estas pioneras, el establecimiento de los españoles en el Nuevo Mundo no hubiera sido posible. La historia de la mujer en tierras del Plata, representa un camino de trabajo sacrificado, de adaptaciones en la sagrada misión de sostener la familia y educar a la prole. Empero, en la actualidad, los esfuerzos no concluyen, el derrotero femenino en los campos del trabajo y del desarrollo familiar, implican nuevos desafíos en la lucha por conseguir una equidad laboral que aún no está lograda. Es imperativo superar determinados índices de violencia que cercenan ilusiones y en ciertos casos, siegan la vida. Otrora, valientes heroínas, hoy mujeres lanzadas a construir su propio destino. Nuevas heroínas, nuevos horizontes y nuevas utopías.

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