“Me adueño de cada canción que interpreto y la disfruto a pleno”

Hay voces que nacieron para expandirse a los cuatro vientos, cuerdas vocales privilegiadas que endulzan el oído. Cuentan con ese notable don de “hipnotizar” a miles de personas para llevarlas a un bello estado de disfrute y emoción.
Hace 28 años nació en la localidad de Campo Quijano, una niña que en su primer llanto ya reflejó que algo se traía...y hoy es una realidad. Maira Rossetto es la protagonista principal de esta historia, que está plagada de amor, aventuras y anécdotas.
La palabra amor en primer término porque ella misma recalca que fue ese sentimiento lo que le predicó su abuelo Chinchilla Vilte para abrazarse en esta profesión. “También mi abuela Rosa ‘Gorda’ Aguilar tuvo mucho que ver en mi inclinación musical”, aseguró esta destacada cantante.
Los entendidos en la materia siempre se preguntaron porque esta joven no cuenta con un lugar importante a nivel nacional, quizás la “varita mágica” aún no se inclinó sobre su cabeza, o simplemente aún no encontró el camino correcto.
Sus inicios fueron como gauchita en los escenarios, perfilada en el ambiente del folclore, pero el caudal de su garganta le permitió luego explayarse a otros géneros, sobre todo al melódico, con canciones que apuntan directo al corazón.
La cuarentena por la pandemia de coronavirus la potenció y sus apariciones en las redes se hicieron muy convocantes...hasta la página de Marcelo Tinelli alabó sus interpretaciones. Durante una charla con diario El Tribuno, ella sentencia que tiene una prioridad: “Ser la mejor madre”.

Desde niña te arrimaste a la música y el canto

Mi abuelo Chinchilla fue un gaucho de verdad, cantaba coplas, y fue mi mayor motivación para empezar a cantar. Mi mamá Graciela Vilte fue cantante de música tropical, en el grupo Alma Fuerte. Además, ella escuchaba temas de Valeria Lynch, Patricio Sosa y Sandra Mihanovich, y ese gusto me lo transmitió a mi.

¿Recordás tu primera actuación?

A los 7 años subí por primera vez a un escenario, fue durante un festival de la canción en Campo Quijano, tuve el placer de lograr el primer puesto. A partir de allí, mis padres (Sergio Rossetto) me llevaron por todos los festivales del Valle de Lerma. Hasta mi abuela paterna: Rogelia Cardozo me escribió una zamba para que yo la cantara. Mi abuelo Camilo Rossetto era hijo de italianos. En esa época me acompañaban: Napo González y después los hermanos Rojas.

Cómo siguió la historia...

Formamos el grupo Las Voces del Valle, con Pila Aguilar, Nelson Guaymás, Roberto Avila y Gustavo Córdoba, pero solo duró un tiempo. Luego vino mi incursión en otros géneros, como vocalista del grupo Ananá, eran muy reconocidos en todo el Valle de Lerma. También puse la voz en La Tropa Band, que la integraban jóvenes de la Banda de Música del Servicio Penitenciario (Rosario de Lerma).

¿Cuándo tomaste el canto de manera más profesional?

Cuando Exequiel Medrano me llamó para integrar el grupo La Milanga, ahí empecé a incursionar en el mundo de la Balcarce y en toda la movida de la capital salteña. Cuatro inolvidables años, pero finalmente decidí convertirme en solista, ya estaba con la experiencia necesaria para encarar un proyecto personal.

Y fuiste mamá...

Me deprimí cuando me enteré que estaba embaraza...que estupidez, porque mi hijo es lo más grande que tengo: Felipe González, fruto del amor que mantengo con Hernán González. Mis padres se separaron cuando yo era adolescente, y en gran medida sentí la ausencia de ambos, mi madre tenía que trabajar para mantenernos a mi hermana Camila y a mi, y eso le restaba tiempo para compartir con nosotras. Yo quiero ser madre en tiempo completo, quiero ser la mejor mamá.

Una persona que te mires al espejo...

Mi abuelo Chinchilla, fue un groso, un gaucho de ley, era gallero y apostaba a las carreras cuadreras. Siempre apostó para que me mostrara como cantante...lo extraño mucho.

¿En verdad tuviste una vivencia increíble en Cosquín?

Fue en el 2011, el año que falleció mi abuelo, casualmente él me dio la plata para vacacionar en Cosquín. Me encontré con los chicos de Los Izkierdos de la Cueva, y ellos me hicieron subir al escenario mayor. Había gente muy importante del folclore, como Javier Valenzuela, quien gestionó para que suba nuevamente al escenario Atahualpa Yupanqui. Fuí la antesala de Jorge Rojas, imaginate la cantidad de gente que había en la Plaza Próspero Molina. Cumplí el sueño personal y también el de mi abuelo Chinchilla.

Una anécdota...

Cuando participé del concurso Diez a la Fama Canta. Recién nos habíamos mudado con mi esposo y mi hijo. Había que arreglar el techo de la casa y le dije a Hernán que me iba a anotar para ganar y disponer la plata para solucionar el problema...y así fue nomás.

¿Cómo afrontaste la cuarentena?

Me sirvió para encontrarme conmigo misma, estaba algo desorientada en mi carrera. Ahora tengo en claro los pasos a seguir y que camino tomar. Estoy re feliz porque muchísimas personas me acompañaron en mis recitales por Facebook. Disfruto de lo melódico y también es la preferencia de la gente. Mi primo César Vilte tuvo un papel preponderante para encontrar el rumbo. También Juan Gabriel Farfán.

¿Qué es lo que se viene?

Me enamoré de las obras que compone Wado Ferreira (cantante salteño) y voy a grabar tres de sus canciones. Persisto en el sueño de ser una artista reconocida a nivel nacional e internacional.

Una virtud...

Me adueño de cada canción que interpreto y la vivo a pleno. Un día, cuando era aún una niña, mi padrino artístico Tomás Lipán me dijo: ‘cuando vos sepas lo que estás cantando, recién volverás a verme’. Ahora entiendo esas palabras sabias. Se debe profundizar, creo que ahí está el secreto.
 

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