Merienda con los abuelos del asilo de ancianos

Daniel Humacata, un joven de 27 años y reciente comerciante, al poco tiempo que abrió su local de desayunos y meriendas, tuvo la iniciativa de invitar a los abuelos y abuelas del hogar de ancianos, cada semana a merendar gratis.

Como no pueden movilizarse por los peligros que implican sus avanzadas edades, el joven le pide prestado el vehículo a su hermano y los busca todos los sábados a la tarde de los respectivos asilos.

Los abuelos, contentos, comparten toda la tarde en camaradería, tomando su licuado, jugo, tostados o lo que quieran. Luego de pasar una tarde distinta, recordando anécdotas de la vida misma, Daniel, los lleva de regreso. Una simple acción que desde hace tres meses, les cambió la vida a los abuelitos.

"Hace cuatro meses que abrí, yo vine del sur porque estaba trabajando allá, y aproveché que mi tía me ofreció una parte del local. Empecé en este rubro desde cero", relató a El Tribuno Daniel Humacata.

Para curar la pena

"Luego, a la semana que había abierto, mi abuelito lamentablemente falleció, y por cuestiones de salud no lo pude traer a mi local, entonces pasé una semana muy triste y pensando en él. Ese día, luego de cerrar, me tomé un remise, apenas puse un pie en mi casa, lugar donde también vivía él, se me vino esta idea repentina, de invitar a merendar gratis a todos los abuelos y abuelas de los asilos. Inmediatamente le mandé un mensaje a mi mamá para contarle y preguntarle si que le parecía, ella me contestó que le gustaba y que además me iba a ayudar a atenderlos", expresó entusiasmado.

Al ser nuevo en el rubro, y como cualquiera que empieza un emprendimiento, sabe que los primeros tiempos son los más difíciles; hubo quienes le decían o le aconsejaban que era una pérdida regalar algo así y más aún cuando recién se comienza, sin embargo, el joven hizo oídos sordos, y siguió adelante con la iniciativa.

Cada vez mejor

"A medida que ellos empezaron a venir, nos fuimos conociendo y llevando cada vez mejor. Hasta el día de hoy, gracias a Dios seguimos compartiendo. Incluso en Año Nuevo, decidimos hacer una despedida, pero como no podían venir, llevé todo y me trasladé al asilo", contó.

"Como estoy solo, le pedí ayuda a mi tía para que me colabore, entonces les hice sanguchitos de miga, ensalada de frutas, gaseosas y sidras, e hicimos el brindis allá. También las invitamos a las abuelas del otro asilo, que son solamente tres", señaló.

Respecto a cómo tomaron los abuelitos esta linda iniciativa, el muchacho dijo: "La verdad que ellos están recontentos, y yo también porque a mí me encanta conocer y hablar mucho con la gente, y ellos tienen otra onda, ellos son más bien como muy contenidos para hablar, pero noto que desde que empezaron a venir, fue cambiando nuestra relación".

"Ahora nos tenemos mucha más confianza, nos abrazamos, nos damos cariño, puedo decir y sentir que somos como una familia. A mí pone muy feliz que ellos cada sábado me esperan, es algo que me emociona mucho. Le pido prestado el auto a mi hermano para ir a buscarlos y cuando llego ya están casi siempre listos", dijo emocionado.

Amigos más grandes

"A mí siempre me gustó tener amigos más grandes que yo, al igual que con los que son más chiquitos, también tengo una conexión especial. Y el tiempo que estuvo vivo mi abuelito, lo aproveché todo lo que pude, por eso les recomendaría a la gente que hagan un esfuerzo, y se junten con ellos, con sus propios abuelos, que compartan, no se trata de dinero, sino de compartir un buen momento, por eso invito a todos aquellos que puedan hacer algo parecido, que lo hagan, porque es muy lindo que alguien espere de vos una actitud así", señaló Daniel.

Una “vaca cumpleañera”

Daniel se disfraza para darle mayor brillo a los cumpleaños.

A los pocos días de la iniciativa, al joven se le ocurrió otra idea para alegrar y festejar los cumpleaños de los abuelos: se compró un disfraz de vaca. “Con mi mamá nos fuimos un día a Salta y compramos la vaquita, para hacer algo distinto, a veces me disfrazo yo o sino me ayuda mi mamá”, expresó. 

Además, convocó a una academia de danzas para que bailen para los abuelos. “Son amigos míos y cuando les propuse la idea, aceptaron con la mejor predisposición, y les dieron un lindo espectáculo”, concluyó.

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