José “Tito” Collalunga, fraile y “Cavallieri d’Italia”

Hoy recordamos a Josephus Collalunga, el fraile franciscano que respetuosamente y con cariño muchos salteños llamaban “Tito”. Hasta fines de los años 70 aún se lo podía ver caminar parsimoniosamente por las calles de Salta, dejando tras de sí un suave aroma a tabaco. Es que “Tito” Collalunga tuvo un compañero del que nunca se separaba: el cigarrillo. Ni siquiera lo dejaba cuando en el Colegio Nacional dictaba sus cátedras de italiano o de “loyica”, como pronunciaba.

Hasta fines de los años 70, “Tito” Collalunga fue sin duda una silueta familiar que trajinaba la ciudad montado en sus tradicionales sandalias franciscanas. Era un caminante consuetudinario que parecía solitario pero sin embargo tenía amigos por todas partes. En una cuadra era capaz de parar veinte veces para conversar o simplemente intercambiar saludos con esa voz ronca que lo caracterizaba. No era locuaz, pero sí rico y pródigo en iniciativas y concreciones. Fue un hombre justo y dueño de una memoria prodigiosa.

Y todo el cariño y respeto que supo cosechar a lo largo de su prolongada y fecunda vida se puso de manifiesto tanto en 1971, cuando sus Bodas de Oros sacerdotales, como cuando los salteños tuvieron que despedir sus restos el 13 de marzo de 1981.

De Italia a Salta

“Estos dos extremos geográficos encierran el rico trajín de toda una vida dedicada a la siembra luminosa de la fe”, dijo El Tribuno para sus Bodas de Oro sacerdotales.

Josephus “Tito” Collalunga había nacido el 14 de octubre de 1896 en Castelnuovo de Porto, provincia de Roma, en la región de Lazio. Sus primeros estudios fueron en el célebre Retiro de San Francisco de Bellegra, donde por entonces Fray Diego Oddi, hoy beato de la Iglesia, era peluquero y quintero del monasterio. Luego José “Tito” se incorporó al Colegio Seráfico de Orte hasta que se consagró sacerdote el 19 de febrero de 1921, en Roma. Dos años después ya estaba concretando su vocación franciscana en la Argentina, más exactamente en la Misión Indígena de Tobas en Tacaaglé (Pilcomayo Formosa). Y en 1924, cuando tenía 28 años, arribó a Salta para desempeñarse como vice director de la Escuela San Francisco. Desde entonces se volcó con gran entusiasmo a colaborar y apoyar a una vieja entidad deportiva de la ciudad: el Centro Juventud Antoniana.

Tiempo después, junto al padre Gabriel Tommasini, se entregó a la organización de la incipiente Comisaría de Misioneros Franciscanos. A partir de allí, sus desvelos y labores tuvieron como destinatario el progreso espiritual e intelectual de Salta, salvo el breve período que estuvo en Santiago de Chile. 

El misionero

Desde 1924 no hubo tarea misional franciscana o cultural que no haya estado vinculada a José “Tito” Collalunga. Las misiones de Nueva Pompeya y Lahasilo lo vieron trabajar con indeclinable entusiasmo entre las tribus matacas, tobas, chiriguanas, chorotes, chanés y chaguancas de Salta. Con su inagotable dinamismo recorrió misionando las márgenes de los ríos Pilcomayo, Bermejo y San Francisco, no solo portando la voz del Evangelio sino también organizando centros educativos y talleres donde los nativos aprendían artes y oficios.

Pero “Tito” Collalunga en sus años mozos no solo recorrió el Chaco, sino también los pueblos calchaquíes y puneños por arriba de los tres o cuatro mil metros sobre el nivel del mar. Con su sotana al viento y las sandalias polvorientas recorrió el vasto e inhóspito Territorio Nacional de Los Andes.

Y con su tarea pastoral no solo llegó hasta donde residían las tribus aborígenes sino también donde los nativos trabajaban eventualmente. El caso más palpable fue en el ingenio San Martín del Tabacal, adonde solía llegar en tren y luego en un tranvía tirado por una mula.

Responsabilidades

Don “Tito” Collalunga fue superior de la comunidad franciscana en reiteras oportunidades y Visitador General en las Jurisdicciones Franciscanas de varios países de América del Sur.

El docente

También dedicó sus afanes a la docencia y más de dos generaciones de salteños abrevaron su saber alrededor de las cátedras que dictaba en el Colegio Nacional, la Escuela Normal de Maestras, el Liceo de Señoritas del Colegio del Huerto y el Colegio Santa Rosa de Viterbo.

Fue director de la Escuela San Francisco cuando el establecimiento fue reconocido e incorporado al Consejo General de Educación en 1948, siendo sucedido en esa dirección por un discípulo y amigo suyo, el padre Luigi “Manuseto” Zangrilli.

En 1963, ocupó una vocalía en el Consejo General de Educación, donde ejerció la vicepresidencia. En los años 50, fue también vocal, tesorero y presidente del Patronato Provincial de Menores, y cuando en 1955 se conformó una comisión investigadora para verificar la legalidad de las becas que allí se otorgaban, nadie pudo formular una sola observación de los 800 legajos que fueron examinados puntillosamente.

Finalmente, contemos que 1969 fue un activo impulsor de la creación de la Asociación “Dante Alghieri” en Salta, junto a doña Ester Binda, a la señora de Clérico, Francisco Pagliaro, Pedro Romagnoli, A. Abbondanza, Renato Fazzio, Eduardo Fornazaari, Benito y Alfio Crivelli, Benito Mussini y Adolfo Trogliero, entre otros.

Distinciones

Por su visión progresista, por su incansable trabajo y dedicación y por los méritos como ciudadano italiano, la República de Italia le confirió la alta distinción de “Cavallieri d’Italia”, y por las mismas razones, el Rotary Club de Salta lo distinguió otorgándole una medalla de oro. 

El bibliotecario

Entre las múltiples actividades que desplegó Fray “Tito” Collalunga, hubo una que tuvo trascendencia nacional e internacional: la organización de las bibliotecas franciscanas en Tarija (Bolivia), Jujuy y Salta. En nuestra ciudad logró, merced a su saber y esforzada labor, ordenar en la biblioteca del Convento de San Francisco, 25 mil volúmenes, rescatando libros e incunables de valor incalculable.

En la congregación

En la orden franciscana, Tito Collalunga desempeño todas las jerarquías como su jurisdicción en la República de Chile. En el ámbito eclesiástico fue director de “Conferencias Morales de la Curia, Examinador Prosinodal y Defensor del Vínculo. Ejerció asesorías en distintas ramas de la actividad católica y participó en numerosos congresos. “Todo ello decía el periodista Mario Ghabara- sin ninguna otra especulación que su íntima vocación sacerdotal y el convencimiento que cumplía su apostolado sacerdotal. Fue esa convicción que lo llevó a las tribus aborígenes, al campesinado de la Gobernación de Los Andes y a toda la puna salto jujeña, donde por su iniciativa y trabajo se erigieron numerosas capillas, cinco de ellas en misiones aborígenes”.

Amigo de El Tribuno

Al día siguiente de su muerte acaecida en nuestra ciudad el 12 de marzo de 1981, el diario El Tribuno le dedicó un recordatorio en página central.

*Colaboración en este nota: Fulvia Lisi 

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