Chicha: la bebida de los dioses y su complicada elaboración

Este sábado y domingo, la plaza principal de La Caldera se convertirá en el escenario de homenaje a chicheras y chicheros que año a año, durante tres décadas, por estas épocas se aprestaban a elaborar la bebida ancestral para el festival que lleva su nombre. Este año por la pandemia no se pudo realizar la 31° edición.
“Lamentablemente por la situación actual no tuvimos festival de La Chicha, pero la fecha no va a pasar desapercibida, porque nuestras chicheras van a tener la oportunidad de continuar mostrando nuestra cultura con la elaboración y venta de chicha”, indicó Diego Sumbay, intendente de La Caldera. Mañana a partir de las 12, se habilitará la feria de productos regionales y venta de comidas al paso. También habrá juegos tradicionales y exposición de stand temático referido a la chicha, todo amenizado con la participación de artistas y ballets locales.
En tanto el domingo 28, también con feria y venta de comida al paso de por medio, se homenajeará a Amalia Maidana, reconocida chichera caldereña, que falleció el año pasado, el descubrimiento de una placa recordatoria en la plaza principal.
En el predio del Centro Gaucho El Palenque, avenida General Güemes al 100, en ambas jornadas, se ofrecerá mate cocido y se vendará tortillas a la parrilla.

Cómo se prepara la chicha

Su preparación no solo es complicada sino que demanda mucho tiempo. Primero deben armarse bollos de harina de maíz y agua caliente, cocidos en el horno para usarse recién a los tres días cuando haya leudado.
Los bollos de harina de maíz dispuesto en grandes recipientes, generalmente ollas de barro con agua caliente se revuelven con un largo palo especial, llamado calvina, ya convirtiéndose en una pasta amarillenta. El mezclado debe acompañarse con movimientos que demandan el uso de todo el cuerpo, hasta que la masa comience a desprenderse de las paredes del recipiente y no se adhiera.
Después de una interminable batida con la calvina, de incesante agregado de agua caliente, en el recipiente se busca el reposo de la mezcla. Se alivian las cinturas doloridas y se decanta el líquido hasta obtener el arrope después de coladuras y trasiegos.
De cucharon se usan calabazas de gran tamaño, cortada por mitades; los coladores son lienzos delgados y, a veces se usan hojitas de algarrobo. Dos o tres días lleva la operación final de hervir el arrope. El primer hervor, especialmente, es muy agitado, y traicionero; exige atención constante junto al fuego para evitar que desborde el recipiente.
Los cuidadores deben turnarse alrededor de los fogones propiciando la tertulia con cuentos, chistes, guitarreadas y bailes improvisados, para mitigar la cansadora tarea. A esto se llama rondar a los arropes. Después de tan prolongada cocción, los arropes quedan convertidos en una masa oscura parecida a la crema de chocolate. Se disuelve, por fin, en la chuya (una de las porciones de líquido, separada oportunamente), y después de colado se deja fermentar en grandes tinajas de barro, cuya boca se tapa con trapos. A ellas alude la adivinanza lugareña que dice “una vieja borrachita con la cabeza atadita”. Del seno de estas “viejas borrachitas” sale por el fin la chicha alma del carnaval y de toda la fiesta, motor de alegría, motivo de las reuniones, espíritu misterioso de la tierra. 
 

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