Pandemia, un desafío  de enorme magnitud

En tiempos previos a la pandemia de COVID-19, el mundo planteaba como principal tema en su agenda económica si China llegaría finalmente a convertirse en el próximo hegemón.

Los Estados Unidos representaban casi el 24 % del producto bruto del mundo y China ya alcanzaba el 16% con fuertes perspectivas de crecimiento sostenido.

Mediando los 80, el producto bruto del gigante asiático era del 3%, y a partir de las reformas de Deng Xiaoping se acelera la producción y su participación mundial amenazando el liderazgo económico del gran país del norte.

Golpe al optimismo

Se calculaba que en los próximos años se incorporarían a la clase media más de dos mil millones de personas en los países en desarrollo (los cuales duplican su PBI cada 17 años) frente a los desarrollados que duplican su PBI cada 62 años pero en los últimos meses, a medida que los Gobiernos trabajan para aliviar los impactos de la crisis provocada por la pandemia, en estimaciones del Banco Mundial se calcula que en abril, el virus ha sumido a entre 40 millones y 60 millones de personas en la pobreza extrema. Con los nuevos pronósticos de crecimiento de junio incluidos en las perspectivas económicas mundiales, el presente -y el futuro- del mundo evidentemente empezaron a tomar un nuevo rumbo, a mirarse de otras formas y a cerrarse económicamente en distintos aspectos.

Como resultado, las estimaciones del impacto del virus en la pobreza y la dirección de la curva en el crecimiento mundial han cambiado diametralmente también.

Sin precedentes, devastadora y generalizada, sin importar cómo se describa, la pandemia de COVID-19 ha cambiado la vida, tal como la conocíamos, de miles de millones de personas en todo el mundo.

Los pronósticos sobre la variación del Producto Bruto en todas las regiones del globo son negativos, con excepción de China, que sostiene una expectativa de crecimiento de más del 3% para este año 2020.

Por su parte América Latina, pronostica un desplome de más del 10 %, según el FMI y no se prevé recuperación en la mayoría de los países de la región sino hasta el 2022 o 2023.

Párrafo aparte merece Brasil, una de las diez economías más importantes del mundo por volumen PBI, el más poblado de la región y nuestro principal socio comercial. Allí el derrumbe es más que significativo, en términos sanitarios (el número de enfermos y víctimas alcanzó a EEUU con más de un millón de casos), económicos y financieros. La pandemia está afectando de manera negativa a la industria brasileña y exige cambios urgentes (una de cada siete empresas perdieron ingresos recientemente y el 65% de las empresas grandes y medianas redujeron o detuvieron su producción).

Panorama sombrío

Se estima que Argentina tendrá una caída aproximada del 13 por ciento, cifra que podría considerarse alta, pero que dos años de derrumbe en su producto bruto, la irrupción de la pandemia y la necesidad de renegociar una deuda contraída en el último Gobierno extraordinariamente grande hacen previsible como estimación para el período.

Las proyecciones de lo que sucederá en 2021 y posteriormente vienen acompañadas de aún más incertidumbre, pero en un evidente escenario de tendencia a la baja en el crecimiento.

En mayo pasado el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) cayó en Argentina un 20,6% respecto al mismo mes del 2019 y si tomamos los primeros cinco meses del año el EMAE acumuló una caída de 13,2 %

El nuevo rumbo plantea el desafío de comandar una economía con dos años de flagrante recesión, pandemia, renegociación de la deuda, con alta inflación y con una pobreza que supera el 40% en muchas regiones del país.

En todo el mundo se está llevando a cabo una fuerte estrategia de política contracíclica. Las administraciones enfrentan un extraordinario gasto público para atender las consecuencias de la pandemia. En nuestro país más del 2% del PBI se está destinando a políticas activas para paliar los efectos del COVID-19 lo cual incrementará, inevitablemente, el déficit fiscal del ejercicio.

Los países de la región, la mayoría de los cuales ya afrontaban una crisis antes del brote de COVID-19, han estado tratando de gestionar el trade off entre los "costos de salud" y "los costos económicos".

Lograr el equilibrio adecuado requiere evaluar tanto el impacto en la salud como el impacto económico de las medidas que se pueden adoptar para contener la propagación de sus efectos. Lo que es evidente es que a medida que la pandemia continúa, el mundo intenta aprender a convivir con el virus y producir irremediablemente en ese contexto.

El panorama general puede parecer abrumador, y los retos demasiado enormes, pero se están comenzando a visualizar rebotes en algunas áreas como los servicios y la mano de obra así como se acelera la apropiación de nuevas estrategias.

Aunque se espera que muchas empresas salgan de la crisis con balances dañados, el teletrabajo y la necesidad de renovadas formas de comercialización han llevado a acelerar la irrupción de modalidades mediadas por la tecnología, a generar una reflexión sobre la eficiencia digital, logística y de personal de cara a un nuevo rumbo.

El grado de desarrollo tecnológico en cada país ha determinado en cualquier caso la potencialidad de las experiencias en el uso de la tecnología, dentro de la pandemia para activar la economía, evidentemente con diferentes resultados. 

En Argentina, si bien encontramos que las ventas por internet, los servicios por videoconferencias y el trabajo hecho a distancia se han incrementado, lejos estamos de que haya tenido un impacto generalizado. 

En nuestro país, la informalidad laboral y el tipo de trabajo que realizan gran parte de los argentinos, sumado a restricciones en la conectividad (40% de los hogares sin internet) hacen improbables una reconversión homogénea o reestructuración sectorial suficiente en lo inmediato.

Buenas señales

Como dato positivo y alentador, los argentinos tenemos un gran talento para brindar servicios basados en el conocimiento (SBC). Esto incluye consultoría, I + D (Investigación y Desarrollo), TICs (Tecnología de la información y comunicación), y el desarrollo de multimedia. De hecho, las exportaciones argentinas en estos rubros superaron los 6.500 millones de dólares en los últimos años.

Con recursos limitados, grandes segmentos de la población afectados e instrumentos menos eficaces, el diseño adecuado de respuesta en la política pública y la administración eficiente de pasivos y recursos adquiere una relevancia crucial.

En nuestro caso, las dificultades de la crisis profundizada por la pandemia han planteado la necesidad de sostener distintas medidas de contención para la población más afectada y para las empresas a fin de proteger el empleo, medidas de recomposición del tejido productivo y medidas que propendan al crecimiento y desarrollo en el mediano plazo en sectores estratégicos.

En Salta, 322.416 personas pudieron acceder al IFE, hay poco más de 65.000 beneficiarios de la Tarjeta Alimentar y 34.750 empleados salteños fueron alcanzados con ATP. Se han planteado, asimismo, diversas medidas pensadas para el sector turístico, la creación de un fondo solidario para fortalecer el sistema de salud, proporcionar orientación sobre medidas de alivio y líneas de créditos subsidiadas para fomentar el consumo y las ventas locales. Se establecieron moratorias, promociones como PromoSalta, Ahora 18, Compra hoy, viaja mañana y en los últimos tiempos el relanzamiento del Procrear y Plan Mi Lote para fomentar la construcción. Se reactivaron también 100 obras de infraestructura provincial prioritarias incluyendo la pavimentación de tramos de la ruta 51 pendientes, la ampliación y re funcionalización del hospital San Bernardo, la planta depuradora de la zona sur, activar los parques industriales, promover el desarrollo del Centro de Transferencias de Cargas de Güemes, instalar un centro de Medicina Nuclear, iniciar planes de vivienda, trabajar sobre rutas y autopistas, ampliar las redes de agua, energía y gasoductos, entre otras. 

Proteger las fuentes de empleo, evitar una crisis financiera y gestionar los recursos de manera eficaz ayudará a contener el grave impacto del COVID-19 e impulsar la economía para trazar el camino hacia una recuperación fuerte y sostenible. Sin embargo, a pesar de los desafíos urgentes, es necesaria una visión de largo plazo. En una provincia con un producto bruto heterogéneo como el salteño, con un alto potencial de crecimiento, además de la coyuntura pandémica, la mirada debe focalizarse en las obras y acciones tendientes a recuperar nuestra agenda de desarrollo con todos los sectores estratégicos.

 * El contador Roberto Dib Ashur es master en Economía. Participó del conversatorio virtual “Cómo transita Salta la pandemia”, organizado por la Facultad de Ingeniería de la UNSa el 5 de agosto.

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