Salteños se suman a decorar sus casas con cuadros de frases positivas

“Vive. Ríe. Sueña. Ama”. “Solamente buenas vibras”. “Aquí se sueña”. “Si lo puedes soñar, lo puedes hacer”. “Hagas lo que hagas, hazlo con pasión”. 
Estas son algunas de las misivas recurrentes en los denominados cuadros de intención o fraseros, que comenzaron a popularizarse hace un par de años y tuvieron su apogeo en la pandemia, cuando la inactividad puso a varios a atender tutoriales de decoración para vestir de colores propios su hogar. Tal es el caso de la profesora de yoga Cintia Nanclares (39), quien, imposibilitada de impartir clases presenciales, se reinventó con su marca “Decilo con frases”. Ella pintaba desde hacía diez años, pero esta habilidad la reflotó cuando se vio con dos hijos, Luna (14) y Benjamín (10), pasando “tiempo muerto en casa”. Reacomodando placares aparecieron proyectos artísticos abandonados, acrílicos y pinceles. “En esta búsqueda de ver qué podía hacer con lo que tenía y una salida laboral que me pudiese generar dinero, pensaba que quería volver, pero con algo que realmente tuviera impacto, porque un cuadro muy elaborado iba a llevarme más tiempo y materia prima”, recordó. Añadió que dedujo que había que contrarrestar las emociones propias de la cuarentena, ansiedad, tristeza, incertidumbre, con palabras positivas y motivadoras. “Me encontré en las redes sociales con la profesora de pintura Claudia Domínguez y ella, como se vio afectada en lo económico por no poder trabajar, empezó a dar clases on line. Me hizo reencontrarme con mi veta artística. Este aprendizaje me ayudó a sobrellevar el mal momento y a transitar el encierro”, compartió. Agregó que inició con sentencias breves, pero luego aparecieron mensajes como “Si el plan no funciona, cambia el plan, pero no la meta” o “Vive la historia que quieras contar”. Sobre los gustos del público acotó que además de la lista que ella ofrece surgieron los pedidos por estrofas de canciones y también por que intervenga bandejas o frases cortadas para poner sobre las paredes. Al inicio Cintia ponía los fondos en marrón como un efecto antelado y destacaba las frases a puro color. Pasó de los naranjas y marrones -de su preferencia porque los ambientes de su casa están fusionados con esos colores- y se fue abriendo a opciones a las que estaba desacostumbrada como las gamas de verdes y rosados. “‘Son las pequeñas cosas las que hacen grande la vida’ fue un mensaje que marcó mucho el tiempo de pandemia. Y también me incliné por las palabras simpleza, armonía, felicidad y paz... que uno a veces las repite y las hace sonar trilladas, pero porque no les da el verdadero sentido; salvo cuando pasan estas situaciones, en las que nos tenemos que reencontrar en un espacio reducido para hacer lo que siempre hacemos”, señaló. Cintia cree que ayuda a su inspiración el no dejar librado al azar dónde y para qué un cliente le pide un cuadro. “De la comunicación con quien lo encarga nace la idea, nace el diseño y nace el amor por ese cuadro, porque no hay más que amor en lo que hago”, dijo y mencionó que la canción de Carlos Varela guarda con cuidado el sentido de su trabajo: “Una palabra no dice nada/ Y al mismo tiempo lo esconde todo”. 

Mirada gestáltica

Por su parte, la facilitadora de Gestalt Carolina Fernández comentó: “Las frases son adecuadas en el sentido que contienen palabras positivas. El tema es por qué momento de mi vida estoy pasando y en qué momento las leo. Lo interesante de una frase es que lleve a generar una acción: reíte, creá o despeinate. El cerebro a veces se confunde y cree que solo con leer la frase ya está llevando a cabo la acción y en realidad se está inspirando y no pasa a la acción. Va a depender de qué tipo de frase sea y las palabras sueltas son como una orden”. Por ello, añadió, si se está pasando por un momento de tristeza lo adecuado es que la persona contacte con ese estado y no con otro que empeore su proceso interno, que lo haga precipitarse hacia emociones contradictorias a partir de “ríe” o “ama”, por ejemplo. 
“Es como una paradoja: en algunos momentos me van a resultar adecuados y en otros me van a actuar en contra. Por otro lado, muchas de estas palabras van a estar vacías, no van a significar nada y otras sí. Todo depende de quién las vaya a colocar en su hogar, porque muchas veces tienen que ver con una carencia, una experiencia, una inspiración o un mandato”, advirtió y citó que en su consultorio suelen trabajar con dichos agudos y sentenciosos de uso común como “Más vale pájaro en mano que cien volando” o “Al que madruga Dios lo ayuda”. “Como no son reales me están marcando un cómo- deberían-ser-las-cosas y cuando no lo consigo me frustro porque no conseguí algo que todos los días tengo en mi pared”, concluyó. 

Ambientes cálidos y con buena vibra

Graciela Quipildor cree que los objetos guardan su energía. Walter Echazú
La comediante Graciela Quipildor (40) estudió Bellas Artes, por lo que prácticamente todo su hogar está vestido con sus creaciones. Para ella los cuadros fraseros conllevan un sentido evocador. “Me gusta que los objetos que tengo en mi casa tengan una buena energía y que esta se manifieste en lo que dicen, sus colores, quién me los regaló, dónde o por qué los compré y el motivo por el que los hice”, destacó. También es dueña de un arbolito de intención y de una mesa con palabras impresas. “Tal vez al formar parte de mi sala de estar ni los leo, pero sí viene gente que se detiene a leerlos y se toma el trabajo de registrar esos mensajes”, expresó. Sobre el mueble que intervino ella misma con palabras como “magia”, abundancia”, “pasión”, alegría”, “luz” e “intuición”, sintetizó que “en algún momento estoy pasándole una gamuza a la mesa y me reencuentro con ese significado. También pienso que cuando los objetos ya no nos generan nada hay que tirarlos o deshacerse de ellos”.

 

Para María Belén Bordón, los cuadros fraseros devienen del hygge danés. 

La asesora de imagen y especialista en Ceremonial y Protocolo María Belén Bordón (36) señaló que los cuadros siempre revistieron un importante valor en los hogares de toda su familia. “Mi abuela Perla pinta al óleo y siempre nos dijo que tienen un valor especial en las casas, para ella son como hijos y por eso nunca los vendió”, relató. Agregó que aunque estas obras caras a sus sentimientos pueblan sus paredes, decidió que no integrarían un ambiente, al que preconcibió con un estilo más moderno. Para ello se ciñó al estilo danés hygge que se traduce como “comodidad”, pero más bien se trata de un concepto de vida en el cual se busca la felicidad en las pequeñas cosas y todo tiene que ser lo mas acogedor, empezando por la casa. “Cuando vi las palabras vive, ríe y ama, pensé en ponerlas arriba del sillón, donde todos pudiéramos verlas, pero principalmente yo. Para tenerlas como un ancla, mirarlas y decirme: ‘Me elijo todos los días y amo, río y vivo porque quienes somos mamás solemos posponernos’”, cerró.

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