Mujeres, en un mundo al revés

Parecía que nada más se podría a agregar a todo lo dicho respecto a las mujeres en esta fecha en la que siempre se recuerdan sus luchas y las cualidades que hicieron posibles sus conquistas a lo largo de la historia.
Parecía estar todo dicho y que este 8 de marzo sería una oportunidad más para recordar los acuerdos internacionales a los que llegamos tras innumerables conferencias, asambleas y convenciones desarrolladas en los cinco continentes. 
Acuerdos sobre derechos, igualdad, no discriminación ni violencia contra las mujeres, convenios sobre derechos políticos, laborales, jurídicos y civiles llevados a cabo por organismos tales como Naciones Unidas, la ONU o CEDAW, que le dieron consistencia a las luchas que millones de mujeres sostienen desde hace siglos. 
Parecía un 8 de marzo más, pero un hecho inesperado y sin precedentes irrumpió en la humanidad y la vida ha dejado de ser la misma desde marzo del 2020 hasta hoy. 
La pandemia del coronavirus nos obligó a cambiar el modo de combinar el trabajo, la familia, la vida social y la personal en espacios más estrechos donde muchas veces desaparecen los límites entre una actividad y otra. 
El trabajo, la escuela e incluso las terapias se han desarrollado -y se siguen haciendo- en un solo espacio: la casa. 
El mundo se puso al revés y adaptarse a ello es casi un instinto natural de conservación que requiere de cualidades que muy bien conocen las mujeres: tolerancia a la frustración, solución creativa a los problemas, capacidad de percibir las carencias y comunicación emocional. 
La forma, los estilos, los modos en que cada mujer ha logrado sostenerse a sí misma -y a los demás- en circunstancias inéditas y extremadamente adversas son un testimonio de la capacidad de reinventarse rápidamente y de llevar adelante esfuerzos de largo aliento.
Veamos si no, el papel de las mujeres antes de la Primera Guerra Mundial, relegadas a tareas domésticas o en el rol de esposas acompañando al marido en eventos sociales. 
Al estallar la guerra, gran parte de la población masculina fue reclutada y las mujeres se incorporaron de inmediato al mercado laboral. Lo hicieron no solo en el sector bancario, también se desempeñaron como obreras en las fábricas de armamentos y municiones, fueron conductoras de camiones o enfermeras. 
La mano femenina contribuyó al 40% de la producción y al mismo tiempo tenían, la mayoría de ellas, una familia que atender. Resiliencia, adaptación al cambio, aprendizaje y sobre todo una gran capacidad de realizar múltiples tareas y de distribuir tiempo y esfuerzo en ámbitos diferentes.
Hoy, tras estos duros meses de pandemia, a la mujer del siglo XXI le toca enfrentar otra batalla, y lo hace desplegando aquellas mismas habilidades surgidas de las entrañas del más profundo instinto de conservación.
La pandemia puso el mundo al revés y por eso hoy el homenaje a la mujer es distinto. 
Una de las mujeres más reconocidas de la historia terminaba así su discurso:
“Si la primera mujer que Dios creó fue lo suficientemente fuerte para poner ella sola el mundo del revés, ¡todas estas mujeres juntas pueden volver a ponerlo del derecho! Y ahora que ellas piden hacerlo, más les valdría a los hombres dejarlas que lo hicieran”. Sojourner Truth, mayo de 1851, en la Convención de Derechos de la Mujer, Ohio. 
Desde entonces transcurrieron 170 años y no fue en vano el esfuerzo de hacer un mundo más habitado por lo femenino, por la fortaleza de las cualidades femeninas.
 

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