Escuelas albergues burbujas, la mejor opción para una vuelta a clases segura

La escuela primaria Victorino Sosa ubicada en el pueblo de San Antonio de los Cobres, en el departamento de los Andes, es uno de los 19 establecimientos con régimen de verano en la provincia, es decir, que tiene clases en enero y febrero, cuando la mayoría de los chicos está de vacaciones, y descansa en junio y julio, cuando el invierno castiga con crudeza estas zonas. San Antonio está a 155 kilómetros de distancia de la capital salteña y se puede llegar en vehículo en tres horas. La escuela Victorino Sosa es de jornada extendida y tiene 365 alumnos en total (de inicial a séptimo), 14 maestras y maestros de grado y ocho de áreas especiales, entre los dos turnos.
Un poco más arriba, en medio de los cerros de los Andes, a 45 kilómetros de San Antonio está la escuela María del Rosario de San Nicolás. También es primaria (plurigrado), pero a diferencia de la Victorino Sosa es albergue y antes de la pandemia de coronavirus 19 niñas y niños dormían en la institución de lunes a jueves. Entre la directora y el resto del personal no suman más de cinco personas.
De mantenerse la situación epidemiológica actual (de riesgo medio, semáforo amarillo) a partir de enero ambas escuelas deben volver a la presencialidad, claro de forma organizada. El protocolo para la vuelta a clases del régimen de verano presentado por el Ministerio de Educación está siendo analizado por el COE (Comité Operativo de Emergencia) y en una o dos semanas habría una devolución, por lo que oficialmente no se quiso dar mucho detalle de las medidas ya que estas podrían corregirse.
A modo de ejemplo, la secretaria de Gestión Educativa, Roxana Celeste Dib, dijo que en las escuelas albergues los chicos podrían estar 15 días en la institución y 15 días en sus casas. Primero una mitad del grupo y después la otra mitad. Si bien nada está definido todavía y todo depende siempre de la situación epidemiológica y sanitaria, hoy la decisión de volver a las aulas en las escuelas de verano está tomada y la idea de formar burbujas educativas en las escuelas albergues en estos momentos es la mejor opción para una vuelta a clases segura. 
Estos establecimientos no tienen tantos alumnos, seguramente varios de los chicos y de sus docentes ya tuvieron COVID-19 y están inmunizados por lo menos hasta que terminen el nuevo ciclo que arrancó en agosto pasado. El único con más matrícula es el colegio secundario Sagrado Corazón de Jesús (de San Antonio de los Cobres), donde estudian 435 adolescentes, y deberá buscar la manera de organizarse. Después la escuela de Pizcuno tiene 19 alumnos, la Cnel. Enrique Vidt de El Arremo (Jasimaná) 46; la escuela Benjamín Zorrilla, en Cobres (La Poma) 56 chicos y la de Cerro Negro, también en La Poma, 30. 
El traslado de docentes es un tema que hasta ahora Educación no ha podido resolver. Sí tiene en claro que los maestros que estén dentro de los grupos de riesgo declarados en el marco de la pandemia no se moverán de sus casas y seguirán trabajando de manera remota. Para llevar adelante la propuesta, se deberán aceitar los mecanismos de control, relevar para saber quiénes ya tuvieron el virus y testear cada vez que se ingrese a la burbuja educativa. Esta modalidad está dado resultados en el fútbol profesional mundial y ya se está instrumentando en escuelas del país, y de resultar en este caso, luego se replicará en las escuelas albergues del sistema común, según adelantaron.
La directora de Pizcuno, Ana María Cáceres, por ahora no tiene nada planificado para su escuela, dado que aún no recibió ninguna bajada de línea oficial. De hecho, tampoco ve viable el regreso a las aulas y se inclinó por continuar con la educación a distancia que viene impartiendo desde marzo, cuando estaban en el tercer trimestre del ciclo lectivo anterior. 
“Como docente voy a hacer todo lo que más pueda con respecto a los cuidados, pero me parece que no es el camino correcto, se debería esperar hasta que haya una vacuna. Ya me los imagino a los chicos hasta intercambiándose el barbijo”, señaló la directora. En las redes sociales se pueden ver memes que ironizan con el intercambio de barbijos, lo cierto es que en una burbuja, donde previamente se controló que todos están sanos, este hecho no debería significar un riesgo.
Sonia Chocobar, directora de la escuela Victorino Sosa, que es de jornada extendida, ya tiene en mente dos ideas. Una de ellas es citar al primer ciclo (primero, segundo y tercero) de los turnos mañana y tarde unos días de la semana, y a cuarto, quinto, sexto y séptimo, otros días. Así tendría aulas libres para poder separar cada grado en dos grupos. Estos chicos si vuelven a diario a sus casas y una de las alternativas que se barajan es reducir al principio el horario escolar.
La otra idea es agrupar a los estudiantes según las destrezas, habilidades, capacidades y los contenidos que han podido desarrollar en este tiempo. Esto significaría borrar un poco la forma de dividir a los chicos por edad para apuntar a los logros. Ambas cosas requerirán una reorganización del plantel docente que para Chocobar es un equipo “excepcional” que ha puesto todo su profesionalismo en estos meses para conectarse de una u otra forma con los niños.
De acuerdo a datos proporcionados por el Ministerio de Educación, en Salta hay en total más de 2 mil niños, adolescentes y adultos que estudian durante el verano. Estos establecimientos están ubicados en los departamentos de Los Andes, La Poma y San Carlos.
 

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