Durante la última misa del Triduo del Milagro, en la solemnidad del Señor del Milagro, el arzobispo de Salta, Mario Cargnello, llamó ayer a la unidad, en estos tiempos difíciles que vive la Argentina.
“Quisiera pedirles un favor, que nos preparemos para celebrar este Milagro, este Pacto poniendo en el corazón un deseo profundo de unidad, dentro de la familia y en nuestra patria. Estamos demasiado golpeados para seguir enfrentándonos. Estamos en una sola barca, que es la barca de la humanidad como para creernos dueños ¿de qué?”, aseguró el sacerdote. 
Al inicio de su homilía ya hizo alusión al Milagro distinto que se vivió este año por el avance del coronavirus. “Padre, glorifica a tu Hijo, a Jesús! Ayúdanos a ver resplandecer la luz que brota de la Cruz en este 15 de septiembre del año 2020. Brilla la luz en medio de este silencio, verdaderamente sonoro, de nuestra ciudad que, vacía de personas, está llena del amor de tantos devotos, tantos cristianos y hombres y mujeres de buena voluntad que aman a tu Hijo Jesucristo”. 
Sobre el avance del COVID-19, destacó el don de servicio de la gente. Dijo que en estos tiempos de pandemia han sido muchos laicos, religiosos, religiosas y sacerdotes que han edificado por el testimonio de su servicio incondicional a los más pobres, a los enfermos. “Incluso hombres y mujeres que no son cristianos, gente buena que carga el peso de las consecuencias de la pandemia, en los enfermos, en los más pobres, en los golpeados en la vida familia, ya sea por la economía familiar o por aquellos que, por la presión del temor y la angustia, ven resquebrajarse los vínculos”, aseguró. 
Y más adelante, ya pensando a futuro, pidió que ni bien se pueda los cristianos se reúnan. “La situación marcada por la pandemia no nos permite reunirnos. Hermanos, que crezca el deseo de poder reunirnos en cuanto podamos porque la Eucaristía reclama la presencia del pueblo de Dios y el cristiano sabe que su vida espiritual no se construye en torres que nos aíslan, sino en la comunión del cuerpo que se convoca en los templos para poder ser una sola familia que come un mismo pan, bebe la sangre del Señor y convierte su vida en Eucaristía para servir a los demás. Todo brota del bautismo”, dijo. Por último se refirió a la fraternidad que debe existir entre los cristianos. “El cristiano, como todo ser humano, con un compromiso que arraiga en su relación con Dios, está llamado a cultivar la fraternidad, una fraternidad que se ha de vivir en el seno de la Iglesia, una fraternidad que nos invita a sumergirnos en el misterio de Jesús en la Eucaristía, a vivir plenamente nuestra pertenencia a su familia en la misa”.
 

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