Un hombre postrado necesita ayuda urgente para poder subsistir

Justo Ernesto Luna, de cuarenta y seis años de edad, se encuentra impedido de poder trabajar y desarrollar su vida de manera normal, producto de una enfermedad denominada neuromielitis óptica.

Cabe señalar que la neuromielitis óptica es un trastorno del sistema nervioso central que afecta principalmente los nervios del ojo y la médula espinal. No tiene cura, aunque la remisión a largo plazo a veces sea posible con el tratamiento adecuado. El tratamiento de la neuromielitis óptica implica terapias para revertir síntomas recientes y prevenir ataques futuros.

El hombre necesita para poder seguir subsistiendo acorde a su enfermedad, una cama ortopédica, una silla de ruedas en condiciones, porque la que está usando se encuentra rota y representa un peligro para él.

Desesperado por la situación, Justo Luna convocó a El Tribuno para contar su problemática a la espera de obtener una pronta solución de algún organismo.

"Cuando me diagnosticaron esta enfermedad, entre los primeros síntomas que tuve, fue que se cruzaba la vista cuando me daban ataques. También sufro de dolores intensos de cabeza y siento que me voy apagando de a poco", relató Luna.

El hombre además trabajó de remisero. De su anterior vida, recordó: "He sido un hombre muy sano. He trabajado en la empresa Techint bajo estrictos y rígidos controles médicos, los cuales los he pasado sin ningún problema".

"Pero desde hace ocho años que me operaron de una peritonitis, quedé muy mal. A partir de ahí empecé a perder la fuerza de mis manos y mis piernas. Siempre he trabajado y todo lo que tengo es fruto de mi trabajo", lamentó.

Contó que fue diagnosticado de neuromielitis óptica hace un año atrás. "Yo hasta mayo del año pasado apenas podía caminar, pero luego un día no me pude mover más. A raíz de eso estuve internado un mes entero en Salta, cuando me dieron el alta, ya no puede caminar, pararme ni hacer nada", expresó consternado.

Respecto a la medicación que necesita, el exremisero señaló: "Cuando me diagnosticaron la enfermedad, me dieron un medicamento que supuestamente tenía que usarlo de por vida, pero después consulté a un neurocirujano, al doctor Chuchuy, me dijo que ese remedio me hacía mal a largo plazo y me lo quitó".

Señaló que a causa de los anteriores medicamentos, al contener corticoides, sufrió un aumento excesivo de su cuerpo.

"Antes de tomar esos remedios pesaba setenta y dos kilos, ahora estoy arriba de los noventa y por este motivo le es muy difícil a mi señora poder atenderme y manejarme. Para hacer algún movimiento tengo que esperar que vengan mis hijos para que me ayuden".

"Siento mi cuerpo como si fuera un cuerpo muerto, los pies se me caen y no tengo control de nada", describió en cuanto a los estragos de la enfermedad.

Sin obra social

Al no tener tampoco obra social, no puede ni siquiera costear un tratamiento fisioterapéutico.

"Hace ya cuatro años que estoy sin poder trabajar y la verdad es que no tengo dinero para poder pagar un kinesiólogo", indicó.

Entre otras necesidades, manifestó la falta de un baño acondicionado a la discapacidad que padece.

"Cuando tengo que bañarme, mis hijos colocan una bolsa en una silla, de ahí me tienen que ramear a otra silla, y de ahí a la ducha".

"Hace unos días, cuando terminé de bañarme, pasé una pierna a la otra silla que estaba seca, me caí y gracias a Dios no me di el golpe con la cabeza, ese día estábamos con mi señora solos y me ayudó como pudo", recordó. Otra de las necesidades tiene que ver con el servicio de gas, ya que el hombre se baña con agua fría o calentada.

Baños

"Los médicos me dijeron que tengo que tener un baño acorde a mi discapacidad. Se supone que tengo que tener una bañera y darme baños con agua caliente, pero tengo la desgracia que no trabajo desde hace cuatro años y no tengo ni siquiera calefón a gas, y la verdad que el agua fría no ayuda a mi enfermedad".

"Muchos me dicen que vaya a darme baños al hotel Termas, pero no tengo dinero. Con qué voy a pagar los baños y el remís que me tendría que llevar".

En cuanto al dormitorio, expresó que “al ser casas de barrio, los dormitorios son muy pequeños, y si no están mis hijos, no puedo entrar a descansar, porque mi traslado implica que mis hijos tienen que cargarme y llevarme a la cama".
 

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