Sergio Berensztein: “Rodríguez Larreta se convirtió en un potencial adversario”

Una recurrente inestabilidad económica, dificultades para el consenso y un constante crecimiento del Estado, a esa complejidad se suma este año la pandemia y sus consecuencias, que van revelándose día a día con nuevas dificultades y cifras que alarman. Entre mañana y el viernes, a las 11, referentes de la política y la economía serán entrevistados en vivo, en www.industria. el tribuno.com.ar, en el marco de la Semana de la Industria. El analista político Sergio Berensztein realizará un análisis estratégico de la coyuntura política. Será el responsable de abrir este ciclo de conferencias multiplataformas que organiza El Tribuno. En esta entrevista, un adelanto de los temas que pondrá sobre el tapete. 

En este confuso marco político, económico y social, ¿cuáles son los aspectos que permiten poner un poco de luz a lo que pasa en el país?
Creo que hay dos aspectos a considerar: primero, desde la política pública, el Gobierno está pagando las consecuencias de una ética que en su momento adoptó respecto de la pandemia, donde parecía que había un triunfo posible, y ese triunfo indicaba ganarle a la pandemia en términos de casos y de competencia con otros países. La verdad es que la pandemia está en todas partes y es difícil que a un país le vaya mejor que al otro, sin dejar de considerar la capacidad de infraestructura hospitalaria y sanitaria de cada uno, por supuesto. Pero la lógica de estos procesos, según lo hablamos con especialistas, sugiere que los gobiernos tienen una importancia marginal. Y por eso, la ética triunfalista inicial se fue diluyendo, porque el virus sigue, porque los contagios iban a ocurrir a la larga o a la corta. Habrá ciudades o regiones un poco más o menos afectadas que otras, pero en promedio es difícil que te vaya mucho mejor, porque se trata de una pandemia para la que no hay vacuna y las terapias se van experimentando. Por lo tanto el Gobierno, con una primera aproximación al tema entre un poco ingenua y épica, luego de cinco meses debe reconocer que no tiene sentido seguir de ese modo. 
La segunda dimensión es más política, y también más patética. La cooperación y las conferencias conjuntas del Presidente terminaron favoreciendo más al jefe de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, que al propio Alberto Fernández y al gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof. Y se terminaron las conferencias. Aunque siguen dialogando en privado y sosteniendo una buena relación entre estos protagonistas. Pero en lo público, el Gobierno optó por una especie de “galvanización” hablando mal de la Ciudad de Buenos Aires porque, aunque falta mucho todavía, Rodríguez Larreta se convirtió en un adversario electoral potencial, frente a un (Mauricio) Macri debilitado Y sin descartar a María Eugenia Vidal como posible contrincante a futuro.

El Gobierno anunció el congelamiento de las tarifas de telefonía, Internet y TV paga hasta diciembre y los declará servicios públicos esenciales. ¿Cómo afectará eso a las inversiones actuales y potenciales?
Otra vez, una decisión política presidencial que expresa una total improvisación. Es querer tapar el sol con la mano, porque hay un fondo enorme de plata para llevar, justamente, acceso a la conectividad a zonas donde el mercado no cubre. Ese fondo está muy subejecutado, por lo que el Estado no puede decir que “las empresas no se ocupaban”, porque eso estaba previsto. Esto básicamente es un hecho político. Y tiene múltiples lecturas, entre ellas una suerte de venganza del kirchnerismo duro contra el Grupo Clarín. Otra lectura es la derrota a la ley de medios. Creo que es una cuestión de venganza, porque Cristina está convencida de que los medios son los responsables de sus problemas judiciales y lamentablemente esto afecta a una industria que es pivote de la cuarta revolución industrial. 

Si tuviera dos minutos frente a frente con el Presidente, ¿que le diría?
Dos cosas. Ningún país logró recuperarse de una decadencia e involución que lleva décadas en la Argentina sin un plan estratégico consensuado. Y nuestro país no tiene ni una cosa ni la otra: ni consenso ni plan. Prometió consenso con la oposición y constituir un consejo económico y social, pero casos como el de Vicentin o el congelamiento de tarifas ponen de manifiesto que las decisiones se toman entre gallos y medianoche sin diálogo.
Y lo segundo: cuidado con decisiones de política exterior que pueden llegar a comprometer el futuro del país por décadas. 
 

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