La profesora de danza Emilia Martearena muestra su nueva faz

En esta pandemia un verbo que ha ganado protagonismo es reinventarse. Si se trata de hallar, imaginar, crear una obra. Si se trata de descubrir algo nuevo o no conocido en uno mismo, muchos lo han llevado a la acción. Entre ellos la maestra de danzas Emilia Verónica Martearena, que hoy lanzará por las redes sociales Tutto Giardino, su línea de objetos artesanales para jardín, diversificada en macetas pintadas, esfinges de yeso, tutores para plantas, portamacetas, casitas para pájaros libres, aunque también incluye packs ecológicos y abono orgánico para plantas. Incluso hay objetos para el hogar como lámparas y bandejas.


Antes de la pandemia Martearena dirigía el estudio que lleva su nombre y el ballet Nouveau y organizaba el certamen Danzaencuentro, que se enmarca en el programa Latinoamérica Baila y cuyo objetivo es que alumnos salteños reciban becas para perfeccionarse en Estados Unidos, España y Buenos Aires. En la primera cuarentena incluso organizó el ciclo “El Estudio en casa”, a través del cual ofreció clases gratuitas on line por Facebook e Instagram. Y aunque nunca suspendió las actividades de la academia, de la que dijo que “funciona virtualmente y con buena aceptación, están todas las alumnas muy motivadas y eso es algo que hay que sostener”, había iniciado un proceso interno cuya gestación percibió en junio. “Todos están con un ánimo bastante bajo, pero las bailarinas siempre felices, sonrientes y dándolo todo en cada clase. Yo estaba mucho tiempo haciendo poco o nada y con intención de hacer, más que nada porque al tener una vida tan activa, llena de cosas siempre, me sentía sin hacer nada. Pensaba mucho”, recordó Emilia. 


“Las madres de antes”, como Rosa Martínez, la de Emilia, siempre vieron las horas muertas como una invitación al desaliento, por lo que le pidió a su hija que le pintara unas macetas, diciéndole que se veían muy deslucidas. “Siempre me gustó pintar y fue mi materia pendiente. Copio muy bien, pero no dibujo. Así es que comencé con los colores primarios y un par de macetitas. Y así surgieron muchas cosas más que hoy tenemos a la venta. Portamacetas, lámparas, carretillas de madera, figuras de yeso, casas para pájaros, tutores y hoyas de jardín como les puse. Estos son adornos con piedras, perlas y mostacillas que les dan un toque especial”, describió. Las primeras acuarelas que empleó se las regaló su papá, Juan Carlos Martearena, y los muebles de su marca los hace el esposo de Emilia, Hernán Bravo.

Los productos tienen un diseño desencontrado con los nuevos tiempos, vintage en un sentido propio de la palabra, porque parecen “recortados” de ilustraciones de cuentos de los 70 y 80. Incluso las técnicas para pintarlos remiten a esas décadas, lo que dota a las piezas de una belleza singular. 
Encantadores entornos de flores exuberantes y románticas enmarcan las vidas de aves, ratones, conejos y otros animales. Todo con esmerados detalles y un buen uso del color. Nos envían directo a los jardines de las madres y abuelas, en los que se podía descubrir personajes habitando un universo verde cuidado con celo, que crecía a la lumbre de un rosario de palabras amorosas que invitaban al crecimiento, con la habilidad de amantes manos que se adelantaban a la necesidad de cada ser vivo. De hecho, las casitas para pájaros libres asomaban pícaras entre el follaje llamando a los plumíferos a hacer de ellos su hogar en tránsito.

“A mí me encanta la naturaleza, sobre todo, las aves y las flores. De ahí todos los animales me cautivan; pero soy una romántica, así es que busco eso en mis piezas. A los clientes les encantan. ¡No saben cuál elegir! Y creo que a mí me pasaría lo mismo y todo entra por los ojos: las ves y querés una Tutto Giardino”, expresó Emilia.

“Nunca estudié pintura. Es algo que hago con el corazón, desde muy pequeña, con incentivo de mi papá que aún recuerdo la alegría y la magia que produjeron en mí tanto las primeras acuarelas que me regaló de niña como las de ahora”, comentó Emilia, recordándonos con su relato a quiénes, de todas las personas con que nos cruzaremos en este mundo, no se les olvidan jamás los verdaderos colores de nuestra alma ni el tamaño de nuestros sueños. “Reinventarnos nos obliga a pensar en qué más podemos hacer, nos pone en otro lugar para tener otra perspectiva”, cerró.
 

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