Denuncian matanza de cabras con agroquímicos

Sergio "Chuchería" Gómez cayó en desgracia en estos días porque la majada de cabras que tenía a orillas del río Pulares, en la localidad de El Carril, cayó envenenada por un fulminante tóxico que, aparentemente, habrían arrojado en las cercanías del criadero ubicado a un costado de la ruta nacional 68.

Diez años de denodado esfuerzo se esfumaron en contados minutos, porque 35 cabras lecheras y otras tantas preñadas fueron desvaneciéndose sin que nada se pudiera hacer por ellas. El veneno ni siquiera les dio tiempo de agonizar. Quedaron en pie los cabritos bebé, y otras tantas cabras que no llegaron a esa orilla del río envenenada. Gómez fue alertado por su mujer, Juana Vera, el jueves al caer la oración.

"Estaban todas tiradas, algunas todavía no habían llegado a la orilla a pastar. A las que quedaron las arrié para el puesto pensando que también se podían morir si comían ese yuyo envenenado", cuenta la mujer suponiendo que se trataba del origen de la muerte de sus animales por haber consumido un arbusto dañino.

Por lo visto, la causa de semejante mortandad de cabras tendría otra explicación. Sergio Gómez acudió a un veterinario de la zona, a quien llevó a su puesto instalado a orillas de la ruta 68, sobre el río Pulares, en donde comienza el camino al Pedregal.

"El olor que despedían los animales era fuerte. No pudimos salvar a todas las cabras, otras murieron al instante. El veterinario aseguró que fue furadan (pesticida). Eso es típico en la zona, donde arrojan este tipo de veneno a los cursos de agua, pero a nosotros nunca nos había pasado. Sospecho de algunas personas que les molestan mis cabras y mis perros", contó a El Tribuno el puestero.

"Chuchería" es muy conocido en El Carril. El sustento diario depende de su trabajo formal en la Municipalidad y el puesto de cabras. Vive junto a su numerosa familia en el loteo Figallo, en Calvimonte. Son 9 en total. El criadero de cabras es fundamental para la manutención de toda la familia.

"Perdimos mucho dinero con estas cabras muertas. Había lecheras y cabras preñadas. Otras también estaban dando leche a los chivitos pequeños. Calculamos unos 400 mil pesos en pérdidas. Ya dimos informe a la policía y a los investigadores. Tenemos sospechas. Puede ser peligroso para otros puesteros de esta zona", advirtió.

Por orden de la policía, Gómez debió incinerar de inmediato todas las cabras envenenadas. El trabajo fue arduo. Junto a unos familiares hicieron los pozos en donde se procedió a incinerar a los caprinos muertos. El lugar de pastaje diario no tiene yuyos, más bien arbustos altos y la gramilla tan buscada en esta época.

Del predio al lugar del envenenamiento hay unos 800 metros. La zona tiene dos criaderos más y, llamativamente, los tres dueños tuvieron problemas con el administrador de una finca cercana. "Les molestan nuestras cabras, aunque no hacemos daño a nadie", graficó "Chuchería" Gómez.

 

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