En busca de una base sólida de sustentación

Con el anuncio de que la Argentina ha alcanzado un acuerdo con una decisiva proporción de los tenedores de deuda en dólares, el Gobierno consigue, finalmente, un éxito en esta materia decisiva. Evitar el default era una condición indispensable para que el país pueda estar dentro de los movimientos de reconstrucción económica global que sobrevendrán para superar los efectos devastadores que ha provocado la pandemia en todo el mundo. A esta altura, una parte creciente de la sociedad parece más preocupada por las perspectivas que deparará la pospandemia que por las cifras cotidianas que transmiten los infectólogos. Salir de la crisis económica suplementariamente agravada por efectos de la pandemia demanda una autoridad fortalecida, la consolidación de una plataforma fuerte para ejercerla y ahora, tras sacar al país del riesgo de default, la formulación de una propuesta de reformas que permitan una recuperación económica sostenible en la era pospandemia.

La autoridad del Presidente ha sido puesta en cuestión desde que se formalizó su candidatura como iniciativa de la señora de Kirchner.

El peso de la realidad hizo retroceder a la señora y le abrió la puerta a Alberto Fernández. "Sin Cristina no se puede, pero con Cristina no alcanza", fue el lema con el que se abrió el actual proceso.

En el fondo, ese cuadro de situación no ha variado sustancialmente. Ahora, Fernández es presidente. La señora de Kirchner, aun siendo recaudadora de la mayor porción electoral del país, no podría gobernar, ya que no tiene capacidad para integrar al arco de sus respaldos a sectores ajenos, mientras Fernández pudo y puede hacerlo. Y puede, cuando ensaya ese equilibrio que fastidia a sus críticos internos y externos. Su prudencia se debe, seguramente, a que teme que una fisura en su frente equivalga a una caída en situación de ingobernabilidad. Tras el fracaso gubernamental de Cambiemos, el país quedaría sin alternativas.

Ahora bien, la situación reclama en estas instancias un equilibrio más activo. En paralelo con las negociaciones sobre la deuda, el Gobierno fue ajustando definiciones que le permitirían afirmar esa plataforma. Si la iniciativa de expropiación de Vicentin revivió las heridas con el campo, la reciente anulación de aquel decreto expropiador buscó corregir el mal paso. Más relevante aún: el Gobierno trabaja para convertir en ley un proyecto elaborado por el Consejo Agroindustrial Argentino, que tiene como objetivo consolidar al país en el comercio internacional de alimentos de origen animal y vegetal, alimentación animal y exportador de tecnologías del ecosistema agro alimenticio como biotecnologías, edición génica, tecnologías de la información, maquinarias, insumos, servicios profesionales y técnicos. En la etapa que vendrá después de la resolución del tema deuda y, más temprano que tarde, después de la pandemia, Argentina no querrá estar fuera de la mesa de los consensos, que en la región necesariamente tiene a Estados Unidos en la cabecera.

Con la iniciativa de la Casa Rosada, sin ella (y hasta eventualmente contra ella) el país va convergiendo en una orientación central que puede dotar al poder político de una base de sustentación amplia al tiempo que le requiere capacidad receptiva para hacerse cargo de las demandas principales e ineludibles.

 

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