Los cuerpos y la época

El psicoanálisis es impensable sin el cuerpo. Freud, desde el comienzo lo afirmó a partir del cuerpo histérico, de los que encarnan en su cuerpo un sufrimiento inexplicable, y que representan un enigma no solo para ellos sino un desafío para el sa ber médico.

Desde el comienzo, se pone de relieve la disyunción organismo / cuerpo. Freud sitúa la causalidad de esos padecimientos histéricos: cegueras, parálisis, y otros, en ciertos pensamientos, fantasías, de los que el sujeto nada sabe, que escapan a su conciencia, y descubre así, el inconsciente en las palabras de sus pacientes.

El psicoanálisis vivifica el abordaje del cuerpo, desde lo clínico, lo epistémico y lo político. Construye preguntas y respuestas sobre la relación compleja y enigmática entre las palabras y los cuerpos, donde se juegan fuertes e imprevistos lazos, que nuestra escucha permite dar cuenta tanto de la experiencia como seres hablantes, como analizantes y como analistas. De esta relación nos habla la fenomenología del amor y de la sexualidad, o sea de los lazos entre el significante y el cuerpo, entre el significante y el goce. "En ese cuerpo -que no es solo lo orgánico- pasan cosas imprevistas..." nos dice J. A. Miller; tener un cuerpo, funciona como una superficie de inscripción, como una unidad; se lo tiene, no se es un cuerpo. Funciona como una suerte de caja de resonancias, una imagen virtual, una bolsa con orificios, todo eso y más, que nos protege de la fragmentación inicial, con la que nacemos. Nuestro cuerpo se construye a partir de las palabras, y por esto tiene cierta exterioridad, extranjeridad, y muchas veces nos "levanta campamento". No nacemos con un cuerpo, surge a partir de las experiencias, como nuestra subjetividad.

El cuerpo, para el psicoanálisis, es como un parlante, como el lugar donde se escucha lo que se dice, y lo que se dice desde Otro lugar que está en nosotros. Es cuerpo parlante, dado que no es el cuerpo el que propiamente habla, eso es lo que creemos, que el cuerpo habla, más aún, a veces decimos que nos habla. El cuerpo más bien es un amplificador. Es el sujeto quien habla, que habla con el cuerpo y se escucha por el parlante. Es como decir que el cerebro piensa, cuando en realidad más bien pensamos con el cerebro, como hablamos con el cuerpo.

En el cuerpo se pueden hacer inscripciones, que llegan a darnos cierta idea de identidad, es decir que somos eso; según el uso que se le da al cuerpo como inscripción, como marca, se pueden encarnar distintos semblantes: de belleza, de sufrimiento, de pertenencia a una tribu urbana (dark, emo), travestismo, etc. Estas inscripciones, dan cuenta de la época, de los discursos imperantes, con sus concepciones, valores, ideales, prejuicios que la atraviesan. Resuenan, afectan los cuerpos, los lazos sociales, las subjetividades, las instituciones de la cul tura.

Asistimos a una época donde triunfa el capitalismo globalizado, en su alianza con la tecnología. Esta alianza, ha modificado radicalmente las estructuras tradicionales y las categorías sociales de las experiencias humanas, incluso la vida privada, íntima de los sujetos. Para dar ejemplos: en el orden de la reproducción (con los avances de la fertilización asistida), lo atinente a la sexualidad, a la familia y a la legislación sobre las cuestiones de sexo y de género.

Lo contemporáneo nos ayuda a reflexionar con más claridad esta compleja relación entre el lenguaje y los cuerpos. Época, un tiempo, un período temporal que lo definimos por los hechos sucedidos. Espacio de tiempo, enmarcado por lo cultural, económico y político.

En la actualidad ya no reina más la represión victoriana, que dio origen al psicoanálisis freudiano. Recorremos una época permisiva y una reivindicación del derecho a gozar, un empuje al goce, una exaltación de los modos de gozar, en relación inversa a la declinación del Otro de la tradición, de las ideologías, de los valores anteriores.

Al mismo tiempo vemos el surgimiento de una serie de síntomas, contemporáneos o actuales: femicidio, diversas adicciones, anorexia, bulimia, cortes en el cuerpo, acoso escolar, y podemos seguir. Paralelamente se proponen nuevas y continuas categorías de víctimas, intentando clasificar, acotar y quizás, fallidamente controlar estas formas de goce desregulado.

Las tecnociencias impulsan la producción constante y siempre nueva de objetos que modifican la cotidianidad, generando una búsqueda de lo nuevo, localizada en los diferentes gadgets. La industria pornográfica, que acumula millones de dólares al año, que se distribuye por internet, presenta a la sexualidad transformada en espectáculo, mostrando una sexualidad sin límites, comercializada, donde el factor dinero, suple la dimensión subjetiva. A través de cualquier dispositivo, al alcance de todos, la satisfacción directa del consumidor con solo visitar los portales pornográficos, que en su mayoría está bajo el dominio de multinacionales.

El psicoanálisis, despierto a las coordenadas de la época, atiende lo singular del sufrimiento humano, sabiendo que cada uno inventa con sus recursos las respuestas posibles al malestar de la época. Además, y en cada situación, se incluye en lo social, orientándose e interviniendo en el devenir ciudadano.

* Analista practicante de la Escuela de la Orientación Lacaniana y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Docente del CID Salta

 

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