Una piedra lo dejó discapacitado y no puede jubilarse

José Vicente Ontiveros espera desde hace 8 años una jubilación por haber quedado discapacitado en un accidente laboral ocurrido en la finca donde trabajaba como tractorista. Presentó tres amparos en la Justicia federal y todos fueron rechazados.

La Aseguradora de Riesgos del Trabajo a cargo de su caso pidió varias juntas médicas para determinar el porcentaje de discapacidad, y nunca supo el resultado de esas evaluaciones. Le pagó a un abogado buscando soluciones, y ahora el letrado no le contesta el teléfono.

Sin jubilación y discapacitado, vive de la ayuda de su familia en barrio Balaguer de El Carril. Apenas habla. Tartamudea todo el tiempo y pierde el equilibrio a cada momento. Tiene paralizada una pierna y el brazo izquierdo. Constantemente cae en depresión y su ansiedad lo pone mal de los nervios. Nunca recibió apoyo de sus viejos patrones.

En su casa recibe a El Tribuno, junto a su exmujer Beatriz y uno de sus hijos, Pablo. Apenas dice "gracias" se emociona y debe sentarse en una silla puesta en el patio trasero para la entrevista: "Así está todo el tiempo. Quedó con graves secuelas cerebrales mi papá. Y por cuestiones, aparentemente administrativas, no le dan una jubilación. Pusimos abogado, fuimos a la Justicia y nada. Quiero creer que alguien no está detrás de todo esto para no querer pagar el daño que sufrió mi papá", dijo Pablo.

El hijo detalló el accidente sufrido por José Vicente allá por el año 2012. "Trabajaba como tractorista en finca El Simbolar, en Chicaona. Un día, cortando alfalfa, una piedra rebotó en una rueda y le golpeó la cabeza. Quedó desvanecido de inmediato y estuvo internado en coma durante dos meses".

Pablo explica cómo fueron los meses y años posteriores al accidente y el alta médica de su padre. "Cuando le dieron el alta mi papá tenía paralizada parte de su cuerpo y no podía hablar. Debió realizar fisioterapia. Igualmente quedó muy mal. Inmediatamente iniciamos los trámites de su jubilación, pero chocamos con papeleos y exámenes que han tardado años".

La familia recurrió a la ART de su padre y fue como chocar contra una pared de concreto. Enviaron a Ontiveros a realizarse una serie de juntas médicas para determinar su grado de discapacidad. Aquí comienza un derrotero inexplicable para un trabajador rural registrado y que estaba bien de salud antes del accidente.

La primera evaluación le dio un 15% de discapacidad, al insistir por semejante observación, una segunda le dio 90% y la última un 70%. También fueron a la Anses y nunca tuvieron una respuesta. La junta médica definitiva nunca llega.

"Reclamamos a la ART y nunca nos respondieron satisfactoriamente. Presentamos un amparo en la Justicia federal y nos respondieron que no tienen competencia en este caso. Anses nos explica que es necesaria la determinación de la ART para disponer la jubilación a partir de su grado de discapacidad. Pasan los años y todo sigue como si nada. Hasta el abogado dejó de contestar el teléfono", dijo Pablo.

José Vicente Ontiveros escucha a su hijo y comienza a emocionarse. Luego sufre un temblor generalizado en su cuerpo y debe sentarse.

 

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