A 10 años del matrimonio  igualitario, aún pesan los estereotipos

Oposición, manifestaciones, "visitas" para convencer que "no lo hicieran", pintadas. Los hostigamientos que sufrieron quienes militaron por el matrimonio igualitario hoy lo ven como un recuerdo. Hacen un balance y reflexionan: "Valió la pena".

El proceso comenzó en julio del 2010, cuando Argentina se alzó como el primer país latinoamericano en reconocer ese derecho. Pero ese fue el inicio de un largo camino a recorrer que a diez años aún encuentra oposiciones, aunque más maquilladas. Y aunque la aceptación se expandió, aún persisten configuraciones sociales bajo los estereotipos, una de las barreras que se intenta derribar, en especial cada junio cuando se celebra el mes del orgullo gay.

La lucha por la causa

"Nos puso en el mapa", aseguró Eleonora Kortsarz, quien junto a un puñado de militantes peleó por la causa desde el Observatorio para la Promoción de los Derechos de la Diversidad. La militante interpretó la ley no solo como el otorgamiento de legalidad para el colectivo LGBTYQ, sino que además "ayudó a la visibilidad".

Que las parejas del mismo sexo puedan contraer matrimonio obligó a una convivencia social, aunque aún no logran tener un trato cotidiano como cualquier otro matrimonio. "Siempre nos ha tocado hacer trámites cuando había una mujer; es más complicado cuando del otro lado hay un hombre y, por sobre todo, si son personas mayores porque están fijados los estereotipos. Al ser una pareja homosexual tienen un estereotipo de la lesbiana "camionera', y cuando no cerrás en esa imagen que tienen, te miran", contó la mujer, que aseguró no esquivar el bulto e intenta derribar "mitos". "Lo hegemónico nos abunda", advirtió.

En el proceso del cambio social que despertó la histórica ley ya no hay blancos ni negros, se logró una "zona gris". Las complicaciones, advierten, ya no son como antes, sino más bien sutiles.

"Hay comentarios pero ni se dan cuenta que están discriminando", indicó Eleonora. "Cuando no hay legalidad la discriminación es más posible", resaltó Verónica. "La mirada a la diversidad ya no es ni con miedo ni con asco, porque antes hasta la OMS (Organización Mundial de la Salud) decía que éramos enfermos", agregó la mujer.

Verónica se casó dos veces y coincide en que la visibilización es necesaria. Pero agregó que también es algo en lo que deben contribuir los integrantes de la comunidad.

"Yo lo cuento lo más que pueda, así la gente deja de tener fantasmas. Mientras uno más lo oculta o lo quiera dejar de costado y no compartas lo que sos vos como pareja, la gente ignora y tampoco tiene la forma de conocer cómo es la interna de una pareja homosexual que somos como cualquier otra", aseguró la joven, que invitó a sus compañeros de la Ciudad Judicial a su casamiento: "Fueron algunos que son supercatólicos y acompañaron igual", recordó agradecida.

Su "compañera" (como prefiere llamarla), es profesora universitaria y "dejó de esconderse". "Los alumnos le preguntan y ahora ella no lo niega", destacó.

La empleada judicial defiende la autovisibilización para desmitificar y despegar a las personas homosexuales de esa imagen de "promiscuidad y extravagancia" con la que suelen asociarlas, incluso hasta los familiares. Prejuicios que los parientes tuvieron que ir superando cuando las parejas fueron reconocidas por la ley.

"Si estás en pareja con otra persona del mismo sexo y no conocen cómo es la relación, se imaginan que en tu casa tenés encuentros sexuales múltiples. A nosotras con Paula nos pasó con la familia, sus padres o los míos no nos venían a visitar a la casa porque pensaban que hacíamos cosas raras", señaló a las risas Verónica. "En la discriminación hay ignorancia y miedo", advirtió.

En su caso, el miedo estaba cerca. "En Salta, además, está el tema religioso. Mi mamá es evangelista, nos llevó toda la vida a la iglesia y ahora relajó. Hay gente que se está dando la oportunidad de conocer", aseguró y lo relacionó con que se habla mucho más de la diversidad, aunque señaló que aún falta. "Debe haber campañas de género y sensibilización. En Salta aún no se dio", lamentó.

El nuevo mapa social que fue configurando la ley les dio lugar a sectores invisibilizados dentro de la comunidad LGBTYQ. "Cuando salíamos a manifestarnos no había muchas lesbianas, cambiaron muchas cosas, en la tele, en la cabeza de la gente, fue algo superimportante", indicó Eleonora Kortsarz. Al mismo tiempo que marcó un quiebre en el "machismo de la homosexualidad".

Si bien la dibujante advirtió que aún no se logró una visibilización por fuera de estereotipos que marquen "cómo debe ser una lesbiana", sí registró una diferencia. "Fijate lo que hicieron las marcas, con las publicidades que ahora en junio son todos LGBTYQ. Aunque muestren modelos hegemónicos, como en las series de Polka que hay actrices lesbianas, hay chicas superlindas. Pero algo va cambiando. Hemos ganado muchos espacios, eso no se puede negar. Fue un escalón muy grande", analizó la militante.

Verónica también apuntó contra las ficciones y recordó que construían una idea trágica de la historias de amor: "Las películas con los protagonistas homosexuales terminaban siempre mal, nunca con finales felices. Ahora hay otras películas que van cambiando esa imagen", dijo.

Una imagen que se advirtió puede pasar de negativa a positiva, pero que también corre el riesgo de banalizarse. "Antes era algo malo y ahora hasta puede ser "cool', como decir "tengo un amigo gay o una familia lesbiana'. Hay algo de esnobismo", reconoció Eleonora.

El divorcio

El derecho al matrimonio trajo aparejado el derecho al divorcio, algo que también fue difícil de asimilar, incluso dentro de la comunidad LGBTYQ. Cuando Verónica decidió divorciarse encontró oposición. "Cuando la gente se enteró que me iba a divorciar de mi primera esposa me decían "ah bueno, ahora que se pueden casar te vas a divorciar', como si por ser pareja homosexual no tuvieras los mismos problemas que cualquier otra pareja", advirtió.

Ambas mujeres coincidieron en que es necesario que se siga apostando al matrimonio igualitario. "Es un beneficio que debemos seguir practicándolo para que se den cuenta de que es una necesidad, no un derecho", aseveró Eleonora.

Por por su lado, Verónica ejemplificó con un episodio que le hizo ver la importancia de estar casada. "A Paula la internaron de urgencia y tenía que hacerse una cirugía y en la clínica no me dejaron pasar a verla. Los médicos y enfermeros se excusaban diciendo que tenía que ser familiar directo", recordó, y aseguró que sutilmente la estaban discriminando. "Cuando les expuse que era mi pareja, me dijeron que no tenía constancia, y que podían entrar sus papás o su marido. Ahora ya no tienen excusas", celebró.

Eleonora Kortsarz recordó la militancia durante el debate de la ley y resaltó que el pedido viene desde los '80, aunque al principio encontró una fuerte oposición, al punto de llegar al amedrentamiento. "La primera chica que se casó tenía el quiosco en el Museo de Bellas Artes, le caían una señoras que era de la Legión de María para hacerlas "recapacitar'. Y me acuerdo que en la casa le arrojaron algo, las atosigaron bastante. Fuimos a su casamiento para apoyarlas. Y después todo pasó. Fue un cambio de paradigma", aseguró Eleonora.

Primer país de la región

La ley de matrimonio igualitario se sancionó en la Argentina el 15 de julio de 2010 y convirtió al país en el primero de América Latina y el décimo el mundo en consagrar la ampliación del matrimonio a personas del mismo sexo.
Como antecedente a esta normativa, el 12 de diciembre del 2002 en la ciudad de Buenos Aires se aprobó el proyecto de Ley de Unión Civil presentado por la Comunidad Homosexual Argentina (CHA).
De este modo, Buenos Aires se convirtió en la primera jurisdicción de América Latina en legalizar la unión civil entre personas del mismo sexo. 
En esa ciudad, anoche se iluminaron distintos edificios con los colores de la bandera LGBTIQ+ por el aniversario de la ley.
 

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