Un continente inhóspito para la democracia y la información

La libertad de prensa en América vive un período marcado por la pandemia de la COVID-19 y un clima de polarización política que han configurado una "tormenta perfecta" en la región, como quedó reflejado en la jornada inaugural de la Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), celebrada ayer.

La entidad, que reúne a la mayoría de los medios de prensa del continente, presentó ayer el "Índice Chapultepec", de libertad de expresión y de prensa. También invitó a la pagina lapicesinmortales.com, donde se rinde homenaje a los periodistas asesinados por el crimen organizado o las fuerzas represivas del Estado. Allí se presentan los lápices creados con el adn de periodistas víctimas de esos flagelos. Con uno de esos lápices el presidente de Panamá, Laurentino Cortizo Cohen, rubricó la Declaración de Chapultepec y la Declaración de Salta. Además, la SIP otorgó su premio mayor a los profesionales que murieron luego de contraer COVID-19.

América Latina sigue siendo un escenario muy peligroso para el ejercicio del periodismo. Atentados a los periodistas y medios de comunicación, agresiones físicas, torturas, secuestros, desapariciones y detenciones arbitrarias.

Entre marzo y octubre se registraron 14 asesinatos. De estos, seis fueron en México, tres en Honduras, dos en Venezuela, uno en Barbados, uno en Brasil y uno en Colombia.

La 76ª Asamblea General debía haberse celebrado en Madrid pero la pandemia obligó a que se adoptara la modalidad virtual.

Un escenario sombrío describió Roberto Rock, presidente de la comisión de Libertad de Prensa e Información de la SIP; un periodista mejicano que dirige La Silla Rota, una página digital. La pandemia, la crisis económica general, la propia de los medios, una sociedad castigada y empobrecida, con un clima político virulento amenazan a la libertad de información.

Ya en 2017 la SIP se había puesto en alerta cuando el presidente de los EEUU, Donald Trump, estableció a la prensa profesional como "el enemigo", inventó anatemas como las "fake news" y alentó fantasías como la posverdad. En Estados Unidos la libertad de prensa es un bien de rango constitucional. La aparición, en la superpotencia de un presidente de conductas populistas como las observadas en Venezuela, el Ecuador de Rafael Correa y Nicaragua, es lo que se llama "un cisne negro". Hoy, gracias a Trump ese país no alcanza ni al 50% del índice de Chapultepec. "La tragedia de la pandemia ha agudizado el miedo a la libertad de expresión existente en muchos países", dijo Rock en su exposición. Venezuela, Cuba y Nicaragua son los países donde el cerrojo a la prensa (y al pensamiento libre) es más brutal.

Casi todos los gobiernos tienden a molestarse con la prensa informativa. Ellos preferirían que los medios sean partes de prensa. Sueñan con el mítico "diario de Yrigoyen". La hostilidad hacia la prensa es notable en los gobiernos de Brasil, México y Estados Unidos.

En las deterioradas democracias de América Latina los ataques a la prensa provienen de los gobernantes nacionales, provinciales y comunales, que hasta buscan instalar la censura previa. Por otra parte, en la sociedad al margen de la ley, las organizaciones criminales utilizan el asesinato para disuadir a los periodistas excesivamente "curiosos".

 

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