Ciriaco Agostini: 40 años de servicio espiritual entre ángeles y demonios

Ciariaco Agostini nació en 1959 en Jujuy, pero reside desde hace casi dos décadas en Salta. Espiritualista y practicante de medicina alternativa, formador de maestros en diversos campos como reiki, runas, registros akáshicos, etcétera, mientras reposa de sus actividades en el consultorio por motivos de salud, gentilmente le concedió esta entrevista a El Tribuno.

Usted cuenta que proviene de dos ramas, culturas y espiritualidades disímiles: la italiana y la aimara. ¿Puede detallarnos su historia?

Los Agostini son de Italia. Vinieron todos los hijos casados excepto el último, que tenía quince años en aquel momento y que sería mi abuelo. Todos trabajaron dos años como peones y juntaron el dinero para comprarse la finca. La familia era muy grande. Había muchos niños, los hijos de los empleados incluidos. Mi bisabuelo, César Agostini, decidió entonces fundar una escuela para los chicos y le pidió al Gobierno de la Provincia que le mandara un maestro. Entonces llegó una maestra, alta y grandota, bien colla, Alicia Rodríguez, proveniente de un lugar de Jujuy que se llama Cochinota y donde son particularmente negros. Mi abuelo, ya de 17 años, entró a enamorarse totalmente de ella, que tenía 24 años. Mi familia italiana venía con una mano atrás y otra adelante, pero le dijeron “no mezclemos sangre” y fue muy difícil para ellos. Mi bisabuelo amenazó con desheredar a mi abuelo y por eso él y mi abuela se escaparon a la quebrada e iniciaron su familia ahí. Recién al fallecer mi bisabuelo, mi bisabuela Santo mandó a buscarlos. Mis abuelos ya tenían dos hijos y al volver les hicieron prometer varias cosas a ambos, especialmente mi bisabuela. Primero que los hijos iban a ser educados bajo la fe católica. Y mi abuela aceptó, pero dijo: “El primer nieto es mío. Nazca de quien nazca al primer nieto lo educo yo”. Y acá estoy. Por eso, mi vida fue una disputa entre mi abuela, con todo su derecho, educándome en la espiritualidad andina, pero también esencialmente en cómo se manejaban en la política y las religiones y del otro lado toda la familia orando para salvar mi alma.

¿Y cuándo sintió ese llamado de servicio espiritual?

Cuando yo tenía 14 años, mi abuela murió súbitamente sin terminar de hacer mis iniciaciones. Quedé bastante desarticulado y fue mi papá, quien siempre dijo que era agnóstico, él que me contactó con un personaje que en aquel momento estaba volviendo a Jujuy. Lionel, así se llamaba el personaje, había estado con el filósofo italiano Giuseppe Lanza del Basto, discípulo de Mahatma Gandhi y fundador de la Comunidad del Arca. Lionel se casó con Teresita y se fueron a vivir en Francia en la comunidad que habían formado. Ellos son los que me introdujeron en las prácticas orientales. También me hicieron desarrollar la creatividad para elaborar cosas artesanales.

A los 16 años me fui a Córdoba para estudiar Medicina. Pronto mi madre, que es uno de los seres que más he querido en mi vida, muere de cáncer fulminante en una cuestión de meses y entonces me plantee qué estaba haciendo estudiando medicina si yo ni la medicina habíamos podido hacer algo por mi madre.

Me tomé un año sabático y me fui a Perú porque me interesaba la cuestión andina y llegué a Vancouver (Canadá). Allí me quedé un tiempo porque conocí a un japonés que estaba estudiando ahí. Él me invitó a participar de los festejos del sexagésimo cumpleaños de su padre en Japón. Y allá me quedé invitado por la familia durante cuatro meses. Japón siempre me había encantado desde que a los seis años me habían regalado un libro de cuentos sobre mandarines pequeños, monjes pequeños, me había quedado muy grabado esto y yo quería conocer Oriente y fue la oportunidad.

¿Qué lo hizo volver?

Volví a Córdoba para seguir estudiando y en quinto año de la carrera conocí en un hospital a un misionero jesuita, pero laico, cuya casa estaba en Santiago del Estero y que me invitó a hacer un retiro espiritual. Luego de esa experiencia no tuve dudas de qué era lo que quería hacer. Eso también iba a saltar a través de la terapia. Me formé como misionero laico y cuando llegó el momento de ver adónde quería ir, me tiré un lance y dije Oriente, y tuve la suerte. Mi primera misión fue en un campo de refugiados norcoreanos, justo en el paralelo 38 donde se dividen las dos Coreas y ahí empecé una vida extremadamente fuerte y dura, pero yo la llevaba adelante sin problemas. Después de siete años volví a Argentina para ver si terminaba Psicología, porque había cambiado Medicina por Psicología, pero no daba pie con bola. Entonces tuve una experiencia angélica.

¿Cómo son los ángeles?

Los ángeles para mí eran un concepto no más. Yo había tenido un accidente en la rodilla y había caído en un estado depresivo muy fuerte y me estaba ayudando una facilitadora de ángeles. El ángel me mostró por qué me había pasado lo que me había ocurrido, por qué yo había quedado en Jujuy y que debía recoger todo lo que había aprendido hasta ese momento y entregarlo a la gente.

Eric, que así se llama el ángel, se me presentó como una silueta perfectamente reconocible, pero como formada por pompas de jabón. A partir de ese momento empecé a atender gente con todos los conocimientos que había adquirido en mis viajes como la tirada de runas, pensamientos profundos de Teología y etcétera, siempre, por supuesto, recibiendo guía y orientación de mis ángeles.

Todos nosotros tenemos tres ángeles. La confusión de que es uno viene de que normalmente solo desarrollamos relación con uno de ellos, pero cada uno se encarga de uno de nuestros cuerpos: físico, mental y emocional. Lo que tenemos que hacer es entrar en relación con los tres. Se presenta primero el más cercano a tu actitud. Hay gente que por miedo a esto se niega completamente y es la que no ve. El mundo espiritual es muy cuidadoso. Los ángeles saben que si una persona no va a resistir su visión no se deben presentar.

¿En su trabajo en el campo paranormal tuvo alguna experiencia especialmente aterradora?

En uno de los primeros exorcismos de los que participé y en el que oficié como ayudante de exorcista me tocó ir a un prostíbulo en Córdoba y todos, tanto las mujeres que trabajaban ahí como sus cafishos, habían empezado a tener peleas terribles entre ellos y estaban fuera de sí. Se trataba de fuerzas brutales con telekinesia, volaban los ceniceros, las sillas se caían. Hacer ese trabajo de expulsión de entidades nos llevó tres días y yo me preguntaba qué hacía allí.

Hablando desde el desconocimiento, a mí me resulta llamativo ver que haya personas que cuando publicitan sus servicios afirman hacer “pactos con el diablo”. ¿Es posible contactar al “propio” diablo o más bien a sus huestes o seres de bajo astral y aquello se trata de un marketing rimbombante?

La mayoría de los que hacen magia negra termina enloqueciendo, y lo has dicho vos, están en contacto con seres espirituales bajos, pero no con Satanás. La vibración que tiene ese ser, al igual que la vibración que tienen los arcángeles, es tan alta que podría disolver nuestro cuerpo físico, así es que resulta imposible estar en contacto con ellos. Hay muchas personas que dicen tener contactos con el arcángel Miguel, por ejemplo, y no es cierto, sino que tratan con ángeles azules que son del grupo de él, pero la gente necesita ser rimbombante. Tengo 40 años en la vida espiritual y he tenido momentos muy buenos, y aún en esos momentos muy buenos no me acerqué a alguna entidad elevada porque no tenemos preparado el cuerpo para resistir esa vibración.

¿Le ha tocado atender a personas que llegan a su consultorio con la inexplicable certeza de que les han hecho trabajos de magia negra?

Mucho más de lo que uno piensa; pero también ahí está el caballo de batalla de los chantapufis, porque una persona que acude a uno ya está segura de que le han hecho uno de estos trabajos y ¡es tan fácil hacerlo caer en ese convencimiento! A veces ocurre que la gente no puede reconocer que la mayoría de los problemas que tenemos es por macanas que nos hemos mandado nosotros mismos. Necesitan echarles la culpa a la suegra, a la vecina del frente, al exmarido antes de aceptar que ellos mismos son los que se están generando todo. Recomiendo averiguar dónde se va a ir y hay algo que es claro: un buen espiritualista no hace publicidad, sino que su fama va de boca en boca.

¿Existen las llamadas casas embrujadas?

No son casas embrujadas en el sentido propio del término, sino que allí han quedado cautivos espíritus que han vivido en esas casas y que no han podido migrar por venganza, por apego o por lo que sea. A esos espíritus les molesta que hayan venido personas a vivir en la casa y se hacen notar en distintos grados. Es muy raro que alguien haga brujería contra una casa.

¿Se ha estudiado qué nivel de conciencia tienen las almas desencarnadas?

Lo han estudiado las personas con capacidades mediúmicas, ellos pueden verlo con mucha claridad. Es una situación bastante difícil para los espíritus, porque están acá, pero ya no están vivos.

¿Le ha tocado intervenir en alguna historia de sanación milagrosa?

Hago curaciones, pero no es que sea un curador nato. Una vez vino un chico con leucemia y en un estado de extremada gravedad, le hice reiki guiado por los ángeles y él volvió a las tres semanas totalmente curado. Los médicos no podían explicar la situación. Eso fue para mí lo más shockeante, porque yo estoy más en las cuestiones pscológicas y psicoespirituales.

¿Cómo se cuida para que las energías no lo afecten?

Primero es una cuestión de actitud. Nosotros tenemos que ver todo como si lo viéramos a través de una pantalla y después hay una serie de artilugios que nos ayudan. Yo siempre voy vestido de negro, que es un escudo para todas las cuestiones sobrenaturales. El punto es que así como no deja entrar la energía negativa, tampoco deja entrar la positiva. Por lo tanto, todos nosotros, a la mañana o a la noche, tenemos momentos en los cuales tenemos que hacer ejercicios espirituales para llenarnos de energía. También uso muchas joyas de plata, porque es el mineral que mejor trasmuta lo negativo.

¿Qué pasa cuando su salud le demanda un descanso?

Hago eso, descansar; pero primero hay que lograr que te dejen hacerlo, pero no porque Dios o los ángeles te obliguen a nada, sino porque la demanda de la gente es imparable. Para tomarme un día, tengo que encerrarme y no atender a nadie. Hay momentos en que hay que parar, hacer cable a tierra, descansar, viajar, porque realmente te llenás.

¿Tiene una gran duda en este camino que eligió?

La gran duda es si estaré haciendo las cosas bien. Siempre dudo de si estoy haciendo las cosas bien y estoy tratando de poner a la luz de por medio y jamás pierdo la visión de que soy un medio y no el que ayudo a una persona. Soy un caño por el que pasa la luz y la ayuda.

¿Qué otros motivos traen a la gente hasta su puerta?

Hace años el problema recurrente era el económico, que no se ha ido y siempre está presente. En 2001 creo que la gente experimentó una debacle y tenía terror. El afectivo también, pero hay épocas, desde 2008 en adelante en que apareció más. Y ahora el existencial. La gente ya no dice: “Estoy mal con mi pareja o mal económicamente”. Te dicen: “No sé qué hacer de mi vida”. Pero así directamente. Te dicen: “Tengo hijos, no quiero tenerlos, no quiero saber nada con mi familia, ni con mi trabajo. Quisiera despertarme mañana en un lugar totalmente distinto de este”. Hemos llegado a eso y creo que eso se exacerbó con la pandemia.

¿Qué desafío supone un consultante con tantos puntos para trabajar en sí mismo?

Ahí es donde tenemos que poner todos nuestros estudios, todos nuestros conocimientos y toda nuestra experiencia porque la persona está socavada, desfondada y no tiene de dónde agarrarse. Lo primero es hacer que vuelva a su eje. Es más difícil la cuestión de la fe. No se le puede pedir que prenda una vela y rece esto, sino que hay que manejarse muy sutilmente. De a poco va recuperando cada una de sus partes.

¿Y si su solución es en efecto irse y levantarse en otra realidad y en otra parte del mundo?

La solución no es escapar porque adonde vaya lleva sus problemas. No le digo que no se vaya, pero sí que cierre antes sus cuestiones: su matrimonio, sus hijos, el trabajo. Pero no hay que irse dejando las puertas abiertas porque se hace mucho daño a la gente que queda y se pregunta qué está pasando.

¿Tiene un consejo espiritual para aplicar en el día a día?

Después de lo que hemos pasado, estuvo bueno el pensamiento que empezó a tener el ser humano respecto a esto de cómo cambia la vida de un día para otro. Pero desgraciadamente parece que eso fue al principio no más, cuando los animalitos andaban libremente por las calles y se habían limpiado las aguas, y después se olvidaron y cayeron exactamente en lo mismo. Mi consejo es sintetizar, dejar de lado los espejitos y todas las macanas con que llenamos personalmente o las mismas religiones llenan la vida del ser humano. Hay que sintetizar, ir a lo concreto y lo concreto es acción. Eso significa: basta de bibliotecas ambulantes y convertirnos en personas que seamos capaces de accionar permanentemente. Hoy aprendo esto, hoy lo pongo en práctica. Es lo único que verdaderamente nos va a hacer crecer y también, no es la cantidad de cursos, de libros ni de personas que he conocido alrededor del mundo, sino el tamaño del corazón lo que nos hace ver que vamos creciendo espiritualmente. Cuando se agranda como un pochoclo y cumple su misión, que es la de amar, nos muestra que certeramente estamos evolucionando. Todos tenemos el concepto de lo sagrado y la divinidad. Nos cuesta horrores llegar a este concepto, no estamos preparados, pero lo pongamos en práctica: “Hacé de tu vida algo divino y hacé de cada acto de tu vida un acto sagrado todos los días, desde que te levantás hasta que te acostás y cuando menos te des cuenta tendrás a un santo presente”.

Temas

Últimas Noticias

Últimas Noticias de vida-y-tendencia

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...