“El cambio más grande que vi en el cine es que muchas mujeres quieren contar sus historias”

En el marco del ciclo de verano “En primera persona”, organizado por Pro Cultura Salta (Mitre 331), el director de cine Alejandro Arroz dará una conferencia que se transmitirá hoy, a las 20, en el canal de Pro Cultura en YouTube. El productor, guionista y director de cine y televisión salteño, creó la Semana de Cine Argentino en Salta. Además da desde hace dos décadas el Taller Anual de Cine y codirige desde 2008 y junto a Matilde Casermeiro el Cine Club de los Miércoles. Arroz ganó siete premios nacionales otorgados por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), dos premios de la Secretaría de Cultura de Presidencia de la Nación y obtuvo dos becas de la Fundación Antorchas. También produjo y dirigió 30 documentales sobre el Noroeste argentino, la serie documental “Blanco y negro” (2011); la serie de ficción “Historias de la orilla”, basada en cuentos de Carlos Hugo Aparicio (2012); “Los Vilca Condorí” (2013); los largometrajes documentales “Alberto Granado, el viajero incesante” (2016) y “Alberto Castellanos, leal ayudante del Che” (2018); y los largometrajes de ficción “Luz de invierno” (2007) y “Pallca” (2011). Sus producciones fueron invitadas a participar de festivales y muestras internacionales de cine en Brasil, Cuba, Colombia, Bolivia, España, Marruecos, Francia y Sudáfrica.

Uno de los temas que abordará en este ciclo es cómo fue su experiencia durante el confinamiento. ¿Qué debió posponer en su agenda de 2020 y cómo lo retomará en 2021?

Dejé inconcluso mi taller de cine de verano del año pasado y lo terminé vía Zoom. Durante 2020 me llamaron de un montón de lados, pero no accedí a dar capacitaciones, porque mis talleres tienen el plus de la práctica intensiva y no me pareció bueno que se perdiera esa esencia mantenida por veinte años, en los que todos los participantes terminan filmando. Tengo talleres de varias modalidades: los estacionales, de verano o de invierno, que duran tres meses, los semestrales y los anuales, y en todos la práctica es preponderante. Si pasábamos a la modalidad on line iba a perderse el trabajo con equipos profesionales y la producción de material que luego se estrena. Ahora hemos analizado abrir unos talleres a distancia, pero que van a hacerse sobre lenguaje audiovisual y guion cinematográfico, de abril a agosto. Mientras que los presenciales pensamos abrirlos en agosto, cuando esté la población vacunada y las condiciones de seguridad sanitaria dadas para todos. 

En noviembre pasado estrenó “Alberto Castellanos, leal ayudante del Che”, durante la vigésimo cuarta Semana del Cine, ¿en qué quedó el próximo capítulo?

Justamente tuve que posponer la filmación de la tercera entrega sobre los escoltas del Che. Tenía que viajar el 1 de julio a filmar dos documentales más. Lamentablemente, uno de los personajes murió, que es Harry Villegas, conocido mundialmente como “Pombo” en la guerrilla de Bolivia, y el otro es José Mendoza Algarín, que me está esperando, aunque es una persona de casi 80 años bajo cuidados máximos por la pandemia. Felizmente en los últimos diez años hay mucha conectividad con Cuba y estamos hablando semana a semana, manteniendo el proyecto en pie para cuando se pueda realizar. Vamos a ver si podemos ir en julio o, más seguro, en diciembre de este año. 

¿Cómo celebró los 20 años de el Taller Anual?

Fue una paradoja porque los cumplimos sin poder dar clases, pero me ofrecieron de Milenium TV Salta un espacio los jueves, a las 16, en el que estamos mostrando las producciones del taller. Los talleres siempre fueron muy placenteros para mí. Cuando quise estudiar cine en 1983, la democracia recién estaba llegando, me tuve que ir a Buenos Aires porque acá no había dónde. Uno de los compromisos que asumí era intentar transmitir aquí el poco o mucho conocimiento adquirido a un público salteño que no se podía trasladar a Buenos Aires. El primer taller que di acá, asociado con un canal de TV, se realizó en 1989 y tuvimos más de 100 alumnos, lo que fue una sorpresa inmensa e incluso tuve que llamar a dos compañeros más de estudios para que vengan a ayudarme en el dictado. Luego tuvimos distintas etapas con la UNSa o la Ucasal, que me convocó para abrir la carrera de Producción de Cine y Televisión, donde estuve hasta que egresó la primera cohorte y luego renuncié, porque nunca estuve muy cómodo con la burocracia de la educación formal. 

¿Qué diferencias ha notado entre el público de los primeros años que acudía a los talleres y el que asiste ahora?

El crecimiento fue grande y el público fue variando. Ahora los participantes son de menor edad y hay una altísima participación de mujeres, alrededor de un 70% contra un 30%. Me parece muy interesante ese giro, el que muchas mujeres quieran contar sus historias desde sus puntos de vista. Es el cambio más grande que vi.

¿En esa tendencia influye el trabajo reconocido internacionalmente de Lucrecia Martel, Bárbara Sarasola-Day y Daniela Seggiaro?

Creo que tiene que ver más con ese importante movimiento que hizo la mujer este último tiempo para tomar la palabra. Claro que Lucrecia, con quien trabajé en su corto inicial “Rey muerto”, tiene mucho que ver y hay mucha influencia de ella en la forma como quieren contar sus historias las mujeres, y soy amigo de Bárbara y de Daniela. Todas ellas influyeron en que las chicas quieran estudiar cine, pero no es un fenómeno solo salteño, porque mantengo diálogo con gente del sector del cine en el país y hay coincidencias. Es creciente el número de mujeres que estudian cine y también el apoyo que se le da a la mujer en el mundo del cine. Por ejemplo, el Incaa en los últimos concursos establece un cupo femenino de un 30% en los equipos de trabajo. 

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