Luis Güemes, la estirpe de un médico

Nos pareció oportuno y necesario por los tiempos que afrontamos, donde una de las cuestiones más importantes que nos preocupan e inquietan tienen que ver con la pandemia que ha puesto en jaque a la humanidad toda.


Descubrir un ser excepcional desde el punto de vista humano y de la ciencia médica, más allá de su consagrada prosapia familiar como descendiente del Gral. Martín Miguel de Güemes, ya que se trata de uno de los nietos más destacados de esa ilustre familia salteña, que convoca con inocultable emoción la atención de sus congéneres, en tanto destacar una de las facetas más relevantes de su curiosa personalidad como científico de vocación y como ser humano desinteresado y humilde por decisión del Supremo.
De la interesante prosa del conspicuo médico inglés, Dr. Daniel J. Cranwell, a través de la subyugante biografía del eminente médico salteño, podemos participar de algunas de las aristas más relevantes de una personalidad arrolladora que por su sencillez y bonhomia cautivaba el interés del contertulio más desprevenido, no sin antes permanecer obnubilado por los destellos incontenibles de una bondad que anidaba desde siempre en un corazón puro dispuesto a dar todo en bien de la salud del paciente, sea cual fuere su condición social. 

El legado solidario

En este aspecto el Dr. Güemes prestaba especial atención en aquellas personas humildes que no podían asumir el costo de una consulta profesional que era habitual de las clases más acomodadas de la época.
Rememoran los biógrafos de Luis Güemes Castro que en el domicilio de Lavalle Nº 733, en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires, el citado facultativo atendía la consulta de los pacientes más adinerados y que, en cambio, durante la noche dedicaba su talento a sanar las enfermedades de los sectores más resignados de la ciudad de Buenos Aires, sin cobrarle arancel alguno, siendo habitual que conformaran éstos largas colas al ocultarse el crepúsculo aguardando estoicamente ser atendidos por el prominente médico norteño .
Luis Güemes Ramos Mejía, hijo del reconocido científico e investigador, tuvo la iniciativa de publicar un libro del multifacético doctor Cranwell, a la sazón, uno de los biógrafos más rigurosos de Luis Güemes, consignando a título de prólogo que, “Estas páginas son copia fiel de lo que el doctor Daniel José Cranwell dice, en su libro, ‘Nuestros Grandes Médicos’, sobre mi padre. Me he tomado la libertad de hacerlo al solo efecto de difundir su texto (gratuitamente) entre mis familiares y algunos amigos. Lo hago en homenaje no solo de mi venerado padre sino también del propio autor, el doctor Cranwell, que tan noblemente lo evoca (Buenos Aires, 20 de agosto de 1.969)”.

 Aquella Salta

El mencionado galeno europeo al conocer Salta, con inocultable admiración llegó a exclamar:“La ciudad de Salta hállase bellamente situada en cuesta o ladera que sirve de límite a una extensa llanura... Tres leguas al poniente vense elevadas colinas, primeros contrafuertes de la estupenda cadena de los Andes, pobladas de ricos bosques... La espaciosa plaza, en la que se encuentra la casa de Gobierno, la Catedral, y varios edificios públicos, es el adorno principal de la ciudad. Las calles son limpias y uniformes.”
“Las damas gozan de fama proverbial por su belleza y finos modales, su porte lleno de vivacidad y distinción. Los hombres no son menos sagaces, liberales y de inteligencia natural que los de cualquier pueblo sudamericano. De su capacidad superior adquirí pruebas irrefutables...”
El prestigioso médico Marcial I. Quiroga en su libro “El Doctor Luis Güemes”, apunta en una de sus páginas más sobresalientes que, “En noviembre de 1978 la Academia Nacional de Medicina fue invitada por el Instituto de Patología Regional de Salta a desarrollar un curso de conferencias dictadas por miembros de número de la Corporación. Me tocó la disertación inicial que versó sobre un tema histórico: Presencia de Salta en la Academia de Medicina de Buenos Aires, refiriéndome entonces a los miembros titulares nacidos en aquella provincia pertenecientes a la Institución en las diversas épocas de su larga trayectoria. Entre las figuras médicas sobre las cuales debí disertar, se distinguía una personalidad cuyos perfiles nítidos se destacaban de las restantes como astro de primera magnitud. Era la del doctor Luis Güemes.”
 

Medicina moral

 “De regreso de aquel viaje me dediqué a estudiar su tesis de graduado, ‘Medicina Moral’, estudio del cual surgió un artículo publicado en el diario ‘La Prensa’ del 18 de mayo de 1979. Resalté allí las virtudes del doctor Güemes como precursor de la medicina psicosomática o antropológica. Me referí también a su vida ejemplar como hombre y como médico. Tal estudio me llevó, asimismo, a conocer las numerosas publicaciones aparecidas sobre aspectos diversos de la vida del eminente maestro. Ensayos, discursos, homenajes, comunicaciones a congresos, comentarios, interesantes por cierto, pero sólo dirigidos desde ángulos a los cuales escapaba la visión total del personaje. Es decir, que faltaba el estudio que abarcara toda su trayectoria, la del estudiante, la del médico de fama, la del maestro, del humanista, la vida personalísima, en fin, del doctor Güemes”.
 

Añade que “El personaje sepárase del resto de los médicos argentinos de todos los tiempo por numerosas razones. De ilustre cuna por los cuatro costados, no hizo jamás alarde, ni siquiera mencionó este privilegio; antes bien, modesto por naturaleza, púsose al nivel de los más humildes, sin quererlo ni pensarlo; sólo porque así se lo pedía su natural sencillez. Fórmula de la verdadera aristocracia. Esta sencillez no le impidió, paradójicamente, atender como médico a cinco presidentes de la Nación, como lo ha hecho notar Eduardo Bencecry”.

 Dos veces médico

Culmina su introducción Marcial I. Quiroga manifestando: “Como muy pocos, si no el único, estudió dos veces la carrera médica, en Buenos Aires y en París, y asistió a las clínicas de Berlín y de Viena. Es decir, durante doce años permaneció sobre los libros como estudiante, rindió innumerables exámenes, asistió a cursos oficiales y de posgrado, conoció y trató a eminentes médicos del país y del extranjero; no obstante, sus informes, publicaciones y conferencias científicas no pasaron de cuatro: sus dos tesis, argentina y francesa, su informe sobre la Exposición Internacional de Higiene de Londres en 1884 y su discurso de recepción en la Academia de Medicina de Buenos Aires”.
Al cumplirse los setenta años de la muerte del consagrado científico, un descendiente suyo -Francisco Lanusse Güemes- entre otros muchos conceptos suscribió: “Fue poseedor de un alma “ingénitamente buena” -al decir de Eliseo Cantón- nace en Salta el 6 de febrero de 1.856”. No puede soslayarse que su valiente antecesor había nacido en febrero también, pero un día 8 y del año 1.789; pura coincidencia, pero real.
Prosigue Lanusse, Güemes: “Nieto del general Martín Miguel, junta en su infancia una notable resistencia física adquirida en tareas rurales y el sobrenombre de ‘Preguntón’ por su curiosidad. 
En medio de un dificultoso viaje entre inundaciones y carretas hasta Buenos Aires para estudiar medicina comienza un imparable ascenso hacia el saber científico. 
Se recibe de médico entre muchas privaciones en 1.879, a los 23 años, y sorprende a los ambientes académicos con una tesis precursora de la medicina psicosomática, precediendo en casi setenta años a los primeros diagnósticos médicos que difundieron al respecto la importancia de los factores psicológicos sobre la patología humana; antes también que Sigmund Freud y la psicología moderna alertaran sobre el inconsciente y sus mecanismos. 
‘La Medicina Moral’ se titula su tesis plagada de ejemplos y observaciones, en medio de las cuales el joven médico advierte: “Si la anatomía y la fisiología son la base del conocimiento del hombre físico, la psicología lo es del conocimiento del hombre moral. Sin poseer estas tres ciencias, no es posible hacer un estudio completo del hombre para conocer su estado normal y las alteraciones que sufre, las causas que la producen y los medios de combatirlas”.
Es importante, y fortalece la autoestima de los salteños. poner en evidencia los valores morales y patrióticos de un dilecto hijo de Salta que, al igual que su noble y valeroso abuelo, el guerrero inmortal, ha dado todo por la salud física y moral de los hombres que habitan este bendito y castigado país.
 

 
 

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