La historia de Rocío del Valle Atrio está vinculada a Salta. Si bien ella es correntina, decidió hace algún tiempo que su vida esté ligada a estas tierras. Pero el recorrido es largo así que se invita a desandarlo.
Ella es una médica dermatóloga especialista en medicina estética y láser que atiende en un consultorio de la calle Leguizamón.
Blanco, muy blanco, transparente, armonioso, con madera y verde, con sombreros en las paredes y bossa nova en el aire; transforma el ambiente en cálido. No es como cualquier otro consultorio médico.
Ella ingresó muy joven a la Universidad Nacional del Nordeste de donde egresó como médica. Luego se trasladó a Buenos Aires en donde trabajó en el Servicio de Emergencias del Tigre. Luego se fue a trabajar a España, en el Hospital Universitario Vall d‘Hebrón, en la ciudad de Barcelona, en donde llegó a trabajar un año en medicina clínica.
Ese periplo de experiencias siguió en Buenos Aires en donde se dedicó a realizar su posgrado en medicina estética, de la UBA, mientras trabajaba en el hospital de Vicente López. Allí pudo acceder a diferentes capacitaciones en medicina ortomolecular, nutrición y láser. Más o menos se definió su particular forma de trabajo. “Yo veo a un paciente desde la integridad, no puedo ver sólo la piel. Todo tiene que ver con nuestra salud integral, cómo comemos, nuestras costumbres, nuestras rutinas, la actividad física. Entonces yo me tomo un buen tiempo de charla con cada uno de mis pacientes y eso es muy bueno”, dijo Rocío.


En 2014 comenzó a trabajar en el Centro Médico B&S. “En ese centro médico comencé a trabajar con las personalidades, con gente famosa”, dijo riendo. Ya llevaba un ritmo de vida laboral porteño, con sólo algunos domingos de descanso por mes.
Por esos tiempos conoció a un porteño, que se llama Julián, con quien luego tuvieron a una nena que se llama Sofía y que ahora tiene 3 años. En ese momento hubo un “click” en sus vidas.
Rocío viene de una familia de tres hermanos: Jerónimo, Gastón y ella, que es la más chica. En su historia familiar, Jerónimo fue el primero que se vino a Salta y Rocío venía a visitarlo desde muy chica. Allí se encontró con un espacio, pero aún no lo sabía muy bien. El acelerador de todo el proceso fue Sofía. Su mamá se llama Elisa y estuvo siempre al pie del cañon, en Buenos Aires, para cuando nació Sofía. Elisa fue una de las que impulsó la mudanza cuando Sofía tenía 6 meses. 
“Yo no quería que nuestra hija se críe en Buenos Aires por los ritmos de trabajo nuestro, porque mi mamá se venía a Salta, porque acá está mi hermano, porque siempre vinimos desde muy chicos, porque a Julián también le gustó mucho, porque es el equilibrio justo: ni tan chica como Corrientes ni tan grande como Buenos Aires”, argumentó.
Elisa se vino a Salta y buscó una casa cerca. Las abuelas tienen esa magia que las lleva a conseguir cosas imposible.

 

Para la agenda

Rocío Atrio atiende con todas las obras sociales, en Leguizamón 979, piso 1 oficina B, de lunes a viernes, de 9 a 19. Por consulta llamar al 0387 155687906 / 2439787. Se puede visitar su Instragram @dra.rocioatrio.

 


“Cuando Sofía tenía 6 meses nos vinimos a vivir a Salta y hoy estamos muy felices. Los que somos del interior tenemos algunas costumbres que no queremos abandonar nunca porque nos hacen como persona. Tener una casa con verde, salir un fin de semana al campo, disfrutar de los ritmos no acelerados de vivir, salir de noche tranquilos; todas esas cuestiones que parecen insignificantes son las que nos definen la vida. Yo por ahora no me imagino otra vida para mi hija que no sea fuera de Salta. El tiempo lo dirá luego, pero hoy elegimos Salta”, dijo la doctora de la piel.
“Sin embargo yo no me olvido de mi Corrientes. Julián dice que yo tengo payé, que es ese embrujo por mi tierra, por mis costumbres, por el dorado a la parrilla con roquefort que me hacía mi papá”, dice entre lágrimas. “¡Yo fui comparsera!”, recuerda a las carcajadas. Los recuerdos son eso, amalgama de risas y llantos.
“Yo fui de Sapuquines y Copacabanitos. Luego fui de Sapucay y Copacabana. Llevo el Carnaval en la sangre y, cada vez que escucho samba, me pongo a danzar en donde sea”, aseguró.

“No somos sólo piel”

Para Rocío del Valle Atrio, alrededor de la medicina estética se entretejen prejuicios que hay que desmontar. Está convencida de que la atención integral cambia la perspectiva y que los pacientes tienen que dejar de ser solo piel.
“Yo tengo la idea de atender las problemáticas de la piel de manera natural. Es por eso que los tratamientos son de manera integral, porque somos lo que comemos, lo que hacemos en el día a día, lo que sentimos”, señaló.
También describió que muchos a cierta edad comienzan a pedir “rellenos” para atenuar marcas en la cada, pero que ella prefiere pensar en la calidad. “Si mejoramos determinadas conductas, rutinas y consumos podemos tender a mejorar piel de manera natural, más armónica”, aseguró.
 

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