Varias sorpresas salen al abrir un vestidor para muñecas

Una caja de sorpresas es el clóset doll de Piel de Ángel. Romántico desde su presentación, contiene un conjunto de lencería, un equipo para la temporada primavera-verano en combinación de jean, algodón, broderie y tela elastizada, y un imponente vestido de novia que trae un secreto.

Esta es la propuesta de volver al juguete de la diseñadora de modas Cintia Moisés (40). “La vengo armando y recreando en mi cabeza desde hace cinco o seis años cuando vi en una página de internet ropa para muñeca realista y quedé tan encantada que me dije: ‘En algún momento tengo que hacer esto’”, contó Cintia a El Tribuno. Y el momento propicio se presentó este año, al que muchos juzgan como el peor que han vivido y otros como un río revuelto para pescar oportunidades. Lo indudable es que aguó a las familias todo acontecimiento festivo, como el de mañana, cuando los niños no podrán asistir a festivales ni ocupar los espacios libres. Esta circunstancia conmovió a Cintia, casada con Pablo Marinaro y con quien tiene dos hijos, Pedro (10) y Sofía (7).

Los conjuntos lucen primorosos, detallados y modernos.

“Creo que los niños son los que más sufrieron con la pandemia y por eso merecían ser agasajados el Día del Niño. Diseñé una caja especial que al abrirla el niño se deslumbre al mirar lo que trae adentro”, definió. Acompañó su creación la nostalgia que sentía de su taller de primeras costuras para niñas, una capacitación con frecuencia de un encuentro mensual que inició en mayo de 2019 y que interrumpió por la exigencia de mantener el aislamiento social para frenan la transmisión del Covid-19.

En cada una de las niñas que iban a su taller Cintia supo verse a sí misma y conectar pasado y presente en eslabones ordenados por un mismo sentimiento.

“Desde los 8 o 9 años ya tenía mi costurero. Me encantaba ir a la mercería y traerme las puntillas y cintas o pedirles retazos de tela a las modistas. Tenía en mi placard cajitas ordenadas por los tipos de tela. También juegos para diseñadora de modas, que en aquella época no eran tan comunes, pero existían”, recordó.

Cintia en su taller, donde desarrolla la producción de su marca, Piel de Ángel. 

Añadió que se reencontró con la experiencia de la costura, luego de cursar la carrera de Diseño de Modas, pero con con la práctica prolongada en la máquina de coser cuando desarrolló hace ocho años su marca, Piel de Ángel.

“Al principio no cosía, sino que modistas hacían lo que yo recreaba. De un día para otro me dije: ‘Por qué no hacerlo yo’, porque existen muchos detalles y es muy difícil explicárselos a una persona o que salgan tal y como uno quiere, más para mí que soy superdetallista. Cuando comencé a hacerlo me enamoré tanto que cada día aprendo algo nuevo y estoy constantemente estudiando”, describió.

Ahora comentó que puede pasar extensas jornadas de 12, 15 y hasta 18 horas reclinada sobre su Singer tradition.

En su taller una Hollywood Hair de la empresa Antex (1991) y una gimnasta de la fabricante argentina Top Toys (1984) reposan con sus sonrisas imperecederas mientras Cintia trabaja. “Las tengo aquí y a veces les hablo. Yo siento que la Barbie tiene vida, tiene alma, y es mi compañía perfecta cuando estoy sola, en medio del silencio llena mis espacios”, describió, dejando latir su corazón de niña. También recordó que cuando era niña “las barbies eran muy caras y no llegaban con frecuencia. Juntaba durante el año el dinero del Ratón Pérez, la Comunión, mi cumpleaños. En diciembre mis papás viajaban a Buenos Aires para un chequeo médico anual de mi papá porque tenía una enfermedad pulmonar. Yo aprovechaba e iba a un supermercado del juguete. Para mí era como entrar a un mundo mágico y me compraba de a tres o cuatro barbies, según lo que había logrado ahorrar”.

Una Barbie fashionista articulada, ataviada de Alicia en el País de las Maravillas. 

Sería el sacrificio de adquirirlas o la rareza de que llegaran a los estantes de las jugueterías de Salta lo que la llevó a cuidarlas tanto, a esas dos y a otras que tiene guardadas en sus cajas. “En mi cuarto tenía una cama y la mesa de luz, allí desplegaba todo. No tenía la casita de Barbie, sino los sets por separado. El dormitorio, el juego de living y el comedor. Me llevaba una hora y media armar todo y una hora y media jugaba y volvía a guardar”, comentó Cintia. Única niña en su casa jugaba con amigas, pero también sola. “Era apasionada por los bebotes, jugaba mucho a la mamá. Tenía ponies, Pin y Pon y barbies, a ellas las coleccioné entre los 8 y los 18. Aunque no tengo registro hasta qué edad jugué. Cuando entré al Liceo Naval a los 13, que solo fui un año, tuve un corte en mi vida de niña. Guardé de grande mis muñecas, las tenía presentes en mi dormitorio”, expresó. Al finalizar la dinámica que se había inventado les volvía a poner la ropa que traían originalmente y las colocaba en sus cajas. “Era mi mundo mágico, podía estar horas encerrada jugando a las muñecas. No decía nunca: ‘¡Qué aburrida que estoy!’, si no estaba jugando con las muñecas estaba haciéndoles ropita, aunque también me hacía mi mamá, Olga Niewolski (40). Con este tipo de juego es que buscó conectar a las nuevas infancias en su taller para niñas de 4 a 13 años. Las recibía con un kit que contenía retazos de telas y moldes para trabajar en el conjunto propuesto y compartían sobre la mesa tijeras y alfileres. Usaban telas elásticas, tules, rasos, seda fría porque las prendas debían vestir a muñecas de distintas marcas y con diversos cuerpos. La consigna era temática: Alicia en el País de las Maravillas, hadas, gitanas. “La tecnología lo invade todo, pero mi deseo es que el niño no esté tanto con la computadora, la tablet y el celular, sino que estén con lo didáctico, lo manual”, definió Cintia, que recibe a niñas cuyas mamás no saben coser, pero las llevan por demanda de sus hijas.

“Algunas nenas me dicen: ‘Quiero ser diseñadora como vos’ y eso me llena el alma. Piel de Ángel es amor, es el detalle, es lo que llega a la persona y le trae alegría a su alma”, concluyó Cintia.

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