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“Hoy el niño copia a sus padres como si estuviera frente a un espejo, ya que se acabó el miedo” 

Miércoles, 27 de octubre de 2021 02:16

Claudia Messing es licenciada en psicología, sociología y presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar. El sábado 30 de octubre a las 11 brindará una charla gratuita por Zoom a beneficio de la Fundación Alfarcito. La especialista brindará recursos y herramientas a madres, padres y educadores para la crianza y la educación. Para inscribirse se puede escribir a contacto @eurekaorientacion.com y hay un CBU para realizar donaciones: 2850125930094060099271.

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Claudia Messing es licenciada en psicología, sociología y presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar. El sábado 30 de octubre a las 11 brindará una charla gratuita por Zoom a beneficio de la Fundación Alfarcito. La especialista brindará recursos y herramientas a madres, padres y educadores para la crianza y la educación. Para inscribirse se puede escribir a contacto @eurekaorientacion.com y hay un CBU para realizar donaciones: 2850125930094060099271.

¿Por qué es tan difícil ser madre, padre o educador hoy? Es el título de su charla ¿Por qué eligió esa temática?
La charla surge a partir de la inquietud de Guadalupe Salom, directora de Eureka Orientación y una de las organizadoras de este evento, que me plantea la preocupación de las madres relacionadas con su institución acerca de los numerosos accidentes viales que hubo en la provincia, y de la dificultad de poner límites a sus hijos. Como exalumna, ella conoce toda la trayectoria clínica y de investigación que vengo realizando desde comienzos de la década del noventa, y que ya dieron lugar a cinco libros sobre esta temática. Me convocó para poder explicar cuál es el gran cambio psíquico de las nuevas generaciones de niños y jóvenes, y cómo esto podía ser un aporte muy importante para la comunidad de Salta. Todavía a nivel social se desconoce que hoy los chicos desde que nacen están en “paridad psíquica” con sus padres. Este fenómeno, denominado “simetría del niño con el adulto”, es un proceso por el cual hoy el niño copia a sus padres como si estuviera frente a un espejo, ya que se acabó el miedo y la distancia de anteriores modelos de crianza, que impedían este proceso de copia o mimetización masiva. A partir de allí el niño se siente en paridad psíquica con sus padres y se confunde con un adulto, cree ser un igual, con los mismos derechos y atributos, confía en su criterio y lo pone a la par del adulto. 

¿Cómo tiene que ser esa comunicación?
Como el chico está en paridad psíquica con los adultos no acepta órdenes o indicaciones, o las escucha y no las toma tan en cuenta como ocurría en épocas anteriores. Hay que hablar, aprender a incluirlos, conmoverlos, interesarlos, aprender a pedirles ayuda, a informarlos y transmitirles las limitaciones que nosotros como adultos tenemos en nuestra vida cotidiana. Hay que poder llegarles al corazón. Los padres, desconociendo este cambio, oscilan entre múltiples explicaciones y terminan recurriendo al viejo método autoritario de gritos y castigos, tan difíciles de sostener. En este nuevo modelo de autoridad proponemos distintas instancias pero el primer paso sin duda es la inclusión y la participación de los chicos en los problemas que les competen.

Ahora los chicos vienen como con un chip nuevo y ya no le tienen miedo a la rigidez de los padres. Pero ¿cómo hacen los padres para reconvertir ese chip con el que fueron criados? 
Tal vez hay que usar ese miedo que ustedes sintieron en la propia crianza para colocar el miedo en el afuera. Los chicos no le tienen miedo a los padres, pero pueden ser conscientes de los miedos del afuera y tienen que aprender a confiar en la palabra de los padres para aprender a protegerse. Para ir nutridos en este cuidado en el afuera. Usar esos temores para que ellos sean sensibles a las preocupaciones que uno tiene con el afuera, porque la verdad que el miedo no es a los padres, el miedo es a un chico que no se sabe cuidar, que se alcoholiza, que no puede encontrar ese límite protector, que no confía en la palabra de los padres para contarles cuando hay un problema o cuando está preocupado por sus compañeros. Esto es lo que hay que habilitar. Hay que habilitar nuevamente la confianza de los chicos para que recurran a sus padres, porque otra de las consecuencias que los padres desconocen de esta generación, como ya señalé, es que te copian, se sienten adultos por dentro, pero no te internalizan, no te llevan dentro. Hay que trabajar todos los días para que este hija o hijo logre internalizarnos nuevamente como figuras protectoras.
 
¿Cómo hacen los padres?
Los padres por amor a sus hijos aprenden nuevos recursos, nuevas estrategias, y aprenden a hablar de sus limitaciones, porque incluso un padre que tiene esta problemática puede partir de ahí. Uno tiene que aprender a hablar con el corazón de lo que a uno le cuesta como padre llegar a ellos, de sus temores y sus preocupaciones, de su necesidad de contar con su colaboración, con autenticidad y sin victimización. Y eso es lo que llega. porque si los chicos no colaboran, los padres no pueden solos establecer esta protección. Hay que recordar que los chicos aman a los padres, lo que pasa es que tienen su propia adolescencia, su propia necesidad de explorar, encontrarse a sí mismos, pero cuando los padres aprendemos a conmoverlos desde nuestras propias limitaciones y las podemos manifestar con sinceridad, ellos se podrán acercar y colaborar.

¿Cuándo usted empezó a notar que había esta necesidad de tener una nueva relación con los hijos? 
Yo empiezo a investigar este fenómeno a comienzos de los 90, cuando explotan las nuevas sintomatologías en niños y jóvenes. De repente aumenta el déficit de atención, aumenta la cantidad de medicación que se da a los niños y esto ocurre en la Argentina y en el mundo. A partir del 90 se empieza a notar este cambio, y ahí empiezo a notar que en la clínica el 100% de las consultas era por situaciones de enfrentamiento de padres e hijos, o donde los chicos tenían una posición interior de paridad respecto a sus padres. Muchos años después, en 2005, escribiendo mi primer libro acerca de la desmotivación de los jóvenes, descubro que este cambio psíquico no depende de las dificultades de los padres para instalar su autoridad, sino que es estructural, este cambio, no depende de lo que los padres hagan, le afecta a todos los niños en el mundo porque cada sociedad muestra la simetría a su manera. Cada sociedad da muestras de este cambio estructural que todavía desconocemos en su magnitud. Se ven los síntomas pero no se descubrió hasta qué punto esto es estructural, quiero decir involuntario. Los padres, conociendo esto, pueden flexibilizar la simetría de sus hijos, no cambiarla, no modificarla, pero sí darles herramientas para que utilicen la simetría a su favor, utilizando la enorme capacidad de comprensión que tienen para reconstruir la confianza en sus padres como figuras protectoras. No van a responder bien si sienten que los manipulamos y les decimos lo que tienen que hacer. El chico simétrico, al estar a la par internamente con su padre, cuando le dan órdenes se siente devaluado y cuando uno le indica demasiado lo que tiene que hacer también se siente desvalorizado. Hay que respetar ese sentimiento y en vez de ordenarle y decirle lo que tiene que hacer, lo invitamos a participar. Si el chico no quiere colaborar ahí estamos autorizados a decir que volvemos a un sistema más directivo. No somos autoritarios de entrada, le damos la oportunidad de respetar esta paridad que tiene en la cabeza.

¿Hay una pérdida de autoridad de los padres o un nuevo rol en la autoridad del padre?
Ante la dificultad de constituirse como una autoridad muchos padres renuncian, o si no oscilan entre explicar y después se ponen nuevamente autoritarios cuando fracasan todos los métodos de comunicación. Van de un extremo al otro y se vuelven como inconsistentes ante la mirada de los hijos. 
Entonces, hay que recuperar nuevamente la autoridad de los padres pero una autoridad que conozca la simetría de sus hijos, que aprenda a llegar a ellos, que aprenda a lograr su colaboración por otras vías que no son el modelo autoritario anterior, porque este fracasa rotundamente con esta generación simétrica. Entonces, la autoridad la tienen que tener los padres. Y los padres van a ser mucho más eficaces con sus hijos si también conectan con su propio lugar de hijos. Es un lugar que nunca hay que perder, donde uno necesita la conexión emocional con los padres. Cuando los padres también conectan con ese lugar de hijos, los hijos por contagio emocional inmediatamente lo toman. O uno conecta con su lugar de hijo con los propios apoyos o se vuelve muy vulnerable a la respuesta de los hijos. Ahí se pone dependiente y falla su energía. Y estos chicos requieren de mayor firmeza que nunca. No autoritarismo pero si firmeza para hablar, porque cuando uno explica lo que siente y les pide ayuda lo hace desde una posición de firmeza. Eso es lo que los chicos respetan y sienten como un lugar de apoyo posible. No hay que confundir emocionalidad y sentimientos con debilidad. Las emociones y los sentimientos no nos debilitan, nos fortalecen si sabemos encontrar las palabras para expresarlos.
 

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