A pesar de las restricciones, un niño ya  convive con sus papás adoptivos

La felicidad es completa para los papás pero sobre todo para ese pequeño de tan solo cuatro años de edad quien, después de haber vivido institucionalizado en el hogar de niños Padre Ansaldi de Tartagal desde el momento en que nació, ahora goza de una familia con todo lo que ello implica.

Pero la pandemia les puso un nuevo obstáculo que seguramente los tres están dispuestos a soportar, como una prueba irrefutable del amor que ahora se profesan unos a otros porque de eso se trata la adopción. Por las restricciones que por el COVID-19 imperan en el departamento San Martín -desde el cual no se puede salir ni ingresar salvo casos excepcionales de salud o trabajo- la familia que llegó desde otro lugar permanece viviendo en Tartagal desde hace casi 15 días. Los papás consiguieron una vivienda donde residirán mientras transcurren estos primeros días, fundamentales de establecer vínculos con su hijo, de conocerse y reconocerse como papás, que ahora inician un proceso para lograr de la Justicia de familia la adopción plena del pequeño.

Desafío nunca antes vivido

La pandemia puso a prueba esta vez a la Justicia de familia, a todo el equipo técnico que trabaja en forma coordinada con el juzgado de Familia a cargo de la doctora Carmen Juliá, del distrito Norte Circunscripción Tartagal.

Y es que, como lo explica la magistrada, "es la primera vez que debemos iniciar ese importante proceso de vinculación entre los padres postulantes con el niño que va a ser parte de esa familia, pero respetando las restricciones propias del distanciamiento social. Un vínculo, pero con distanciamiento, era algo en lo que nunca habíamos trabajado y ahora se dio".

Carmen Juliá recordó que "después de seguir todos los procedimientos, el niñito había sido declarado en estado de adoptabilidad con una sentencia firme por parte de la Cámara de Apelaciones. A partir de allí iniciamos la búsqueda de los legajos que nos envía la Secretaría Tutelar de personas que ya están inscriptas y cumplen con los requisitos que exige la ley. Si bien es el juez quien está a cargo, en ese proceso intervino el asesor de menores Juan José Andreu, la fiscal Civil Rosa Vélez y un equipo conformado por dos psicólogas y un asistente social. Una vez que seleccionamos el legajo convocamos a los postulantes, previas audiencias concretadas, para iniciar el proceso de vinculación", precisó Juliá.

Los trámites previos al encuentro de los papás con el niño "a diferencia de otras épocas, debieron hacerse por teléfono y utilizando los dispositivos para hacer algunas gestiones en forma virtual. Los papás habían llegado por primera vez a Tartagal a mediados de marzo, antes de que se declare la cuarentena obligatoria, para tener las entrevistas con todo el equipo. Comenzamos el proceso de vinculación porque queríamos que este niño, que desde muy chiquitito estaba institucionalizado, por fin pudiera estar con una familia, porque el tiempo para él seguía, a pesar de las restricciones".

El proceso de vinculación "fue distinto a todos las que hicimos en oportunidades anteriores porque había que mantener el distanciamiento a pesar de que el nene solamente tiene 4 añitos. Pero la conexión con las miradas y el lenguaje verbal fue algo muy rico y fue lo que en definitiva determinó entregar la guarda con fines de adopción", dijo.

"Ese primer contacto se hizo en la Ciudad Judicial respetando las normas sanitarias vigentes, pero el segundo día el chiquito pasó más tiempo con la pareja. Y al momento de regresar al hogar el nene dijo que quería quedarse con sus papás. Previa consulta al equipo, se dispuso que se quede con el matrimonio en la vivienda que habían alquilado en forma previa aquí en Tartagal, antes de realizarse la última audiencia", relató la jueza.

 

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