Múltiples crisis y grietas que son absurdas

Argentina atraviesa un momento de crisis múltiples. La crisis obvia y catastrófica del coronavirus, la crisis de confianza en el sistema político, la crisis macroeconómica sintomática de la realidad, y una profunda crisis social, de hábitat, empleo y dignidad.

Por supuesto que las crisis múltiples que describo tienen, algunas de ellas, orígenes pre - pandemia y por la debilidad del sistema político, social y el tejido precario de consensos, acrecientan sus dimensiones, seriedad, y efecto sobre los más vulnerables.

El análisis de la realidad de más de un millón de contagios de COVID 19 y casi 30.000 muertos, debería ser lo suficientemente sobrio para amoldar los procesos políticos a un camino indispensable de consensos, de soluciones, de rumbo compartido y rendición de cuentas con los números sobre la mesa, pero con todos los conciudadanos adentro.

Desafortunadamente, la Argentina carece de una cultura del encuentro que logre fundar bases sólidas de políticas públicas inamovibles.

Nos referimos a consensos básicos que, al ser tan básicos, terminan siendo, inclusive apolíticos - o por lo menos, no deberían tener el carácter de las confrontaciones propias de una iniciativa disruptiva o altamente novedosa para el país.

El Estado

En una breve reflexión, desde afuera hacia adentro, debemos considerar que la función del Estado como actor articulador solo es la suma de las partes que deben crear un contexto de confianza, y una senda de acuerdos económicos y sociales, que incluya también lo cultural, ambiental y ejes interseccionales, como el de género. Teniendo en cuenta estas dimensiones, la Argentina y Salta, ambas, tienen hoy una oportunidad única para comenzar un camino que priorice un esfuerzo político y social hacia encuentros estratégicos y a largo plazo.

A modo de ejemplo: un camino de consensos pragmáticos incluirá áreas matrices como inversión en salud, educación, seguridad, constancia jurídica, inversión pública, conectividad y producción sustentable.

Estos temas de agenda común requieren no necesariamente una mirada política en ultimatum, pero más bien una visión común de que significa tener metas de progreso común como país, como provincia.

Ante el desafío descomunal de la miseria que la pandemia dejará como resultado penoso, no crear el contexto para construir consensos sería un error táctico - político, para los que miden éxito con resultados electorales, y altamente carente de ética, para el resto de los mortales que medimos éxito como el bienestar común.

El desafío es el de siempre. Los péndulos sistémicos de nuestro país caen en los fanatismos más creíbles, que inclusive, dejan de lado la realidad para crear mitos de sí mismos.

Cómo queja cívica, sí tuviéramos una cultura de consensos económicos, sociales, ambientales, y culturales en base a una agenda común de puntos programáticos, la utilización de la grieta como fenómeno político termina por vaciarse.

Las grietas

Las grietas, ya lo decía Ernesto Sábato, no son más que huecos retóricos basados en el sesgo de no ver más allá del fin individualista de la ganancia tacita de querer imponer verdades sobre la realidad.

La realidad es que sin acuerdos, sin la frugalidad de la palabra, y sin puntos de encuentro trascendentales a una posición individual, poco es posible. La primera etapa de la cuarentena estricta en abril de este año es un ejemplo: todos decidimos acordar quedarnos en casa para proteger al vecino. Hasta los medios de comunicación - tan antagónicos entre ellos - tiraron a la calle una tapa única que decía "Al virus lo frenamos entre todos. Viralicemos la responsabilidad".

Para saltar el cerco y sesgo de caer en la simplificación mundana del enfrentamiento pseudo - ideológico, es necesario construir consensos. La buena noticia es que la construcción es posible, y está en marcha.

En el mundo, los consensos básicos de los Objetivos de Desarrollo Sustentable de Naciones Unidas es una guía clave para encuadrar el esfuerzo mundial de revertir indicadores en pobreza, hambre, nutrición, desarrollo productivo, protecciones ambientales, y educación, entre otros temas.

Todos los objetivos eran urgentes pre-pandemia; en pandemia, ya hay indicaciones que lo ganado en los últimos 5 años se perdió en 7 meses.

Aun así, la agenda global del G20 y Naciones Unidas utiliza los Objetivos de Desarrollo Sustentable como matriz de acuerdos para la construcción de consensos, liderado por el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC).

Obviamente, la dificultad de construir consensos no es una dificultad exclusiva de la Argentina. Por eso, desde 1999, la Asociación Internacional de Consejos Económicos y Sociales e Instituciones Similares (AICESIS) reúne a más de 75 países con la intención de "alentar la creación de Consejos Económicos y Sociales en países en los que aún no existen a través de la popularización del valor añadido de estos órganos consultivos".

La figura institucional de los Consejos Económicos y Sociales se remontan a grandes crisis nacionales o momentos catastróficos que requieren de la conversión de un espacio de diálogo pragmático, fluido, y honesto que logre recomponer consensos perdidos para garantizar un rumbo común. Justamente así, desde 1950 funciona en Holanda el primer Consejo Económico y Social del mundo, creado para afrontar las dificultades de aquel país al terminar la Segunda Guerra Mundial.

No es casualidad que el presidente Alberto Fernández antes de dar su discurso ante la apertura de sesiones del Congreso de la Nación prometiendo fundar el Consejo Económico y Social nacional, primero se instruye de la experiencia de Holanda, y Finlandia, otro caso pionero. 

Esta es la oportunidad que depende de la madurez política de nuestros líderes, líderes que hemos elegido democráticamente. 

A nivel país, el proceso para el establecimiento de un Consejo Económico y Social nacional está en marcha. En base a diez consensos básicos -el primero dice “necesitamos exportar más”- el Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación lanzó la hoja de ruta con mesas sectoriales que cubren a todas las cámaras empresariales, sindicatos y agencias del Estado, faltando participación de la sociedad civil y universidades. De todas maneras, un paso hacia la construcción de consensos. 

En Salta, el Consejo Económico y Social funciona desde mediados del 2015. Bajo el liderazgo del Dr. Lucas Dapena, el Consejo ya elevó al gobernador Gustavo Sáenz once propuestas básicas de encuentros entre los 28 actores que lo componen. Estos 11 acuerdos básicos son parte de 134 propuestas para la construcción de consensos para priorizar políticas públicas que ayuden al crecimiento de Salta en el mediano y largo plazo. El Consejo Económico y Social de Salta debe ser el foro para presentar, negociar y decidir sobre los puntos básicos de encuentros para el desarrollo de la provincia. Estos consensos deberán, después, ser refrendados por nuestros representantes en la legislatura, y ejecutados por el Gobierno, y para garantizar procesos virtuosos, los resultados y correcciones deberán ser atendidas por el Consejo y su membresía multidisciplinaria. 

Por ello, aunque tengamos en muchos casos que lidiar con la banalidad de la política hueca de vocación de servicio público, las soluciones para afrontar una construcción de un rumbo común es posible y está en marcha, en el mundo, en Argentina y en Salta. 

La responsabilidad de crear las condiciones para lograr que esos consensos cambien la vida de todos nosotros dependerá de todos los actores de poder para que puedan interpretarse como comunidad, y no en competencia dentro de una grieta absurda. 

 * Ezequiel Jiménez es Magister en Políticas Públicas y co-director Jiménez Buttazzoni Consultoría.
 

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