"Mi hija salió a comprar pan y  no regresó nunca más"

El domingo 30 de agosto Jorge Durán Condorí conducía borracho una camioneta que se terminó incrustando en una casa. En su trágico recorrido, el vehículo se llevó para siempre la vida de una joven madre: Carina Valeria Flores de 24 años. Ayer se cumplieron dos meses del fatal siniestro y Patricia Cayo, madre de la víctima, se reunió con familiares, amigos y vecinos en la rotonda del asentamiento Virgen de Urkupiña para encender velas y pedir justicia por su hija.

"Pedimos justicia porque al asesino que manejaba ebrio le dieron la prisión domiciliaria, cuando en realidad no tenía que haber manejado en ese estado, tuvo desprecio por la vida", apuntó Patricia en diálogo con El Tribuno. "Si tuvo problemas con su pareja y se puso a tomar, se hubiera dañado él y no a terceros, a gente inocente. A mi hija le quitó la vida".

Patricia se quiebra y trata de reincorporarse a la charla. No puede contener tanto dolor. "Estamos todos destruidos, mi hija tenía 24 años, dos nenas hermosas y todo un proyecto de vida. Por eso pido y voy a seguir luchando por justicia, para que esto no quede en el olvido". La víctima dejó a dos niñas de 4 y 7 años huérfanas, pequeñas que están al cuidado de su abuela. "Voy a pedir la tenencia para poder criar a mis nietitas", sostuvo Patricia, quien tras el trágico hecho tuvo que pasar de ser abuela a madre nuevamente.

Acerca del día en que "un borracho" terminó con la vida de Valeria, la señora contó: "Estábamos en la casa de mi otra hija, Natalia, por jugar a las cartas y tomar el té. Ella (por Valeria) salió a comprar pan y nunca más regresó. Al rato llegó un vecino y nos dijo que habían atropellado a mi hija. Salimos corriendo, estaba a una cuadra y media, el escenario era horrible con una camioneta incrustada en una casa".

Lo primero que hizo Patricia, según su relato, fue buscar a su hija. "Una ambulancia ya se la había llevado", contó, frente a la calamidad en la que estaba parada, "no aguanté más, primero me descompuse y después me desmayé. Estaban los bomberos, la policía en medio de un escenario de terror". La madre de la víctima sostuvo que en la casita donde se incrustó el rodado había un kiosco donde "mi hija había ido a comprar".

"Jorge Durán Condorí se llama el asesino de mi hija, tiene desprecio por la vida y encima lo beneficiaron con la prisión domiciliaria", repite una y otra vez la mujer. Tras el desmayo Patricia se enteró de que los bomberos habían sacado a un hombre en camilla, "pensé que era una víctima del accidente pero después me dijeron que era el tipo que manejaba borracho, en ese momento lo quisieron linchar por lo que había ocasionado".

Sin arrepentimiento

"Este asesino no se arrepintió de nada, mi abogado me contó que en sus declaraciones dijo que había tomado solo un vasito de vino, yo pregunto, ¿cómo puede ser entonces que el test de alcoholemia le haya dado 1,3 de alcohol en sangre? Dijo que había discutido con su pareja y que la mujer lo echó de la casa, no tuvo mejor idea que, despechado, ponerse a beber, agarrar un vehículo y salir a matar. Pero no se arrepintió de nada, también dijo que no se acuerda de nada".

El estado de ánimo de una madre que perdió a su hija de 24 años pasa de la tristeza absoluta a un impulso de impotencia cargado de bronca. "También dicen que es una persona de riego por no sé qué problemas tiene en los pulmones, y no sé cuántas cosas más. Y no tiene 72 años, es mentira eso, tiene 49, es ciudadano boliviano y actualmente está con domiciliaria en la casa de su hermano", disparó Patricia.

"No es justo que una persona que estaba borracha y haya discutido con su pareja se suba a un vehículo y salga a matar. Si tiene desprecio por la vida y tenía ganas de hacer algo cómo no se mató en soledad sin salir a dañar a otros, a perjudicar a gente inocente que no tuvo nada que ver con sus problemas. Jorge Durán Condorí tendrá que pagar por lo que hizo con mi hija, espero que la Justicia le caiga con todo su peso", señaló la mujer.

Aseguró que todos los 30 de cada mes saldrá a gritar a los cuatro vientos lo que hicieron con su hija, "sé que no me la van a devolver pero él tiene que pagar, es el culpable del homicidio de mi hija. De lo contrario ella estaría acá con nosotros, todos la extrañamos un montón, casi todos los días iba a mi casa. Es muy horrible perder un hijo, es lo peor que le puede pasar a un padre, encima una joven de 24 años que estaba criando a sus hijas".

Allí está Patricia Cayo, junto a familiares, amigos y vecinos del asentamiento Virgen de Urkupiña donde una camioneta después de hacer la rotonda siguió de largo y mató a una joven, madre de dos nenas de 4 y 7 años.

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