Las tres personalidades salteñas que se llevó diciembre de 1970

En los primeros días de diciembre de 1970, Salta perdió tres destacadas personalidades de aquellos tiempos. El primero fue el ingeniero Mariano José Francisco Alfonso Peralta fallecido el día 3. Luego fue don Alberto Durand, que falleció el 6 de diciembre, y finalmente don Tomás Ryan que murió tres días después, es decir el 9 de diciembre. Una curiosidad: fallecieron sucesivamente cada tres días.

Don Alfonso Peralta

Como decíamos, el primer salteño conocido que falleció en diciembre de 1970 fue don Alfonso Peralta. Su nombre completo era Mariano José Francisco Alfonso Peralta, pero para los salteños era simplemente el ingeniero Alfonso Peralta. Había nacido en Salta el 1 de agosto de 1896 y fueron sus padres el Dr. Mariano Peralta y doña Elena Sylvester. Hizo sus primeros estudios en nuestra ciudad y el secundario en San Miguel de Tucumán. Luego pasó a Buenos Aires para ingresar a la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional donde se graduó de ingeniero civil a los 27 años de edad.

Recién diplomado, ingresó al Ferrocarril Central Norte (luego Ferrocarril General Belgrano) como ingeniero ayudante de Vías y Obras. Posteriormente pasó a desempeñarse como ingeniero jefe de la central y nudo ferroviario de San Cristóbal (Santa Fe). Luego de unos años pasó a cumplir idénticas funciones, siempre en el Ferrocarril Central Norte, en el nudo de General Gemes, ya en nuestra provincia. Y así, siguiendo su carrera como profesional ferroviario ascendió hasta el cargo de inspector de divisional en la Zona Norte.

Entre 1932 y 1956, Peralta desempeñó numerosos cargos técnicos tanto en la provincia como en la Nación. Fue asesor de los senadores nacionales Robustiano Patrón Costas y Carlos Serrey en todo lo concerniente a proyectos vinculados a diques y canales de riego, tanto en la provincia de Salta como en Santiago del Estero.

También fue director general del Departamento de Obras Públicas de Salta, jefe de Vialidad de la Provincia, e intendente de Riego de la Nación en Salta. Fue asesor técnico de la comisión de Obras Públicas y de la comisión ad hoc de estudio económico-financiero de las llamadas "Provincias Subvencionadas", en el Senado de la Nación. Y en 1958 logró una banca en la Cámara de Diputados de la provincia en representación del flamante partido Demócrata Cristiano.

Escribió numerosos artículos técnicos para diarios nacionales y provinciales y a través de ellos se opuso tenazmente a la aplicación a la "Tarifa de Montaña" implantada por ferrocarriles para el norte argentino hasta lograr su derogación. Propició el aprovechamiento de los principales ríos de la provincia, entre ellos el Bermejo y el Juramento.

Entre sus diversas inquietudes también podemos señalar que fue socio fundador en 1916 y primer presidente del club Juventud Antoniana; idéntico papel cumplió en la creación de la Filial Salta del Rotary Club en 1929. En 1934 fue cofundador tanto de la filial local del Automóvil Club Argentino como la creación de la Asociación de Ingenieros de Salta.

Por último debemos señalar que el ingeniero Alfonso Peralta tuvo mucho que ver con numerosos obras viales e hidráulicas que se realizaron en nuestra provincia a lo largo del siglo XX, y además, integró la Comisión Interprovincial de Límites, representando la provincia de Salta. Falleció el 3 de diciembre de 1970 a los 74 años de edad y estaba casado con doña Mabel Diez Ruiz con quien tuvo cinco hijos.

Don Alberto Durand

Otro salteño notable que se llevó aquel diciembre de 1970 fue don Alberto Durand, que a decir verdad era un salteño adoptivo pues había nacido en Catamarca en 1879. A dos días de su muerte acaecida el 6 de diciembre en el Hotel Termas de Rosario de la Frontera, El Tribuno despidió a su exfundador con esta semblanza en página central:

"Erguido sobre su propia historia, llena de páginas de vigorosa magnitud historia de pionero, don Alberto Durand desandaba laboriosos caminos en su ancianidad, y desde allí dictaba con sólidos fundamentos la cátedra rotunda de su experiencia. A caballo y a pie había recorrido los largos caminos de su lucha visionaria y cuando alcanzó las cimas, se volvió generoso al ponerse íntegramente al servicio de la tierra que amaba. Había nacido en Catamarca hace 91 años, pero toda su vida transcurrió aferrado profundamente a los favores de Salta.

En tiempos de las viejas milicias, don Alberto revistaba como capitán de la Guardia Nacional y se inició en las actividades mercantiles en 1906. Luego comenzó a remontar los Andes y en ese rudo trajín cordillerano abrió rumbos y estableció sólidos vínculos entre Chile y la Argentina. Era cuando andaba apurando recias jornadas en esa actividad, solo reservada para hombres legendarios. De allí bajaba para alternar con todos los ímpetus de su ideal en las fragorosas luchas cívicas de los tiempos bravos. Fue un bizarro (valiente) militante del viejo Partido Radical. Lo representó en bancas de la Legislatura Provincial y en el año 1928 presidía la convención Nacional que proclamó la fórmula Yrigoyen - Beiró.

En esa administración fue llamado a ocupar un sitial en el directorio del Banco de la Nación Argentina. Años después, en los albores del peronismo, creyó encontrar el cauce para manifestar sus convicciones a través de ese movimiento, al que se incorporó decididamente, alentando a las legiones populares que respaldarían esa nueva y vibrante eclosión. Durante nueve años representó a la provincia de Salta en el Senado de la Nación, donde siempre tuvo una acción relevante. Supo también de las vicisitudes que dividen y hacen sangrar con odios y persecuciones inútiles a la gran familia argentina, pero surgió de esas alternativas con su prestigio incólume y limpio. Penetró luego con la serenidad de los justos al corredor final de sus días, rodeado de la estima y el respeto de sus conciudadanos.

Rosario de Lerma, pueblo en el que derramó su acción generosa, lo tuvo como su patriarca. Salta pierde con la desaparición de don Alberto Durand, una de sus figuras relevantes. Un ciudadano que hizo del trabajo creador un permanente culto y que como él mismo decía, con legítimo orgullo, era el mejor blasón con el que podía adornarse: el de haber sido precisamente eso, un hombre de trabajo".

En 1955, fue declarado "traidor a la Patria" por el régimen militar al igual que sus pares del Senado Nacional, entre ellos don Carlos Xamena. A su muerte don Alberto dejó ocho hijos y diecinueve nietos.

Don Tomás Ryan

El tercer hombre relevante de la vida provinciana, que falleció en diciembre de 1970, fue Tomás Ryan. Su muerte fue el día 9 en la ciudad de Buenos Aires. Para este dirigente político El Tribuno también lo despidió en página central: "En esta nueva etapa de la vida argentina, en que por primera vez el pueblo llega a la Casa de Gobierno, quiero pedirles a los enemigos que se alejen con dignidad, aceptando la derrota limpia en las urnas. Que se vayan silenciosamente con su comitiva de tradiciones y ensueños de muchas décadas, donde se destacaron varones dignos. Así se fue una vez un gran salteño, Victorino de la Plaza, cuando entregó el mando a don Hipólito Yrigoyen. Pero guay de aquellos que quieran volver a las andadas, a retrotraer al país al fraude y a lo más espúreo de la política. Desde ya les advertimos a los ladrones de urnas y de votos y de esperanzas que no tendrán perdón". Nada más exacto para traducir el espíritu y el pensamiento de Tomás Ryan que este discurso pronunciado cuando el triunfo de 1946. Así fue Ryan en toda su vida política. Desde que ocupó las tribunas de la UCR, en su incorporación al peronismo el 17 de octubre de 1945, el 24 de febrero de 1946, en la banca de diputados, en la presidencia de la Cámara y en la jefatura del Partido Justicialista. Reconocía dignidad en él, hasta esbozaba una tregua pero era tremendamente demoledor en el enfrentamiento. Austero y generoso, nunca buscó beneficios personales pero cuando se aferraba a una lucha era para ponerla al servicio de su partido. Como hombre podía ceder y cedió todo lo suyo; y como jefe del partido mantuvo firme sus principios. Leal a los compromisos con amigos y leal al jefe exiliado, lo fue dejando todo en aras de su lealtad".

Tomás Ryan fue el último delegado personal del general Perón en Salta. Falleció a los 53 años luego de una larga y cruenta lucha contra un mal incurable. Sus restos arribaron a Salta el 11 de diciembre y la multitud que lo esperó en el Portezuelo lo despidió en el cementerio de la Santa Cruz. Estaba casado con Victoria Chaud y tenía cuatro hijos.

 

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