“Pocas mujeres estudian ciencias por prejuicios. Hemos cambiado, pero cuesta ir a la práctica”

Más allá de lo que se puede percibir en las aulas o en los puestos de trabajo, los números no mienten. Los indicadores de género vinculados a las ingenierías encienden alarmas en Argentina. Según los datos de la Secretaría de Políticas Universitarias, en 2017 se graduó una ingeniera cada 10.427 mujeres, mientras que se recibió un ingeniero cada 3.238 hombres en el país.
La disparidad entre la cantidad de hombres y mujeres en el campo profesional es notoria y se observa en todas las distintas disciplinas. Lo peor es que aún quedan sectores que piensan que el trabajo que hace un ingeniero no puede ser realizado por una mujer, en especial en las áreas de electrónica, mecánica y petróleo, que todavía se ven como campos de acción que no serían favorables para la mujer. 
Patricia González, de 40 años, ingeniera química con doctorado en alimentos y madre de dos hijas, lo vivió en carne propia. Durante una entrevista con El Tribuno reconoció que el paso por la universidad no fue para nada un problema; sin embargo a la hora de buscar trabajo la situación cambió. “Cuando buscaba en los clasificados o las agencias, los pedidos para ingeniero decían hombre -excluyente-. Te daba bronca, pero no sé cuál es la razón. A lo mejor todavía analizan la presencia de una mujer en un planta donde la mayoría son hombre o la maternidad”, contó Patricia. 

¿De dónde es y cómo fue su formación académica?
Soy de Buenos Aires y vivo en Salta hace 8 años. Toda mi formación fue en Buenos Aires. Estudié en un secundario bachiller con orientación docente, para colmo, y cuando tuve que elegir mi carrera universitaria, recuerdo que hice un test de orientación vocacional. Siempre tuve inclinación por las ciencias exactas y las ciencias. En mi cabeza me imaginaba siendo una investigadora. Comencé a averiguar sobre las carreras, estaba entre una licenciatura en química y descubrí ingeniería química. Que en esa época no era tan conocida. Tengo 40 y hace 15 años que me recibí. Comencé a investigar de qué se trataba. Me inscribí para ingresar en la Universidad Tecnológica Nacional, hice el curso de ingreso y ahí fue mi primer shock con el tema del género. En los cursos de ingreso éramos 3 mujeres y 40 varones. Fue difícil, pero uno se va acostumbrando. La mayoría de las ingenierías son con mayoría de hombres. En la de química era donde más mujeres había. La UTN es una universidad con alto porcentaje de hombres. Pero nunca me sentí discriminada o con diferencias en la universidad.

¿Cómo fue trabajar?
Mi primer empleo fue como pasante en una planta de pintura de productos químicos y mi primer trabajo como ingeniera fue una empresa de ingeniería venezolana con oficinas en Buenos Aires. Ahí el primer tiempo hacía trabajo de oficina, de cálculos sobre los procesos químicos. En ese momento trabajamos con empresas de petróleo y gas. Luego comencé a hacer visitas en las plantas y a veces era difícil, porque en estas fábricas, la mayoría son operarios hombres. Igualmente nunca tuve ningún episodio incómodo. Lo que sí fue duro, cuando buscaba trabajo, es que me pasaba de encontrar ofertas de empleo para hombres excluyente. Y nunca entendí muy bien porqué. Imagino porque tenía que ver con el trabajo en plantas, o que en algunos requerís cierta fuerza física. O puede ser también por la cuestión de la maternidad. Fue algo que me dio bastante enojo. Creo que podemos hacer los mismos trabajos. En cuanto a los sueldos, nunca cobré menos que un hombre. Desde que vivo en Salta trabajo en el INTI. Así llegué acá. En el INTI me inicié en energía renovables, en la parte de biogás y ahora trabajo en alimentos en el departamento de Tecnología Agroalimentaria del NOA. 

“En el INTI inicié en energía renovables y ahora trabajo en alimentos en Tecnología Agroalimentaria del Noa”.
 

 

¿Cómo eligió la especialización en alimentos?
La especialización en alimentos fue un área que siempre me interesó. Siempre me atrajo y como no pude hacer ingeniería en alimentos porque estaba en una sola universidad pública, muy lejos de mi casa, hice la maestría. El tema de la tecnología de los alimentos siempre me pareció interesante y decidí estudiar un poco más y especializarme en eso. 
 
¿Cómo fue ensamblar el empleo y la maternidad?
Con respecto a la maternidad tuve los tres meses de licencia por ley, y con las dos nenas, cuando volvía a trabajar, lo que se complicó fue el tema de la lactancia. Cuando estaba en la casa era fácil, pero cuando tuve que volver a trabajar con la primera se complicó porque disminuyó la producción de leche, por una cuestión natural. Tuve que darle leche de fórmula. Ahí ves que todas las recomendaciones que dan, sobre lactancia hasta el año, no son realidad. Por que si trabajás fuera de la casa ya es difícil llegar a los 6 meses, imaginate el año. Estoy a favor de la lactancia materna, qué cuanto más tiempo le das el pecho, es mejor para suplir todas las necesidades nutricionales que requiere el bebé, pero es un objetivo difícil para las que trabajamos fuera de la casa. Con la más chica conseguí un saca leche y me sacaba leche en la oficina para tener más producción y que no se corte la lactancia. Igual, el otro tema es que no teníamos -ni yo ni mis compañeras- un lugar destinado a este procedimiento, así que teníamos que ir al baño o encerrarnos en alguna oficina. Igual, con todos los cuidados que tenía que tener para mantener la leche, logré no darle leche de fórmula hasta los 6 meses. Que eso no está mal, cada madre hace lo que puede. Está muy juzgado este tema y de la mujer que no puede darle, se siente mal pero es lo que uno puede. Ya no es como antes que las mujeres estaban en la casa, es muy diferente cuando trabajás afuera. 

¿Qué le decís a las mujeres que están dudando al elegir una carrera de ciencias?
Animo a las mujeres que hagan lo que quieren realmente estudiar. Para mí no existen carreras de hombres o de mujeres. Es lo que cada una siente placer por hacer. Creo que pocas mujeres estudian estas carreras porque existe un poco de prejuicios. Todavía hay ciertos mandatos. Parece que estamos en una sociedad más igualitaria -mucho mejor que la de nuestras abuelas- pero queda todavía un tipo de pensamiento sobre las carreras destinadas a hombres como ingeniería mecánica. Todavía la sociedad de alguna forma juzga esas elecciones e influye en ciertas personas. Igual mi ingeniería no es de las más duras, pero ingeniería al fin. También influye el incentivo que tienen desde niños, con los juguetes. Claro que cuesta, uno lo dice pero llegada la práctica, terminás con otras actitudes. 

 

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