La formación de un patriota

La consolidación definitiva de su fama de guerrero valiente y arriesgado se produjo en 1807, durante la Segunda Invasión Inglesa. Luego de la primera de esas incursiones, Güemes forjó en su personalidad rastros indelebles que lo marcarían definitivamente en su corta vida.

Trabó amistad con Domingo French, quien se destacaría en los sucesos del 25 de mayo de 1810 y luego en 1816 vendría a Salta en una posición antagónica hacia Güemes enviado por el gobierno central, pero merced al trato que se dispensaban sirvió para limar asperezas. Frecuentó a Juan Martín de Pueyrredón, cuyo Regimiento de Húsares revistó y tomó la chaqueta de su uniforme, hasta el final de su vida. Una vieja relación ligaba a la familia del futuro caudillo salteño con el que luego fue Director Supremo, pues su hermano Diego de Pueyrredón, había sido teniente de gobernador de Jujuy y amigo de su padre, don Gabriel de Güemes.

Sin embargo, quien le dispensó especial consideración y estima al joven militar salteño, fue el héroe de la Reconquista y la Defensa, Santiago de Liniers. Profunda impresión causó en su ánimo, cuando tres años más tarde, el jefe que él había admirado tanto fuese brutalmente fusilado en Cabeza de Tigre. Uno de los episodios más luctuosos e inexplicables cometidos por el sector más reaccionario de la Revolución de Mayo, que marcaría a Güemes y lo convencería de no fusilar ni torturar a sus adversarios.

Ahora bien, en 1807 Güemes volvió a combatir con denuedo. Ya no era un ignoto soldado bisoño recién llegado, sino un respetado combatiente. Primero participó del combate librado en los Corrales de Miserere (actual Plaza Once o Plaza Miserere de la ciudad de Buenos Aires).

Luego desde la azotea de la Casa de la Virreina Vieja, ante la feroz carga de fusilería graneada que tiraba el Regimiento 71 Escocés Highlanders conducido por el teniente coronel británico Cadogan, el futuro caudillo salteño salió a caballo y los embistió. El héroe resultó herido en un hombro. Esta acción de Güemes no solamente mereció el elogio y la admiración del virrey Liniers, sino que éste le escribió al propio Rey de España y, junto a la nómina de otros oficiales que se habían batido gallardamente en la lid, mencionó especialmente la actitud en combate del cadete Güemes, afirmando que se había batido en todos los lances con el mayor valor.

Mientras la fama del soldado gaucho se acrecentaba, cuenta la leyenda que mientras la llamada Casa Consistorial (es decir el viejo cabildo) sirvió de jefatura de guerra a las tropas invasoras inglesas, Güemes junto a otros jóvenes estuvo dispuesto a hacerla volar, con tal de hacer sucumbir los propósitos británicos y poner fin a la Segunda Invasión.

            Durante el sitio de Montevideo de enero de 1807, también tuvo una participación que mereció el elogio de sus jefes. Dicen que Güemes montaba y desmontaba a caballo, y corría de un lado a otro para reorganizar la resistencia e incluso llegó tomar el fusil de algún soldado caído para sostener el fuego.

En todo este tiempo el futuro gobernador intendente de Salta se hizo de amigos; en particular de Mariano Rolón y Manuel José Bustillo. Este último lo visitaría años después en Salta. Rolón combatió junto a Güemes, debido a que también revistaba como soldado del Regimiento Fixo y fueron ascendidos juntos al grado de subteniente. Sin embargo, luego de su actuación en la Segunda Invasión fue promovido al grado inmediato superior de teniente, con reconocimiento al mérito en combate.

Después de todas estas vivencias, al enterarse de la muerte de su padre, Güemes decide volver a Salta. Era marzo de 1808. Para entonces había acumulado una invalorable experiencia militar y había observado particularmente los vaivenes de la política rioplatense.

Pese a que sólo tenía 23 años, su nombre comenzaba a tener prestigio en la consideración pública y por esa razón comienza a figurar en las cartas escritas en esa época como teniente del Cuerpo de Granaderos del general Liniers. 

Es decir, formaba parte de las tropas de elite que habían reconquistado y defendido Buenos Aires frente al asedio inglés.; una parte del viejo Regimiento Fixo había pasado a denominarse Compañía de Granaderos provinciales de Infantería, después del 25 de junio de 1806.

Sin embargo, como sucedió a lo largo de la historia con tantos abnegados hombres y mujeres que ofrendaron sus servicios a la Patria, no se le pagaba lo que le correspondía a sus dos grados militares. Ya había sido removido por intrigas e infamias el virrey Liniers, a quien lo había reemplazado el almirante Baltasar Hidalgo de Cisneros, el último que ocuparía ese cargo. Fue entonces cuando Güemes le escribió una carta sin fecha, en la cual le realizó un reclamo salarial. Allí, el futuro jefe gaucho, enumera de manera sintética su foja de servicios y afirma haber actuado tanto en la Reconquista como en la Defensa de Buenos Aires, como así también en las campañas militares contra los ingleses que transcurrieron en Montevideo; menciona también la ocasión en que fue herido en combate.

 Este es un período de transición en su vida. Son los prolegómenos de la Revolución de Mayo y los nuevos regimientos creados a raíz de las Invasiones Inglesas no siguieron un orden administrativo adecuado. Tanto es así, que para fundar su reclamo Güemes debe decir que perteneció al Regimiento Fixo, pero que a la vez fue alférez y teniente de milicias del Regimiento de Granaderos de Liniers. Añade que fue incorporado a la plaza de armas de Salta por disposición del entonces gobernador realista Nicolás Severo de Isasmendi. Sin embargo, un eterno ofuscado, como lo fue el gobernador de Montevideo Francisco Javier de Elío, a quien Cisneros le había derivado su planteo, le negó la petición a Güemes.

En el Regimiento Fixo e Infantería, primero en Salta y luego en Buenos Aires; el Regimiento de Húsares, con Pueyrredón y el Cuerpo de Granaderos del virrey Liniers, Martín fue formándose y preparándose para la epopeya.

Puede observase que en la mayoría de los combates en que intervino, Güemes se destacó por su personalidad por encima del conjunto, revelando desde el principio sus formidables cualidades de líder. Aún faltaba más de un lustro para que cumpliera su misión.

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