Una ciudad partida en dos en el  cuarto día de confinamiento

Salta capital se encuentra entre los nueve departamentos de la provincia con alto riesgo epidemiológico donde rige desde el domingo pasado el confinamiento decretado por Nación. Durante el fin de semana "extra large" se vio un movimiento reducido en las calles de la ciudad. Ayer, en el primer día hábil de esta nueva cuarentena, hubo locales abiertos, aunque la circulación era acotada en los alrededores de la plaza 9 de Julio. En distintos sectores del macrocentro, sin embargo, el movimiento parecía casi el de un día habitual.

En el esquema vigente hasta el 30 de mayo solo pueden abrir hasta las 18 los que venden artículos esenciales y los demás deben trabajar a puertas cerradas.

Cerca de un 10% de los negocios del microcentro salteño abrió ayer a la mañana. Había poca gente caminando en ese sector, rodeado por retenes policiales. Los efectivos solicitaban los permisos de circulación y verificaban que la gente que quería pasar viviera a pocas cuadras de distancia, ya que solo está permitido salir a los negocios más cercanos al domicilio. Las peatonales Alberdi y Florida estaban valladas en sus accesos por Caseros y San Martín.

En un recorrido que realizó El Tribuno durante la mañana se pudo observar que decidieron abrir, pese a las restricciones, propietarios de negocios de ropa, calzado, celulares o joyería, además de los esenciales, como farmacias y quienes venden alimentos.

Comerciantes consultados por este medio afirmaron que tomaron la decisión de atender "porque la situación no da para más". Eso sí, aclararon que lo hacen bajo la modalidad "take away", es decir, sin permanencia de público en sus instalaciones, especialmente cafeterías y locales gastronómicos.

En los negocios de ropa y de calzado expresaron que levantaron las persianas con delivery o entrega a domicilio y que las ventas las realizaban por las redes sociales. En la totalidad de los comercios consultados expresaron que la situación de ahogo es generalizada y que necesitan trabajar.

"Hoy decidí abrir el local porque mi situación no da para más. La mayoría de las clientas están en las redes sociales, así que estamos viendo si las podemos tentar. A raíz de este confinamiento, los dueños decidieron poner un 35 por ciento de descuento para los que compren por la web. Espero hacer dos o tres ventas por día y que eso ayude a pagar los sueldos o los impuestos. Todo suma", expresó la encargada de una reconocida marca de ropa en la peatonal Alberdi.

En la zona se podían ver locales comerciales con sus puertas a medio abrir o con una mesa o cadena en la entrada para impedir el acceso al público. Los pocos que se animaron a desafiar al decreto nacional y atender normalmente aseguraron que no iban a cerrar hasta que la Policía los obligue.

"Si no trabajo, no puedo mantener mi negocio ni pagar a mis empleados. Mi situación es extrema, por eso decidí abrir. Tengo al 50 por ciento del personal porque sabemos que la cantidad de clientes va a ser poca", expresó el dueño de una importante zapatería.

La queja generalizada pasaba por lo estricto de la medida. Muchos no comprenden por qué se pasó a un confinamiento riguroso después de semanas en las que se vio un relajamiento generalizado.

"No entiendo por qué nos mandaron a cerrar nuevamente. La verdad no sé por qué no pusieron medidas un poco más laxas, restringiendo de a poco la circulación y, si no funcionaba, recién ir a un confinamiento. ¿Por qué no pusieron las restricciones por DNI? ¿Por qué no acortaron el horario de atención? ¿Por qué no hicieron antes esas cosas en vez de cerrarnos?", preguntó un comerciante de la peatonal Florida.

La circulación de gente era muy escasa en el microcentro y bastante fluida en las zonas más alejadas de la plaza 9 de Julio. Algunos se aventuraron a dar un número y aseguraban que, por las peatonales, no hubo más de un 5 % del movimiento habitual.

Tampoco hubo manteros. Los únicos ambulantes eran los tradicionales pochocleros, además de algunos vendedores de barbijos y máscaras faciales. La plaza 9 de Julio permaneció vacía.

Ya en el macrocentro, el paisaje cambiaba progresivamente. A mayor distancia del centro, el movimiento vehicular iba creciendo, como así también la cantidad de comercios abiertos.

Durante la mañana, la diferencia fue notoria: la ciudad parecía partida en dos. En las calles del microcentro el cierre fue casi total mientras que en las afueras se vio otro escenario y en algunas cuadras la circulación era casi normal.

El comentario más escuchado fue que la situación económica, en una de las provincias más pobres del país, deja poco lugar para restricciones tan rígidas.

 

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