Se cumplen cien años de uno de los sucesos más dramáticos de las luchas obreras acaecidas a principios del siglo pasado en nuestro país: la llamada "masacre de La Forestal" que produjo entre 500 y 600 víctimas mortales entre los trabajadores de esa empresa.

La Forestal fue una empresa multinacional (con accionistas ingleses, franceses y alemanes). Su instalación en Argentina fue consecuencia de un empréstito que la Provincia de Santa Fe había contraído en Inglaterra. Luego de un negociado no muy transparente, la deuda fue saldada mediante la entrega de tierras en el chaco santafesino. El monto de lo adeudado, hacia 1881, ascendía a 110.873 libras esterlinas y 3 chelines; por esa suma los acreedores obtuvieron 20.000 kilómetros cuadrados de tierras (equivalente a un sexto de la superficie de Inglaterra o aproximadamente la mitad de Bélgica u Holanda) con gran potencial económico. Recordemos que esa fue la época de oro del ferrocarril y las feraces tierras chaqueñas, a través del quebracho, producían dos de sus cruciales insumos: los durmientes para las vías y el carbón para sus insaciables calderas (gran parte de los extensos ferrocarriles de la India transitan sobre durmientes del Chaco).

Pero gracias al descubrimiento de un empresario salteño, de origen francés, Emilio Poisier, se descubrió otra valiosa propiedad del quebracho: el "oro rojo" del tanino necesario para curtir pieles. La Forestal Land, Timber and Railways Company Ltd. no se limitó a la simple explotación de los recursos, sino que gradualmente fue instalando un nuevo Estado dentro del territorio argentino. Logró ser la primera productora de tanino a nivel mundial y llegó a fundar cerca de 40 pueblos, con puertos propios, 400 kilómetros de vías férreas propias y alrededor de 30 fábricas. De ella eran el transporte (el tren de La Forestal solo llevaba sus mercancías y obreros); la educación (la empresa designaba docentes y fiscalizaba lo que se debía enseñar); el sistema de salud (ofrecía y descontaba de los sueldos un pésimo servicio sanitario); la seguridad (la empresa designaba los comisarios y policías). La empresa emitía su propia moneda, con la que pagaba a sus trabajadores. Esos "pagarés" debían ser utilizados en los almacenes propiedad de la misma empresa.

Huelga y masacre

Los obreros y peones padecían paludismo, viruela y tifus; a lo que se agregaban la "enfermedad del quebracho" y los riesgos laborales propios de la región como ataques de grandes felinos, víboras, y demás alimañas de la selva, que la empresa no cubría ni indemnizaba.

La empresa se negaba a reconocer a cualquier sindicato, inclusive también había proscripto el uso de cualquier prenda de color rojo (hasta pañuelos, muy usados en el litoral con ese color). Sin embargo, en el año 1919, los sindicatos agrupados en la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) lograron, luego de una contundente huelga general, imponer un convenio colectivo con disposiciones muy favorables a los trabajadores. Pero en diciembre de 1920, sin cumplir el convenio, La Forestal inició un lockout prolongado, cerrando sus fábricas y despidiendo a miles de trabajadores.

El 29 de enero de 1921 cerca de 400 trabajadores, intentaron tomar dos de las fábricas de la empresa, pero fueron enfrentados por la "Gendarmería Volante" (fuerza especial del Estado, pero pagada por La Forestal). A partir de allí se produjo una "cacería" donde los huelguistas fueron perseguidos hasta en la espesura de los bosques. Resultan asesinados unos 600 obreros y otros sufrieron torturas, violaciones y el incendio de sus casas. Recién en noviembre de 1922 La Forestal reabrió sus fábricas. Para entonces, todo asomo de organización sindical había desaparecido. En 1950, luego de haber arrasado con el 90% de los bosques de la provincia, La Forestal cerraría definitivamente, causando el mayor desastre social y ecológico que una empresa haya podido generar en la historia argentina.

 

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